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Selección de Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci 7

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Publicado: martes, 22 de agosto de 2017

13.

 

12 de septiembre de 1927

 

Queridísima Tania,

recibí tus dos cartas; recibo cada día la fruta que me mandas. Estuve contento de haberte visto y de haber podido intercambiar algunas palabras contigo. Ha sido un gran consuelo haberte visto, después de estos 4 meses de ansias y pensamientos negativos. ¿Por qué me encontraste cambiado? Yo no me doy cuenta. Es cierto que los cambios, con esta vida, se suceden tan lentamente que el “paciente” puede no percatarse. Me parece que tú no has cambiado gran cosa; quizás estabas demasiada asustada de verme, ¿verdad? En vez, yo pienso de haberme “desarrollado” en el sentido de la frialdad y de la indiferencia externa, he perdido mucho de mi “meridionalismo”. No creo haberme vuelto insensible, al contrario; quizás en vez he adquirido cierta sensibilidad nerviosa e insana, pero he perdido la apariencia externa de la sensibilidad. Es verdad que tú me has recordado a Giulia; observé que se parecen mucho, no obstante algunos rasgos de personalidad propia e inconfundible. Por lo demás, ¿recuerdas que una tarde en Roma me dirigí a ti pensando que eras Giulia? No sé cuándo podrás tener la próxima visita. Quisiera decirte en voz alta, más que la otra vez, que no debes preocuparte demasiado por mí. ¿Sabes que ya han pasado 10 meses desde el día de mi arresto? El tiempo pasa muy a la prisa, es cierto, pero también es muy largo. Pienso que ya he impuesto demasiados sacrificios a mis hermanos y también a ti. Con mi hermano Mario ya no puedo contar. Lo comprendí hace un mes, después de una carta de mi madre. Mamá me dice haber recibido una carta de la esposa de Mario, con muchas quejas, etcétera. Le escribí a Mario que venga a visitarme; me pareció muy apenado. Después de la visita le escribió a mi pueblo, a mi hermano Carlo, de manera muy alarmada, según me puedo imaginar. Carlo me escribe como si yo estuviese al borde de la tumba; habla de venir a Milán hasta con mamá, una mujer de casi 70 años que nunca ha salido del pueblo y que nunca ha viajado en tren de más de 40 kilómetros. Cosas de manicomio, que me han dolido y hasta me han irritado un poco contra Mario, que podía haber sido más franco conmigo y no aterrorizar a nuestra vieja mamá. Basta. Decidí por todo esto de ponerle fin a esta situación, reduciéndome, si es necesario, únicamente a la alimentación carcelaria. Sin embargo hay asuntos pendientes que me preocupan bastante. Disculpa el desahogo querida y no te sientas mal. Ves, yo te escribo como a una hermana y tú en todo este tiempo has sido para mí más que una hermana. Por eso algunas veces también te he atormentado un poco. Pero quizás es verdad que se atormenta justamente a aquellos quienes queremos más. Quiero que hagas todo para curarte y estar sana. Así podrás escribirme, tenerme informado de Guilia y de los niños y consolarme con tu afecto.

Las 300 liras que me mandaste en junio, las recibí; debo habértelo escrito. Todavía no me han entregado el diccionario alemán, pero, ¿tú por qué me lo mandaste? Podía por ahora prescindir de él, en espera de recibir el mío. En términos generales, no debes mandarme nada que yo no te pida o sobre cuyo envío yo no haya estado consciente. Créeme, esto es lo más sensato, además de que como tú dices, yo no pido nunca nada. No es verdad; yo, cuando necesito algo, pido, pero trato de hacerlo racionalmente, para no crearme malos hábitos que después es más doloroso quitarme. Para vivir tranquilos en la cárcel, uno debe acostumbrarse a lo puramente necesario; comprenderás bien que cada pequeña comodidad, en este ambiente, se torna en una especie de vicio que después es difícil extirpar, dada la ausencia de distracciones. Si se quiere permanecer fuertes y mantener intacta la propia fuerza de resistencia, hay que imponerse un régimen y observarlo férreamente. Por ejemplo: ¿por qué yo he sufrido tanto tu silencio? Porque estaba acostumbrado a cierta regularidad en la correspondencia: por eso cada irregularidad asumía un significado siniestro. Pero este hábito de la correspondencia regular me lo debes crear, ¿sabes? ¡No pienses que con esta teoría de las no costumbres te estoy autorizando a no escribirme! Queridísima, espero la próxima visita, aunque no podamos siquiera apretarnos la mano. Por cierto, ¿saber que por mucho tiempo pensaba darte una flor crecida en mi celda (¡mira qué romanticismo carcelario!)? Pero las plantas ya se secaron y no pude mantener viva ninguna de las 5 o 6 florecitas que brotaron y que, a decir verdad, estaban algo feítas.

Te abrazo afectuosamente

 

Antonio

 

14.

 

26 de septiembre de 1927

Queridísima Tatiana,

había pensado escribir esta carta a Giulia. Pero no puedo, no logro comenzar. Estoy todavía bajo la impresión de su última carta, recibida el 31 de mayo, pero es una impresión ciertamente anacrónica. Me parece que la vida de Giulia en estos meses se habrá desarrollado con muchos cambios, porque Giuliano estará comenzando a hablar y a caminar y ella habrá de sentir, con nuevos matices, las impresiones de los primeros movimientos de Delio, el cual ya hoy debe ser un juicioso espectador de las grandiosas hazañas de su hermanito; así todas las relaciones sentimentales son complicadas, con novedades esenciales de enorme alcance. Acaso te parecerá. Por lo tanto, yo no estaría a tiempo, ciertamente estaría desentonado y eso me preocupa y me quita iniciativa. ¿De verdad tú piensas que Giulia estará muy adolorida por no recibir directamente mis cartas? (¡Sin pretender poner en duda su sensibilidad!) Yo pienso en escribirle, pero no lo logro. Por eso es necesario que yo reciba alguna carta suya más reciente. Sin embargo, se puede hacer lo siguiente: comunicarle esta carta, por ejemplo. Leyéndola, ella entenderá muy bien mi estado de ánimo y me perdonará. Quizás ni siquiera piense en la necesidad de un perdón propio y verdadero. Ahora debería escribir un gran elogio de su bondad, ¡pero cualquiera podría pensar que lo hago a propósito ad captandam benevolentiam!

Querida Tania, espero que te encuentres un poco mejor que la última vez; me pareciste un poco febril. Te espero el miércoles. Te abrazo

 

Antonio

 

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