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Las esclavitudes actuales

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 22 de agosto de 2017

No deja de ser irónico que cada año la Organización de Naciones Unidas (ONU) consagre el 23 de agosto como “Día Internacional del recuerdo del tráfico de esclavos y de su abolición”. La ONU habla de “recuerdo del tráfico y de su abolición”, como si actualmente la llaga de la esclavitud ya no ocurriera en el mundo. Sin embargo, organismos internacionales publican que actualmente se calculan en 2 millones y 16 mil personas que viven como esclavos/as en diversos países del mundo. En América Latina, incluso en Brasil, aún hay terratenientes que mantienen campesinos en situaciones semejantes a la esclavitud. En países de África y sudeste de Asia, las niñas se ven obligadas a casarse con quienes pagan a sus padres un precio estipulado. Las que no ceden a ese destino están obligadas a prostituirse para sobrevivir en ciudades a donde huyen. Ese cuadro en sí ya es trágico y vergonzoso. El escándalo mayor es que, muchas veces, en la historia, las religiones e Iglesias han sido conniventes y cómplices con la esclavitud. A pesar de la actitud profética de algunos que denunciaban la esclavitud y contra ella luchaban, la mayoría de los miembros de las Iglesias cayó en ese crimen. En América Latina, el papa Jauan Pablo II pidió perdón a las comunidades indígenas y negras por la omisión y participación de eclesiásticos en ese escándalo. Por desgracia, todavía hay señales y noticias de grupos que se dicen religiosos o cristianos y mantienen estructuras de comercio y de trabajo con situaciones equivalentes a la esclavitud. Grupos neo pentecostales son acusados de explotar trabajadores en sus organizaciones. Y en la política, congresistas defienden posiciones contrarias a la justicia, sin sentir que eso es un escándalo para la fe. 

En estos días, en Brasil, la regresión social y política que vivimos posibilitó que congresistas hayan votado contra diversas conquistas jurídicas de los trabajadores, incluidas en la Constitución Federal. Hay incluso quien, de manera deliberada, dé declaraciones de carácter racista y esclavista. Es urgente que todas las personas de bien, ligadas a cualquier tradición espiritual, o sin ninguna pertenencia religiosa, se unan en la defensa de la dignidad de todo ser humano y del derecho a la vida, al trabajo remunerado y a la justicia social. Parafraseando a San Ireneo de Lyon, un pastor de la Iglesia del siglo III, el santo obispo mártir Oscar Romero, mártir de América Latina, afirmó: “La gloria de Dios es la vida y la liberación del pueblo oprimido”. El apóstol Pablo escribió: “Fue para seamos libres que Cristo nos ha liberado” (Gl 5, 1). 

 

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