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Opinión / Editorial

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EDITORIAL: El gran triunfo de Cuba

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Por Dirección de CLARIDAD

Publicado: martes, 28 de julio de 2015

Desde que la revolución triunfó en Cuba en 1959, sus enemigos han venido pronosticando su caída. Se tejieron muchas conjeturas acerca de cuánto tiempo duraría el “experimento socialista” de los revolucionarios que partieron de México en un modesto yate llamado Granma, y desembarcaron en la costa oriental de Cuba; protagonizando una gesta sin par que ha tenido inmensas repercusiones en toda América y el mundo.

Desde que el gobierno de Estados Unidos rompió relaciones con Cuba en el 1961, los enemigos de Cuba apostaron al inminente desenlace que deseaban: tumbar el gobierno dirigido por el Comandante Fidel Castro Ruz y devolver a Cuba a lo que había sido antes de la Revolución: una plaza de explotación para el capital extranjero, principalmente norteamericano, y un antro de mafiosos y corruptos en todos los órdenes, que campeaban por sus respetos lucrándose de toda suerte de actividades, y sumiendo al pueblo cubano en la miseria y la desesperanza. Para lograr su objetivo, desataron las peores agresiones: una invasión militar; continuos vuelos de vigilancia aérea; ataques terroristas contra objetivos cubanos; cientos de intentos de asesinar a Fidel; promoción de la inestabilidad interna; obstáculos por la vía diplomática; presión, chantaje e intimidación para impedir que otros países se acercaran a Cuba, y la más feroz campaña de desinformación y asesinato de reputaciones, entre otras, culminando con un criminal bloqueo económico y comercial que pretendió convertir a Cuba en un paria internacional y poner de rodillas a su gobierno.

Todos estos pronósticos fallaron porque el pueblo de Cuba nunca estuvo dispuesto a entregar sus conquistas revolucionarias, manteniéndose firme al lado de Fidel, de su Revolución y de su gobierno durante estos 54 años. En este contexto, el pasado 20 de julio, con el izamiento de la bandera cubana en lo que es ahora la sede de su embajada en Washington, se logró el inicio formal del proceso de normalización de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, que había sido anunciado por sus presidentes el año pasado. Próximamente, y con la presencia del secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se hará la ceremonia formal de apertura de la embajada estadounidense en La Habana.

Así abre un nuevo capítulo en la historia de ambos países, construido sobre el triunfo de Cuba y la derrota de todos los intentos de Estados Unidos y los peores elementos del exilio cubano por hacerla fracasar. A decir verdad, entre Cuba y Estados Unidos nunca hubo antes relaciones diplomáticas de igual a igual. Desde el fin de la Guerra Hispanoamericana, Estados Unidos trató a Cuba como un peón; una neocolonia para explotarse a gusto y gana. Por eso, cuando el Gobierno Revolucionario y su líder Fidel Castro Ruz empezaron a exigirles respeto y a actuar conforme a los verdaderos intereses de su pueblo, es que Estados Unidos determinó romper relaciones con Cuba. Ahora, las reglas del juego para esta nueva etapa de relaciones son otras porque existe una Cuba que Estados Unidos se verá obligado a respetar porque ha demostrado que no es peón ni colonia de nadie.

Con heroísmo, Cuba demostró que no necesitó del Gobierno de Estados Unidos para obtener logros extraordinarios, los cuales fueron posibles por la integridad de su proceso revolucionario y una alianza cercana con su pueblo mediante la creación de formidables sistemas de salud y educación, entre otros. A pesar de haber estado sola y asediada durante décadas -particularmente en el período más difícil tras la caída de la Unión Soviética- Cuba jamás se quejó ni renunció a sus conquistas y su soberanía.

Pero el gobierno y el pueblo de Cuba no sólo piensan en sus propios problemas, sino que extienden la mano cuando otros necesitan ayuda, alzándose sobre sus carencias y dificultades y convirtiéndose en ejemplo mundial de una vocación solidaria hasta el sacrificio. Así lo han demostrado una y otra vez con sus médicos y salubristas, como en la reciente campaña contra el ébola; con sus maestros, en campañas masivas de alfabetización en diferentes países; con sus trabajadores del arte, la cultura y el deporte, abriendo solidariamente espacios para otros, y con la gran cuota de sangre cubana en Asia, África y América Latina en defensa de la independencia y la soberanía de sus pueblos.

En América Latina, Cuba y su gobierno han sido un faro en el resurgir de nuestra región como área de desarrollo y crecimiento, contribuyendo al establecimiento de importantes organismos regionales que apuntalan la soberanía de nuestros pueblos, como el ALBA, la CELAC, el Mercosur y el Unasur. A su vez, esto ha representado un golpe a la política de aislamiento del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

En su solidaridad con Puerto Rico, Cuba y su gobierno no han tenido límites, incluso pagando un alto precio por enfrentarse a Estados Unidos en defensa del derecho de nuestro pueblo a su autodeterminación e independencia, y por la excarcelación de nuestros prisioneros políticos. Cuba y su dirigencia, encabezada por sus máximos líderes, Fidel y Raúl, han mantenido incólume ese respaldo a través del tiempo, convirtiéndose en portavoz de nuestro reclamo independentista en foros internacionales y facilitando de muchas maneras que otros pueblos de América Latina y el mundo también nos respalden.

El proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos no estará exento de riesgos para Cuba y sus propios dirigentes así lo reconocen. Por eso, el presidente Raúl Castro ha hecho claro qué espera de esta nueva situación, estableciendo varios reclamos: que se levante unilateralmente el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba; que se les devuelvan los terrenos de la Base de Guantánamo; que cesen las actividades de promoción y financiamiento de la llamada “disidencia interna”, y que se respeten las decisiones soberanas de su pueblo.

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, respaldamos los justos reclamos que hace el Presidente de Cuba, en nombre de su pueblo, y celebramos, junto al heroico y hermano pueblo, este histórico triunfo de su dignidad.

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