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CLARIDADES: El ajusticiamiento del Coronel Riggs

Publicado: martes, 14 de febrero de 2017

Nacionalistas de la década del 1930 han comentado que había varios comandos con la encomienda de ejecutar a Riggs en retaliación por las muertes en la Masacre de Río Piedras. Pero no hemos podido comprobar la veracidad de dicho comentario. Sí queda claro para la historia que fue el comando que componían Elías Beauchamp e Hiram Rosado el que ejecutó el magnicidio.

Ese domingo 23 de febrero de 1936, el comando compuesto por los jóvenes nacionalistas Hiram Rosado y Elías Beauchamp fue al Viejo San Juan a dar fiel cumplimiento al juramento que habían hecho en el entierro de sus compañeros nacionalistas asesinados por la Policía en Río Piedras el 24 de octubre de 1935. El plan nacionalista era vengar las muertes en la persona del propio jefe de la Policía, a quien se responsabilizaba de haber ordenado la masacre y para que dicho crimen no quedara impune.

Hiram Rosado se apostó cerca del mediodía frente a la imprenta “Romero y del Valle” en la Calle Allen (hoy Fortaleza) en la esquina del Callejón del Gámbaro.

El chofer del Coronel Riggs, el policía Ángel Álvarez, tomó esa ruta  (la Calle Allen) de regreso a la residencia de su jefe en El Escambrón luego de éste asistir a misa. Ese domingo, Riggs iba en el asiento delantero de su automóvil marca Packard, tablilla G.I. L1, entilo abierto. Al llegar a la esquina de la Calle Allen y Callejón del Gámbaro, a un bloque de distancia del Teatro Municipal, Rosado le salió al paso disparándole dos veces con una pistola. Álvarez avisó a gritos al policía de turno frente al Teatro Municipal para que persiguiera a Rosado.

El conductor Riggs dobló a la derecha por la calle del Teatro Municipal (hoy Tapia) y acelerando la marcha logró ver que Rosado corría con la pistola en la mano y que abordó como pasajero un automóvil rojo de servicio público, que conducía quien luego fuera identificado como Quintín Sánchez, que pasaba por el lugar.

Detuvo su carro en medio de la calle y se abalanzó sobre el carro de Sánchez, logrando detenerlo, procediendo a arrestar a Rosado. Mientras lo detenía, se acercó al carro de Riggs el joven nacionalista Elías Beauchamp. Riggs estaba hablando con un testigo del atentado, Rafael Andréu. Beauchamp, impecablemente vestido de blanco, no levantó sospechas de Riggs y, acercándose a éste, le dijo: “Yo lo ví, Coronel, yo lo ví”. Otros Policías habían llegado al lugar y procedieron a conducir a Rosado al Cuartel de la Policía en la Calle San Francisco. Al momento de Riggs abordar de nuevo su automóvil, invitó a Beauchamp a que entrase también al carro para conducirlo al cuartel a que testificara sobre lo que había visto.

En ese momento Beauchamp sacó su arma, disparando entonces contra el Coronel, perforándole el cráneo e hiriéndole en el pecho y la mano derecha. Beauchamp intentó retirarse disparándoles a los que le seguían y entró al almacén Rodríguez y Palacios en la Calle Tetuán número 29 tirando su arma detrás de unas cajas apiladas cerca de la entrada y allí la  Policía le dio alcance.

Beauchamp les gritó: “¡Suéltenme; yo fui quien lo mató, ya está hecho, no lo voy a negar; suéltame, voy a buscar el arma!” Lo sueltan y Beauchamp saca el arma del lugar donde la había tirado y lo someten a arresto.

Una vez arrestados, Hiram Rosado y Elías Beauchamp fueron trasladados al Cuartel de la Policía situado en la Calle Salvador Brau (hoy Calle San Francisco) en San Juan. Al poco rato se oyeron unas detonaciones, resultando herido Hiram Rosado y muerto Elías Beauchamp. Rosado falleció en el Hospital Municipal de Santurce.

 

Fuente: El Nacionalismo y la violencia en la década de 1930 – Marisa Rosado

 

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