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Aplausos de aterrizaje

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Por Reinaldo Pérez Ramírez

Publicado: martes, 28 de octubre de 2014

“Aunque no han tenido éxito todavía,

los mexicanos saben que en Washington

las cosas se compran y siguen buscando dólares

para acudir a ese supermercado hasta que les dejen entrar

a vaciar sus góndolas.”

El estatus se compra

Wilda Rodríguez, END, 22 octubre 2014

 

Semana interesante en esta desastrada colonia en la que -triste es decirlo- nos seguimos “muriendo de nada”. La única diferencia es que antes lo sabíamos. Hoy, la inmensa mayoría de la minoría de puertorriqueños que aún residimos en la Isla -allá en el continente hay más de cuatro millones, mientras acá quedamos poco más de tres millones y medio- piensa que ni nos moriríamos, ni nos moriremos, porque pediremos y nos darán. Después de todo, somos “ciudadanos americanos”, cualquier cosa que eso signifique. Tenemos el pasaporte del águila, viajamos libremente sin pasar por aduanas y todavía al sol de hoy, aplaudimos igual, allá o acá, cuando el avión aterriza. Dicho de otro modo, aunque los mexican-americans “sepan cabildear” y nosotros no, les llevamos casi diez carreras de ventaja en la primera entrada.

Babo o Bebo, el padrastro joyita imputado de asesinar a la bebé de su compañera de nombre Anastecia (el nombre es el correcto) viajaba regularmente de Filadelfia a San Juan, como si con él no fuera; como si las órdenes de arresto pendientes allá fueran decorativas. No impidieron lo que pasó aquí en la montaña boricua en una destartalada casa bajo la misma bandera de franjas y estrellas que en Baltimore, Boston, Nueva Jersey o Texas.

Y entonces, ¿qué estatus se compra? Los mexicanos (aplica igual a cualquier nacionalidad centroamericana o suramericana) que logran una ubicación, ya sea legal o clandestina en EE UU y luego la convierten en descendencia, no buscan ni quieren otra cosa que pertenecer a ese país al que llegaron. Integrarse. Sólo combaten el discrimen del que son objeto allí. Para ello, tienen que convertirse en 'hispanics'. Ésa es la mayor minoría étnica -perdónenme la letra- y la de crecimiento más acelerado, además de que ha ido adquiriendo un enorme poder político. Pero van dirigidos a la asimilación. Luchan por igualdad de derechos, educación bilingüe y protección contra el discrimen, todo ello dentro del estado de derecho norteamericano.

Los puertorriqueños no somos ‘hispanics’. La paridad la obtenemos con sólo cambiar nuestra residencia a cualquier estado de los EEUU. Pero si queremos sobrevivir como cultura-nación, ciertamente tendremos que cabildear, pero no para reclamar paridad al amparo de la ley federal, como tienen que hacerlo los mexicanos-centro-suramericanos-caribeños que viajan allá con visa o sin ella y no aplauden al aterrizaje. De hecho, la mayoría no aterriza. Cruzan el Río Grande y si sobreviven, tampoco tienen muchas razones para aplaudir.

Hace unos días, los intereses propietarios de Univisión en Puerto Rico cerraron el noticiero de talento puertorriqueño. Nos veremos invadidos por el enlatado de los 'hispanics' que no somos, pero en lo que lenta pero inexorablemente nos estamos convirtiendo. Fernando del Rincón, el Gordo y la Flaca, Los Tigres del Norte y la enésima repetición de El Chavo del Ocho. Las señales de los tiempos están ahí para todo aquél que no se resista a verlas. Nos integramos con celeridad apabullante a la minoría de mayor crecimiento y empaque allá, donde -según ha quedado dicho- ya somos más que acá. La bandera roja de los datos concretos nos deja ver acercarse una asimilación de la que sólo nos salva la enorme resiliencia de nuestra cultura centenaria y diversa, fuerte y resistente, tan rica y espléndida como la del poderoso imperio que en 1898 nos tomó como botín de guerra. También nos salva el que ellos no nos quieren.

Pero todo está por verse. El derecho es parte de la ideología y ésta cambia mientras cambia la realidad. En una o dos generaciones, el problema de los derechos humanos y políticos de Puerto Rico se puede convertir en uno de derechos civiles definidos por ellos, según sus términos. ¿Tendría que inhibirse Sonia?

No aplaudan aún. El avión todavía no aterriza.

 

* El autor es abogado laboral con práctica sindical y miembro de la Junta Directiva de CLARIDAD.

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