Opinión / Editorial

Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentarios

EDITORIAL: Homenaje a dos troncos de la misma raíz

Perfil de Autor

Por Dirección de CLARIDAD

Publicado: martes, 22 de abril de 2014

Desde el jueves pasado hay un sentimiento compartido de orfandad y, a la vez, de plenitud, entre los pueblos de América Latina. Perdimos en un mismo día a dos de los más grandes entre los nuestros; dos troncos que brotaron de la misma raíz que nos une y hermana en una cultura y temperamento compartidos. Sin embargo, junto al dolor que nos producen, sus muertes han servido para cuajar un gran sentimiento de unidad regional que nos llena de esperanza.

 En San Juan falleció en la madrugada del jueves pasado, en un accidente automovilístico, el gran cantante puertorriqueño Cheo Feliciano, ídolo de varias generaciones; aquél que paseó con elegancia nuestra música popular, sobre todo la salsa, por los principales escenarios del continente y el mundo, con la excelencia musical y la sonrisa dulce que le caracterizaban, y con un sabor tan propio y auténtico que se tornó inimitable. Ese mismo día falleció en Ciudad México, tras una larga enfermedad, Gabriel García Márquez, el colombiano universal que capturó y recreó, como nadie, la esencia de nuestro ser caribeño y latinoamericano, llevándola a las más altas cumbres de la literatura mundial, para el asombro y deleite de millones de lectores en todo el mundo.

Ambos, cada uno en lo suyo, fueron auténticos héroes de nuestros pueblos. Por eso, sus muertes han sido objeto de sentidos homenajes y comentarios en los más importantes diarios y otros medios de prensa de Latinoamérica y el mundo, que se han desbordado en elogios a estas dos grandes figuras de la América que sueña, piensa y habla en español.

 Además de por su talento incuestionable, Cheo Feliciano se caracterizó también por la dignidad y elegancia con que siempre se condujo en y fuera del escenario, sentando un ejemplo de superación personal, de solidaridad con su pueblo, de civismo y don de gentes que le sirvieron para proyectar el mejor rostro de la música y la cultura popular puertorriqueñas. Aunque no se le conoció públicamente afiliación política o ideología particular, su comportamiento fue siempre el de un puertorriqueño genuinamente orgulloso de su identidad, la que proclamó a los cuatro vientos, sin complejos ni componendas, en todos los países que visitó y ante todas las audiencias que conquistó con su música.

Con él, generaciones enteras aprendimos a cantar y a bailar “el areito de Anacaona” y a “vivir la vida con cara de amor”, aún en medio de nuestras profundas penas. Ídolo de las masas y consciente del impacto que eso conjura, utilizó su proceso de rehabilitación del uso de drogas no sólo para limpiar su cuerpo y su mente, sino para enseñar con el ejemplo que es de humanos caer y también saber levantarse, como él lo hizo. Por eso, durante estos días pasados, su pueblo se ha desbordado en homenaje a su legado de arte y de vida, y a la integridad de un artista completo que siempre se mantuvo cerca de su gente, a quien llamó su familia, y quien nunca permitió que el humo fugaz de la fama se le subiera a la cabeza.

Por su parte, Gabriel García Márquez, el Gabo, como se le llama con cariño, fue una figura monumental e incomparable en el universo de la literatura latinoamericana y mundial. El impacto de su obra voluminosa que comenzó como periodista, y luego se transmutó en la ficción más fantástica y deliciosa que jamás se haya escrito, alteró para siempre el perfil de nuestra literatura y de nuestra imagen colectiva como habitantes de esta región del mundo. En su creación del mundo macondiano y los extraordinarios personajes que lo habitan, encontramos las claves de lo que somos y de lo que podemos ser. Por eso, a partir de Cien Años de Soledad, su obra cumbre y la más laureada y leída, Macondo y los Buendía se convirtieron en referentes principales, íntimos y, a la vez, universales, de la realidad de nuestros países y de nuestras familias. El Caribe jamás ha vuelto a ser una región olvidada después de su rescate para la inmortalidad por la imaginación y la pluma maravillosas de Gabriel García Márquez.

Pero este Premio Nobel de Literatura fue mucho más que un escritor genial. Fue un gran humanista, un ser de palabra y acción que utilizó su enorme prestigio para hacer avanzar la causa de Latinoamérica en el mundo. Sobre la condición colonial de Puerto Rico siempre estuvo claro, manteniendo su corazón del lado de la lucha por la preservación de nuestra identidad nacional puertorriqueña, y admirando, por su bravura, el proceso de resistencia cultural que nuestro pueblo se ha mantenido librando a lo largo de su historia.

Consecuente en sus posturas políticas de izquierda, y renuente a la seducción de la fama y al chantaje de los dueños del poder, el Gabo mantuvo fidelidad a su conciencia. Por eso, fue aliado del pueblo y del gobierno de Cuba, aunque le fuera personalmente inconveniente, y su exitoso proyecto de crear una escuela de cine en esa hermana república caribeña, ha sido fuente de formación y creación para cientos de cineastas independientes que contribuyen, con sus obras fílmicas, a documentar la marcha de nuestros pueblos hacia su progreso económico y social.

Inspirados por el significado que tiene para nuestros pueblos el ejemplo de estos dos titanes nuestros, Cheo Feliciano y Gabriel García Márquez, desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, nos unimos emocionados al homenaje mundial que se les rinde, en la certeza de que el legado de la Patria Grande Caribeña y Latinoamericana que ambos contribuyeron a construir y a difundir, seguirá vivo y creciente en la conciencia de cada uno de los que se siente hijo e hija de esta querida Patria Puertorriqueña.

  (0) Comentarios



Información relacionada


claritienda El haito que hablaba inglés