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Trump no ayuda a su “Internacional”

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Por Manuel de J. González

Publicado: martes, 14 de febrero de 2017

Mientras que en Gran Bretaña el presidente de la Cámara de los Comunes se adelantaba a anunciar su oposición a que Donald Trump sea invitado a hablar en el icónico Westminster Hall, en España se anunciaba que el presidente Mariano Rajoy, en conversación con el estadounidense, se había ofrecido a ser “su interlocutor” con la Unión Europea y América Latina. Estas dos posiciones, obviamente opuestas, resumen las reacciones que la administración de Trump está teniendo en Europa donde unos, como Rajoy, tratan de acomodarse y hasta de buscar beneficios, y otros se adelantan a expresar el rechazo a sus políticas. Sin embargo, la reacción que expresa rechazo a las políticas del magnate, ha sido la dominante.

La declaración sorprendentemente pública del oficial británico se produce antes del posible viaje de Trump al Reino Unido, a donde fue invitado por la primera ministra Theresa May durante el reciente viaje de ésta a Estados Unidos. La invitación de inmediato causó furor y, aunque no ha sido oficialmente aceptada ni tiene fecha, casi dos millones de personas firmaron una petición solicitando su cancelación. Ese retiro difícilmente ocurra, dada la histórica relación que existe entre británicos y estadounidenses, pero la postura del presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, un miembro del mismo sector conservador al que pertenece la primera ministra, indica que si la visita se produce será tumultuosa. Al anuncio de Bercow se unió una petición suscrita por 163 diputados solicitando que el Parlamento no acepte recibir a Trump. 

El Westminster Hall es un histórico edificio que alberga a las dos cámaras del Parlamento británico. Pronunciar un discurso en su gran salón implica un reconocimiento especial que han recibido, entre otros, Barack Obama y Nelson Mandela. A la mayoría de los británicos, particularmente los londinenses que recientemente eligieron un alcalde musulmán, les sería ofensivo darle ese nivel a alguien como Trump. 

Entre el pueblo español, que tiene aún fresca la experiencia del fascismo franquista, las políticas de Trump generan igual o mayor protesta según se ve en su prensa. Recientemente, mientras se celebraba en Estados Unidos la marcha de las mujeres contra las políticas del nuevo presidente, en las principales ciudades españolas se efectuaron manifestaciones similares. Por eso la postura de Rajoy causó tanto revuelo, al grado de que un líder del Partido Socialista le imputó haberse ofrecido a actuar como mayordomo del estadounidense. 

La manera como Trump ha iniciado su presidencia, queriendo implantar a la trágala sus políticas más extremas, no parece estar ayudando a los movimientos derechistas europeos que, antes del triunfo del magnate, se proyectaban como posibles ganadores en Francia y Holanda, entre otros países. La vulgaridad, los desplantes y el continuo antagonismo del nuevo morador de la Casa Blanca no caen bien en una Europa donde el civismo y el comportamiento político correcto se han impuesto desde hace décadas. Aun cuando allí el rechazo a los inmigrantes ha crecido, las políticas a rajatablas de Trump, preocupan. Además, la posibilidad de que Estados Unidos se mueva hacia una política económica contraria al libre comercio, tendría un impacto negativo importante sobre las economías europeas en las que la exportación tiene una función determinante. Las grandes empresas, que con sus aportaciones deciden mucho en el campo electoral, están obviamente preocupadas. 

Esta nueva tendencia ya tuvo una manifestación política en Alemania donde el candidato socialdemócrata, Frank-Walter Steinmeier, ganó la presidencia, un cargo mayormente ceremonial, pero muy visible. Aunque el avance de la extrema derecha, impulsada por el odio a los inmigrantes sigue preocupando, parece que en las próximas elecciones la mayor oposición a Ángela Merkel vendrá desde la izquierda.

Nadie espera que las actuaciones de Trump, en forma y contenido, varíen en los próximos meses ni que el ambiente de confrontación que se vive en Estados Unidos pueda moderarse. De ser así, el efecto sobre la “Internacional Trumpista” de la que hablé la semana pasada, integrada por movimientos políticos europeos con posibilidades reales de triunfo, será negativo. Al menos así ha sido durante el primer mes de su mandato donde se ha enfrentado a México, a Australila, a los tribunales y a muchos más.

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