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Betances, según Luis Bonafoux

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Por Hiram Lozada Pérez

Publicado: martes, 14 de febrero de 2017


Lo maravilloso e interesante del libro Bonafoux es que éste conoció personalmente a Betances.

Su propósito lo anunció temprano en su extenso prólogo. Será un trabajo de compilación y de selección. Bonafoux es el primer escritor que se da a la labor de “resucitar los recuerdos de Betances dispersos aquí y allá en un centenar de cuadernos escritos por él con letra menudísima”.

Bonafoux publica su libro en el 1901, tres años después de la muerte de Betances en el 1898.

La primera vez que Bonafoux vio a Betances fue en Puerto Rico, en casa del tío del autor, siendo éste muy niño. No dice el año. Debió haber sido alrededor del año 1860, después del primer destierro, cuando regresó de París con los restos de su novia en una caja de plomo. Fue en el hogar de don José Julián Acosta. Recuerda su llamado a la revolución y como agitaba su atezada cabeza de raras tonalidades.

Luego recuerda su primera conversación con Betances. Se le encomendó su entrevista como delegado de la Junta Revolucionaria de Nueva York en París. Debió haber sido alrededor del 1878. También recuerda su última entrevista con Betances, cuando ya estaba cerca de la muerte. Dicha entrevista se publicó en París en 1898.

Estamos pues ante un autor que conoció al sujeto de su trabajo por espacio de casi cuarenta (40) años, desde sus años de vigor revolucionario hasta su lecho de muerte.

 

Retrato Físico

Es evidente desde las primeras páginas del prólogo, el atractivo de la figura de Betances, la cual atrae las miradas.

Bonafoux utiliza en primer lugar la carta de Betances a su hermana Demetria en 1879, en la cual repudia la acción judicial de su padre de hacerse información de blancura de sangre para borrar la mención de la familia Betances del Libro de los Pardos. “Somos prietuzcos y no lo negamos”, dice Betances en la mencionada carta.

Con cierta candidez, Bonafoux dice que Betances pudo ocultar su raza, porque su perfil es árabe y su tez de bello color atezado. Bonafoux no logra entender el orgullo que sentía Betances por su sangre africana. Bonafoux es un hombre blanco de su época que apenas logra esconder su prejuicio racial. Lo veremos luego cuando cita una crónica de “La República” de 1890. Allí, en una reunión convocada por Betances, el cónsul general de México en Francia, Altamirano, dijo pertenecer a la raza india, a una “raza inferior”. Jamás lo sabremos, pero imagino ver a Betances morderse los labios al escuchar dichas palabras del cónsul mexicano, si de verdad las dijo.

Betances, según Bonafoux, no tenía necesidad de declararse prietuzco, porque su fisonomía era tan fina como la de cualquier blanco. Bonafoux obedece así a la “ideología” de la época. Betances, en cambio, revela su visión adelantada y progresista de la igualdad de las razas y el orgullo de conocerse plenamente.

 

Betances, El Revolucionario

En su prólogo, Bonafoux intenta demostrar que Betances no odiaba a España, como si fuera necesario pedir excusas póstumas. Lamenta que los periódicos españoles lo llamaran el “enemigo irreconciliable de España”.

Betances era revolucionario y democrático. Repudiaba la monarquía y la tiranía. Y eso fue lo que España representaba para las Antillas: la tiranía. Bonafoux conocía las palabras lapidarias de Betances: “España no puede dar lo que no tiene”.

Betances no era un soñador. Vemos a un organizador revolucionario, pendiente de cada detalle. Vemos, en sus cartas, a un analista científico. Reconoce el error del Grito de Lares: la precipitación.

Después de Lares, advierte la necesidad imprescindible de que la revolución sea llevada desde el extranjero, por medio de expediciones armadas, compuestas de jefes de reconocida reputación militar y de tropas que hayan operado bajo sus inmediatas órdenes. Sugiere la efectividad de la guerra de guerrillas para las condiciones topográficas de Puerto Rico.

El proyecto revolucionario de Betances es un proyecto antillano porque cuenta con la participación de militares cubanos y dominicanos con gran experiencia y reputación y porque ve la guerra de independencia como el primer paso para la Confederación de las Antillas.

Su ideología es republicana y democrática. Así se comprueba en la constitución del Comité Revolucionario de Puerto Rico. “El Comité tiene como objeto la independencia de Puerto Rico bajo la forma democrática republicana.” (Art. 2)

En Saint Thomas, en 1867, Betances establece las condiciones para la paz con España. Proclama LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LOS HOMBRES LIBRES5. Sabe que son condiciones que España no puede conceder porque no las tiene. Son diez mandamientos que sólo pueden existir en la República de Puerto Rico.

Estos diez mandamientos pueden considerarse la primera Carta de Derechos Civiles de Puerto Rico. Betances conocía de las ideas políticas más progresistas del momento. Estos diez mandamientos son las bases de cualquier constitución republicana y democrática.

 

Las Penurias y los Pesares de Betances

Temprano en el libro conocemos de las penurias que Betances sufrió por sus ideas y labor revolucionarias.

En una carta a Adolfo Betances en el 1867 escribe lo que le pasó a él y a Segundo Ruiz Belvis, cuando huyó de Puerto Rico. Arriban a una región desértica e inhóspita, mojadas y con calenturas.

A dondequiera que fue a refugiarse pasó trabajos y penas sin cuento; aun así no pierde el entusiasmo, ni su buen humor, según revelan sus cartas de 1867 a 1870.

A partir del 1868, sus cartas revelan su desilusión con los liberales y autonomistas puertorriqueños y sus dificultades para obtener dinero para financiar la guerra. Se siente abandonado por aquellos que le prometieron ayuda. Sabe que nada se puede esperar de los ricos en Puerto Rico, tales como Calixto Romero, que no están dispuestos a sacrificarse.

Asimismo, entiende que hay mucho miedo entre nuestra gente, miedo al foete, al fusil, al morro, al destierro, al garrote.

Alrededor de 1870 y en adelante, sus cartas comienzan a advertir sobre la amenaza a la libertad de las Antillas que representan los Estados Unidos.

Critica los anexionistas cubanos y habla del mal que le han hecho al país los reformistas.

A éstos les dice que el pueblo que quiere libertades, las coge y no las espera de nadie.

A través de las páginas de Bonafoux, conocemos del intercambio de cartas entre Betances y Lola Rodríguez De Tió, entre Betances y Segundo Ruiz Belvis; de sus conversaciones con Luperón y Luis Zorrilla, entre muchos otros. Son cartas en las cuales exhibe su fina ironía, su crítica implacable a los reformistas y su comprensión total de la lucha política del momento histórico.

Bonafoux reúne también poemas y otras obras escritas en la lengua francesa, que indican que el antillano utilizó dicha lengua como vehículo de su expresión literaria.

Conocemos finalmente de quizás el dolor más profundo que experimentó jamás: la muerte de su prometida María del Carmen Henri el 22 de abril de 1859 en París. Sufría su primer destierro en París y ella acudió allí a unírsele en matrimonio. Carmelita murió unos días antes de la boda. Las últimas palabras del libro de Bonafoux recogen el inmenso dolor y el tormento de la culpa. La llamaba “La Virgen de Borinquén”.

Hay una página de gran dolor, cuando frente a su tumba dice que sus ojos atraviesan la bóveda y el ataúd para verla fría, inmóvil, pálida y sorda.

Este gran pesar, sin embargo, no detiene al revolucionario.

En noviembre de 1859 regresa a Puerto Rico con los restos de Carmelita en una caja de plomo.

Entre 1860 y 1869 vemos, en sus cartas y proclamas, sus gestas conspiratorias. Y así será hasta el final de sus días.

Bonafoux logra mostrarnos a Betances a través de sus cartas, proclamas, poemas y reseñas periodísticas. Descubrimos así al Betances político, conspirador, diplomático, iracundo, festivo, crítico y revolucionario; y también vemos a Betances en sus expresiones de hondo lirismo e intimidad.

Antes de los libros de la Dra. Ada Suárez Díaz2 y del Dr. Félix Ojeda Reyes3, en 1998 y 2001, respectivamente, el texto obligado sobre la vida y obra de Ramón Emeterio Betances era el estudio biográfico de Luis Bonafoux Quintero4, titulado Betances

Referencias disponibles en la página web.

 

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