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Saskia Sassen El ascenso de las lógicas extractivas y las geografías de expulsión

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Por Gustavo García López

Publicado: martes, 22 de agosto de 2017

Especial para En Rojo

 

El pasado 11 de julio, durante la 16 ª Conferencia Bienal de la Asociación Internacional para el Estudio de los Comunes en Utrecht, Países Bajos, Saskia Sassen ofreció una charla magistral sobre el auge de las lógicas de extracción en nuestra economía y las geografías de expulsión. 

La charla de Sassen comenzó situando el surgimiento de las actuales lógicas extractivas --que son evidentes en sectores de recursos naturales como la minería y la silvicultura, pero también en corporaciones digitales como Facebook y Google-- en la “transformación fundamental” del capitalismo que se ha producido desde los años ochenta como resultado de la desregulación y privatización de la economía global. Esta “nueva época” de lo que denominó un “capitalismo irónico” se caracteriza por una completa falta de interés por siquiera un bienestar marginal de la fuerza de trabajo o de comunidades afectadas por actividades corporativas, una responsabilidad sustancialmente reducida de las corporaciones y la aparición de “formaciones depredadoras” (predatory formations). Es, como ella explica en su libro Expulsiones (Harvard University Press, 2014), un cambio de la valoración de las personas como consumidores a la extracción de valor a través de una proliferación de instrumentos complejos.

En su reciente artículo, “Predatory formations dressed in Wall Street suits and algorithmic math” (Science, Technology & Society vol. 22(1), pp. 1–15, 2017), Sassen ha descrito estas formaciones como de carácter sistémico y basadas en “conjuntos” (assemblages) de elementos medulares de conocimiento y tecnologías complejos procedentes de dominios y capacidades esenciales en nuestras sociedades. Estos incluyen la matemática algorítmica, la ley y la contabilidad, y la logística avanzada. Tales conjuntos se instalan dentro de la infraestructura física e institucional de los estados-nación, con un único propósito: la extracción de un beneficio máximo, lo más rápidamente posible. Esto, a su vez, cambia dramáticamente los territorios y las vidas, tal como lo dramatizan los ejemplos de Sassen de la desaparición completa en dos décadas (1989-2009) del Mar de Aral --uno de los mayores mares internos del mundo-- y la drástica reducción de la hoja de hielo de Groenlandia en los últimos diez años.

Una de las formaciones depredadoras más importantes es el sector financiero especulativo o lo que Sassen denomina “high finance”. Para ella, este, y no el “sector digital”, como se suele afirmar, es el equivalente de la “máquina de vapor” de esta nueva época del capitalismo. Esta formación predatoria de high finance “vende algo que no tiene”, y está compuesta por diferentes operaciones, de las cuales Sassen habló de dos: los canjes de crédito en impago (credit default swaps), y los fondos buitre. Los credit default swaps son inversiones en préstamos riesgosos –como las “hipotecas subprime” detrás de la crisis de vivienda 2007-2008-- que son remuneradas si caen en impago. Como señala Sassen en su artículo “Formaciones predatorias”, el objetivo de este instrumento, desarrollado en los años 2000, no es ampliar el acceso a la vivienda, sino “utilizar el bien físico real (la casa) para desarrollar una seguridad respaldada por activos “que podrían ser empalmados en múltiples bits (para ampliar el número de estos valores), mezclado con deuda de alto grado (para garantizar una buena calificación) y desplegado de inmediato, es decir, vendido a los inversores” (2017, p. 6). En l conferencia, Sassen subrayó el asombroso crecimiento de estas formaciones: el valor global total de los credit default swaps pasó de 19.000 millones de dólares en 2001 a 62.2 billones de dólares en 2007, cifra superior al PIB total de todos los países del mundo. Así, como señala en su artículo, las hipotecas subprime han convertido el espacio urbano --y especialmente los barrios de bajos ingresos-- en espacios de extracción mucho más allá del mecanismo de gentrificación, en una especie de acumulación primitiva.

El segundo tipo de operaciones de formaciones predatorias discutido por Sassen fue el de “fondos buitre”, un tipo de fondo de cobertura (hedge fund) que especula con deudas consideradas en dificultades o en peligro de incumplimiento (que equivale a una apuesta a que el deudor incumplirá), que la autora analiza (junto con L.L. Owens) en más detalle en su artículo “The vultures of Wall Street” (Boston Review, octubre 2, 2014) Sassen mostró cómo estos fondos han estado adquiriendo enormes cantidades de la deuda de países en riesgo de impago a través de todo el mundo, y recibiendo ganancias cada vez mayores sobre estas ‘inversiones’. Proporcionó el dramático ejemplo de Elliot Management, propiedad del multimillonario Paul Singer, que ha logrado beneficios “salvajes” en la deuda soberana de varios países: 35,5 millones de dólares en Panamá, 46,6 millones de dólares en Perú, 70 millones de dólares en Congo y, potencialmente, más de 2.000 millones de dólares sobre la deuda de Argentina (pendiente). Hedge Clippers informó además que Elliot Management espera un rendimiento estimado de 1380% sobre su inversión inicial en Argentina (“Hedge Fund Vultures in Puerto Rico”, Hedge Papers No. 17, 2015).

Los impactos de estas transacciones en los países involucrados son incuestionables, sobre todo cuando recurren a dramáticas medidas de austeridad para pagar lo que muchos consideran una deuda ilegítima e ilegal. En su conferencia, Sassen reflexionó sobre cómo estas formaciones depredadoras están cambiando el espacio urbano de forma dramática y rápida. Las hipotecas subprime fueron una de las causas clave de la crisis de la vivienda en los Estados Unidos en 2007-2008 (por ende conocida como la “crisis de las hipotecas subprime”), que llevó a 14.5 millones de familias estadounidenses a perder sus hogares en solo una década. Uno de los resultados de esto ha sido que las tierras urbanas centralmente localizadas en muchas ciudades han ido quedando vacías, abandonadas. Esto, a su vez, ha creado “oportunidades” para un tercer tipo de operación de depredación del high finance: las empresas fantasma (shell companies) que invierten en bienes raíces para ‘desarrollos de lujo’. Señaló el dramático crecimiento de la inversión extranjera en las grandes ciudades de todo el mundo, como Londres, Nueva York, París, Tokio, Amsterdam, Madrid, Shanghai y Los Ángeles (en su libro Expulsions se enfoca en estos procesos en Nueva York, Tokio, y Londres). La inversión extranjera en propiedades existentes entre 2013-2014 en todo el mundo alcanzó $55 mil millones ($55 billones) de dólares en las 100 mejores ciudades, mientras que en 2014-2015 aumentó significativamente a $1 trillón de dólares (para más detalles, véase el artículo de Sassen “Who owns our cities – and why this urban takeover should concern us all”, The Guardian, noviembre 24, 2015). Hoy en día, los activos inmobiliarios en todo el mundo representan casi el 60% del valor de todos los activos globales. Cerca de 65,000 edificios han sido comprados por compañías extranjeras fantasma entre 2005 y 2014. Por ejemplo, en Londres, una empresa china ha comprado cientos de edificios históricos, mientras que la familia real de Qatar tiene más del centro de Londres que la reina de Inglaterra. Esto no se trata de desarrollar viviendas para las necesidades actuales, sino más bien de invertir en la posesión de tierras con fines especulativos. Como resultado, muchos de los edificios que se compran están vacíos. En la Bloomberg Tower de Nueva York, por ejemplo, el 57% de los condominios son propiedad de compañías fantasma y actualmente no tienen residentes. Como detalla Sassen en otro artículo reciente, estas “ciudades globales” son producidas por y para corporaciones globales (particularmente en el sector financiero), que a pesar de estar altamente digitalizadas, necesitan “lugares centrales” --quizás más que nunca-- donde puedan acceder a un conjunto completo de servicios especializados complejos (“The Global City: Enabling Economic Intermediation and Bearing Its Costs”, City & Community, vol. 15(2), pp. 97-108, 2016). Así, nos explicó Sassen en su conferencia, estas ciudades están cada vez más marcadas por la producción de los extremos: un centro de la ciudad “densamente urbanizado” pero lleno de edificios corporativos “muertos”, y una periferia en expansión de los expulsados ??del centro en nombre de la “modernización“. Sassen señaló los procesos similares que ocurren en las áreas rurales, donde el “acaparamiento de tierras” mata ecologías y gente para la minería, plantaciones agrícolas a gran escala, represas y otros planes de desarrollo. 

Los planteamientos de Sassen reflejan, y nos ayudan a entender mejor, la profunda crisis actual de Puerto Rico. Los fondos del buitre han comprado casi el 25% de la deuda del país a precios altamente descontados, y esperan billones en beneficios, mientras que activamente hacen lobby para la privatización profunda, la desregulación, los despidos públicos y los recortes de gastos (vése el informe de Hedge Clippers citado arriba). Casi la mitad de la deuda podría ser ilegal, pero nuestro gobierno se niega a llevar a cabo una auditoría de la deuda. Para el año 2015, casi 15,000 hipotecas estaban en riesgo de incumplimiento (“Aumenta la expropiación de vivienda en la Isla”, El Nuevo Día, octubre 24, 2015), y más de 7,000 hogares habían perdido sus hogares (recuperados por los bancos) con un valor de más de $560 millones dólares (L. García Pelatti, “Los bancos tienen más de 7,000 viviendas reposeídas”, sincomillas.com, junio 7, 2015). Entre 2009 y 2015 hubo más de 60,000 acciones judiciales por desalojo, la gran mayoría contra personas de escasos recursos, como detalla Luis José Torres Ascencio en “La vida desahuciada” (80 grados, marzo 24, 2017). Este proceso de desahucio de nuestras vidas –también marcado por la emigración masiva fuera de la isla-- ha sido aprovechado por multimillonarios y empresas multinacionales de inversión de bienes raíces como Cushman & Wakefield que, como los fondos buitre, se aprovechan de la situación de crisis --y de los incentivos especiales de las leyes 20 y 22-- para hacer dinero fácil. Basta pasear por Hato Rey, Santurce y Viejo San Juan y prestar atención a los letreros de se vende para ver la cada vez mayor cantidad de propiedades adquiridas por estas empresas en años recientes. De hecho, ya en el 2014 el Wall Street Journal había documentado el número creciente de empresas de inversión del tipo private equity y “manejadores de propiedades” que estaban comprando o desarrollando hoteles y residencias de lujo, generando cerca de $1 billón de dólares en dos años en ganancia en propiedades “upscale”. Según el artículo, los inversionistas de bienes raíces no ven ningún problema en Puerto Rico – para ellos no hay crisis, más bien bonanza (“Real-Estate Investors See No Problem With Puerto Rico”, julio 15, 2014). Otro artículo más reciente en la revista de finanzas Bloomberg documentó el continuo proceso de compras de bienes raíces por corporaciones multinacionales como Goldman Sachs, Perella Weinberg Partners, y TPG Capital, así como billonarios como John Paulson (quien adquirió el hotel Vanderbildt y es además parte de un fondo buitre que compró deuda en Puerto Rico), y Nicholas Prouty (el desarrollador de Ciudadela y comprador de Marina del Rey en 2012) (“Big Money Is Buying Up Puerto Rico’s Risky Real Estate”, julio 14, 2017)

¿Qué hacer para contrarrestar estos procesos extractivistas y depredadores? Sassen concluyó argumentando que el potencial para hacerlo reside en las luchas de los expulsados ??en las fronteras de las áreas urbanas, en los sitios de encuentro de actores de diferentes mundos donde no hay reglas establecidas. Es en el espacio fronterizo donde aquellos sin poder pueden “rehacer la historia”, donde los marginados que han sido invisibilizados reclaman su derecho a la ciudad diciendo: “estamos presentes”. Así, argumentó Sassen, debemos esforzarnos por mantener vivas estas fronteras, estos espacios flexibles en las ciudades, donde la gente puede hacer y rehacer sus propias economías, relaciones, vidas. 

Si bien Sassen no entró en detalles en este argumento acerca de permanecer presente, éste nos recuerda la proposición de Judith Butler y Athena Athanassiou en su libro Dispossession: The Performative in the Political (Polity Press, 2013). Butler y Athanassiou plantean que cuando la norma dominante es la destrucción continua de territorios y vidas, la desposesión para la acumulación de capital --como se ve en el creciente asesinato de defensores de la tierra y el medio ambiente indígenas y campesinos en todo el mundo—entonces la congregación en ‘asambleas’ públicas y la continuación y reafirmación de la existencia de los que luchan se convierten en un acto radical, contra-hegemónico. Sin embargo, esta permanencia en el lugar es un proceso colectivo: requiere una política de asamblea y un proceso de resubjetivación, es decir, un desafío a las subjetividades dominantes y una práctica de nuevas subjetividades. Como ha demostrado Melissa García Lamarca en su análisis de la Plataforma de Personas Afectadas por Hipotecas (PAH), un movimiento contra desahucios y por el derecho a la cuidad en el área metropolitana de Barcelona, las personas con “vidas hipotecadas” pueden transformarse en sujetos políticos subversivos a través de procesos colectivos comenzando con asambleas deliberativas y el posterior desarrollo de acciones directas tales como el bloqueo directo de desalojos, la ocupación de sucursales bancarias, y la ocupación y habitación de viviendas vacías que habían sido reposeídas por bancos.

 

* Gustavo García López es Catedrático Auxiliar en la Escuela de Posgrado de Planificación de la Universidad de Puerto Rico - Río Piedras y miembro del colectivo de ecología política ENTITLE. Trabaja en la política de acción colectiva en torno a los comunes y los movimientos ambientales.

Una versión original de este ensayo, con ciertas variaciones, fue publicada en inglés el 9 de agosto de 2017 en el blog ENTITLE (www.entitleblog.org)

 

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