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Manchester by the Sea: el dolor irreparable

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Por María Cristina

Publicado: martes, 14 de febrero de 2017

Director y guionista: Kenneth Lonergan; fotocinematógrafo: Jody Lee Lipes; elenco: Casey Affleck, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Michelle Williams, Gretchen Mol, Mathew Broderick, C. J. Wilson.

 

Manchester by the Sea es ante todo una historia íntima y pequeña que no pretende sorprender con actos heroicos o finales felices para satisfacer a aquellos que van al cine a “sentirse bien” o “apartarse de todo y disfrutar un par de horas”. Es una historia de una familia con sus altas y bajas como son todas aunque solamente acompañamos en su quehacer diario a Lee Chandler, hombre en sus 30, clase trabajadora, familia extendida (hermano, padres, tíos), con amigos de su propia comunidad a quien les gusta beber y pasar tiempo juntos jugando deportes o viéndolos en TV en la casa o su bar preferido. Pero cuando conocemos a Lee, este vive en Quincy, cerca de Boston, y trabaja como ‘handyman’ en varios edificios de apartamentos. 

En este empleo parece muy responsable paliando nieve al parecer todo el tiempo, arreglando tuberías desgastadas o a punto de colapsar con inquilinas que le coquetean o insultan y un jefe que le importa poco si las cosas se hacen bien o no con tal de que no se quejen. Pero al recibir noticia de que su hermano Joe está hospitalizado y muy crítico de salud, deja mensaje de su ausencia y consigue sustitutos para poder conducir hasta Manchester para estar con él. Será un viaje difícil, no solamente por la gravedad de la enfermedad de su hermano sino también porque la razón para dejar atrás a su familia y amigos tiene que ver con una pérdida de la que jamás se recuperará.

En ese retorno a Manchester, donde sin duda fue feliz, se reencontrará con su sobrino, Patrick, ahora un adolescente que vivía solo con su padre ya que la madre, Elise, iba de rehabilitación en rehabilitación por su problema de alcoholismo (sospechamos que de otras sustancias también), George, el mejor amigo de Joe que en parte sustituyó a Lee cuando éste se fue hace diez años y Randi, su ex esposa, con quien comparte un sufrimiento del que no puede hablar con nadie. El volver no significa volver a recrear —aunque sí recordar— los tiempos que disfrutó con tanta gente querida. Pero sí, reencontrarse con sus sentimientos, especialmente el apego que siempre le tuvo a Patrick con quien compartió su amor por el bote de pesca, toda su familia y el lugar donde nació, creció y formó su vida. Nosotros(as) el público compartimos esa experiencia con Lee.

La historia se cuenta a través de flashbacks que al principio parecen desconectados del presente pero que luego entendemos que son episodios que se cuentan según Lee los va recordando y reevaluando para reorganizar su presente. Las conversaciones entre tío y sobrino son muy reales en cómo cada uno, desde su perspectiva generacional, ve lo que sucede a su alrededor. Patrick parece tener más interés en su suspensión del equipo de hockey por su agresividad verbal y física (deporte que Lee también practicaba) y el poder acostarse con una integrante de su banda musical que los pormenores extremadamente importantes de lo que va a suceder en su vida en lo que cumple los 18 años. Lee apenas habla, no hace nuevas amistades ni revive las viejas, y parece inmune a cualquier acercamiento por extraños o sus propios fantasmas del pasado.

Las actuaciones son de primera desde un Casey Affleck impecable como Lee y un reparto secundario donde cada uno tiene escenas memorables: Michelle Williams como Randi y el dolor que arrastra no importa si ahora tiene una “nueva vida”, Kyle Chandler como Joe, el hombre práctico que enfrenta cada situación adversa con un acercamiento humano, Lucas Hedges como Patrick, el sobrino que busca redefinirse como adulto, Gretchen Mol como Elise, la madre que no quiere perder a su hijo aunque física y mentalmente no lo puede lograr, Mathew Broderick como Jeffrey, el nuevo compañero de Elise que verdaderamente cree que a través de la religión se puede cambiar lo que ha asediado la mente y el cuerpo de una persona. Kenneth Lonergan, escritor y director de You Can Count on Me (2000) nos da una hermosa y dolorosa historia que cuenta a través de una cámara que acompaña al personaje de Casey Affleck en cada momento de su pasado y presente y que sirve casi de monólogo interior ya que articular el dolor es algo casi imposible de hacer en nuestras vidas.

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