Opinión / Cooperativismo

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El hábito no hace al monje…

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Por Mildred Santiago Ortiz

Publicado: martes, 22 de abril de 2014

El tema de las marcas cooperativas causó sorpresa a muchos que desconocían que productos que consumían con frecuencia eran elaborados por empresas cooperativas. Por limitaciones de espacio en aquel momento dos marcas cooperativas importantes se quedaron sin mencionar: Cabot y Organic Valley. Esa omisión involuntaria impone el retorno al tema para conocer a estas cooperativas de productores y a rehacer una abstracción necesaria sobre las marcas cooperativas. Pero antes que todo, una corrección más que ineludible sobre la Cooperativa Orgánica Madre Tierra. Los mercados en la Placita de la urbanización Roosevelt son los primeros y terceros domingos de mes, no los segundos y cuartos, como reseñamos anteriormente. Para reparar el error, aquí van las fechas de los próximos domingos: 4 y 18 de mayo.

De regreso a las góndolas del mercado de preferencia se encuentran unos productos lácteos de excelente calidad, los marca Cabot. La mantequilla y el queso son los más conocidos y provienen de una cooperativa que se originó para principios del siglo XX. Los costos de producción y mantenimiento de una finca agrícola eran bajos y había exceso de producción de leche. Eso motivó en el 1919 a un grupo de agricultores de la región de Cabot, en Nueva Inglaterra, Estados Unidos, a organizarse. Comenzaron con la elaboración de mantequilla para no perder la producción de leche. Noventa y cuatro productores se unieron y comenzaron a producir el producto bajo la marca Rosedale. Luego en el 1930 comenzaron la producción de quesos. Para la década del ’80 ya estaban en el mercado con la marca Cabot. En la actualidad la cooperativa, los dueños, son los propietarios de 1,200 productores que están ubicados en Nueva York y Nueva Inglaterra. Tienen cuatro plantas en tres estados distintos y emplean a más de mil personas. Han ampliado su línea de productos que han sido premiados por la excelente calidad.

De otra parte, Organic Valley se originó bajo el nombre de CROPP, Coulee Region Organic Produce Pool Cooperative. Este colectivo estaba constituido por familias de agricultores del suroeste del estado de Wisconsin que producían vegetales y productos lácteos. La necesidad entre los agricultores de unirse en un momento en que las grandes corporaciones hacían su agosto, pues desde el 1960 y aprovechando la crisis venían quedándose con las fincas de muchos de ellos. Ésa fue la chispa. En el 1988 decidieron unirse de forma cooperativa con un compromiso firme con la calidad, la producción orgánica, el compromiso con el ambiente y la sustentabilidad. Hoy representan a 1,834 productores de agricultura orgánica organizados de forma cooperativa produciendo lácteos, soya, huevos y carnes. Sus productos son mercadeados internacionalmente y en el 2013 sus ventas ascendieron a $929 millones.

Estas dos cooperativas provocan unos comentarios adicionales que son mandatorios. La marca cooperativa supone un compromiso con los valores y principios. Sin embargo, la cooperativa puede resaltar la palabra COOPERATIVA o no, incluso puede llevar los símbolos del cooperativismo en su logo y promociones y no necesariamente tener una práctica cónsona con la identidad cooperativa. De hecho, una de las mencionadas en un artículo anterior, Land O Lakes, ha sido imputada de utilizar semillas producidas por Monsanto para la producción de alfafa. Por las redes sociales se desarrolla una campaña en la cual destacan una alianza entre Monsanto y una subsidiaria de Land o Lakes llamada Forage Genetics International.

En el caso de Cabot destacan su orgullo por sus programas comunitarios de servicios voluntarios en diversas áreas. Organic Valley no se queda atrás y proclaman que la razón principal de su origen está en proteger la salud y el ambiente trabajando por el desarrollo económico y la sustentabilidad. Rechazan la normativa de la Food and Drug Administration que avala la clonación de animales y de igual manera respaldan otras prácticas de responsabilidad social como es el rechazo a la riqueza y ganancias si no se producen en armonía con la naturaleza, el ambiente y un entorno para futuras generaciones.

El hábito no hace al monje, reza el refrán, expresión obligada para resaltar estas dos cooperativas que se destacan por el ejercicio de su responsabilidad social con el entorno.

* La autora es líder cooperativista.

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