Se acabó el desespero

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En torno a la propuesta de Aníbal Acevedo Vilá

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Por Noel Colón Martínez

Publicado: martes, 19 de agosto de 2014

Aníbal Acevedo Vilá hace, sin duda alguna, una aportación importante al debate político e ideológico del Partido Popular con su breve libro, que tanto comentario ha suscitado en Puerto Rico. Influido, indudablemente, por el resultado del plebiscito celebrado en noviembre de 2012, Acevedo Vilá reconoce finalmente que la naturaleza de las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos es territorial, en lenguaje norteamericano, y para nosotros colonial, en lenguaje del derecho internacional. Ése constituye un reconocimiento que da al traste con toda la historia del llamado estado libre asociado que se ha sostenido resaltando que en 1952 se creó una nueva relación política entre Estados Unidos y Puerto Rico. Aníbal no es independentista y su escrito no está dirigido a nosotros. Aníbal antes y después del escrito continúa siendo estadolibrista y su propósito es unir al PPD detrás de su propuesta para inmediatamente presentar sus ideas a los adversarios de la estadidad pero tampoco afines al PPD o al ELA tradicional para, una vez logrado un consenso sobre los fundamentos económicos, movernos a aceptar los fundamentos jurídicos. Se aspira a refundar económicamente a Puerto Rico y refundar el ELA.

Con toda la consideración personal que le tengo a Aníbal, además del reconocimiento que merece su rectificación ideológica, debo hacerme unas preguntas y ofrecer lo que entiendo serían las contestaciones. ¿Por qué ahora reconocer que el ELA es de naturaleza territorial cuando el hecho ha sido palmario durante más de sesenta años? Entiendo que la contestación la encontramos en el resultado del plebiscito de noviembre de 2012. ¿Por qué darle una nueva categoría de asunto urgente al tema de la economía? Entiendo que porque llegamos al límite de la insolvencia, porque la economía que le correspondía cuidar a los gobiernos anteriores nos llevaron a la chatarra.

Sé que Aníbal y todos los exgobernadores saben que la economía y la política están inextricablemente unidas. Pero en nuestro país una economía de préstamos, sin productividad, se puso al servicio de una política dominada por la partidocracia electorera, hasta que llegamos donde estamos. ¿Por qué hacerle una propuesta al PPD y no una propuesta al país? Creo que el PPD carece en estos momentos de la credibilidad necesaria para aglutinar los sectores a los cuales se dirige el planteamiento de Acevedo Vilá. ¿Por qué se ignoran los serios planteamientos de ruptura de Willie Miranda Marín en vista de la fuerza de la derecha en el PPD? Esos planteamientos serios que hiciera Miranda Marín al liderato del PPD fueron muy rápidamente olvidados luego de su fallecimiento, hasta el punto que las ideas del programa que el con esfuerzo le entregó al PPD para las elecciones del 2008 fueron prontamente repudiadas.

¿Si se quiere crear un sólido consenso de soberanistas con exclusión de los estadistas, como pretende el libro, por qué no retomar la promesa programática del PPD sobre la necesidad de convocar una Asamblea Constitucional de Estatus? El planteamiento económico que hace Acevedo Vilá en su libro tiene indudables méritos, pero me pregunto, ¿la ACE es un mecanismo para discutir asuntos políticos nada más o económicos nada más? ¿O se trata de atender la diversidad de asuntos (economía, política, sociedad, ambiente, cultura, derechos humanos, etc.) que atañen a las anormales relaciones actuales que impone el colonialismo? ¿Puede ser una propuesta de partido más fuerte que las propuestas que puedan emanar de una ACE democráticamente constituida y representando la voluntad del país y no de alguno de sus partidos? ¿No han sido precisamente las propuestas de partido las que han sido consistentemente ignoradas porque son simultáneamente impugnadas por los partidos opositores?

En el caso de una propuesta planteada por el PPD en este momento, debemos razonablemente esperar que el PNP, que tiene ante el Congreso una propuesta diametralmente distinta, realice toda gestión necesaria para impedir su desarrollo, sobre todo por la confusión que plantea que funcionarios afiliados al Partido Demócrata estén tratando de lograr apoyo de un presidente en retirada con planteamientos antagónicos. La administración de ese Presidente está, en este momento, en los tribunales reafirmando la ciudadanía de Estados Unidos como un mero privilegio que concede el Congreso en el caso de los territorios no incorporados. La propuesta de Acevedo Vilá parte de la premisa -y ése es el mensaje que se le trasmite al país- que la ciudadanía es algo inamovible, seguro, protegido e intocable. En tanto privilegio del Congreso, las especulaciones abundan pues en Estados Unidos constitucionalistas muy reconocidos insisten en el carácter estatutario de esa ciudadanía y, por lo tanto, vulnerable y sujeta, aun, a debates jurídicos que tendrán que ser eventualmente resueltos por tribunales federales, los que a su vez han demostrado gran deferencia por la actuación del Congreso.

He dicho en una columna anterior que la existencia de la cláusula de territorios de la Constitución de Estados Unidos es la frontera que identifica la crisis ideológica del PPD. No tengo enteramente claro si Acevedo Vilá está dispuesto a cruzar esa frontera. Él afirma en su propuesta que interesa crear un nuevo pacto, pero no afirma que la relación final debe estar sustentada en un tratado, como sería necesario para dejar evidenciado el contenido de soberanía en ese proceso de refundación política.

El destino de Puerto Rico es constituirse en un país independiente, fuerte y vigoroso, ahora en el conjunto solidario de caribeños, centroamericanos y latinoamericanos del cono sur. Ése tiene que ser nuestro norte. Los que den pasos afirmativos que afirmen de algún modo ese camino no son nuestros adversarios, pero debemos entender que la asimetría nos impide negociar con la arrogancia norteamericana. La única manera de disminuir la importancia de esa asimetría es la unidad del pueblo. El mecanismo de Asamblea Constitucional de Estatus es el método, el mecanismo procesal que puede emprender una verdadera, amplia y profunda negociación que nos saque de esta denigrante relación. Es posible que Acevedo Vilá termine su proceso de consultas convenciéndose de que la refundación económica y política se puede dar con mayor legitimidad y participación democrática en la Asamblea Constitucional de Estatus. Si Estados Unidos no la promueve es porque conviene más a los mejores intereses de nuestro pueblo.

Me pregunto por qué Acevedo Vilá no la promueve y por qué separar el estatus de la situación económica. “Más que una propuesta de estatus, ésta es una propuesta de desarrollo económico y social para Puerto Rico” se asegura en el texto. Afirmaciones de esa naturaleza nos obligan a señalar que el estatus bien entendido es el Congreso de Estados Unidos. El estatus es el poder congresional sobre Puerto Rico y el desvalimiento de nuestro país frente a ese poder. Pero ése no es un mero poder político, es fundamentalmente un problema de control y avasallamiento económico. Es el poder que no nos permite crecer y diversificar las enormes capacidades de nuestro país. Es el poder que nos ningunea y nos aísla, nos restringe y nos explota con su enorme enclave económico y con los instrumentos que crea para protegerlos.

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