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“Vengo aquí a leer, descubrir y conocer mundo”

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Por Gabriela Ortiz Díaz

Publicado: miércoles, 5 de abril de 2017

“Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado”.

Paulo Freire

 

Llovía afuera y era de noche. Adentro, la lluvia no impidió el deseo de muchos y muchas de aprender. Aunque esa noche el aguacero incidió en la matrícula usual de los jueves, los que estaban habían llegado a recibir su taller de alfabetización con el mismo entusiasmo de siempre. Al entrar a aquel espacio, se precipitaron a la vista los colores pasteles del acogedor centro, libros, cuadernos de escritura, lápices, meriendas. 

Eddy Alexandre, de 32 años de edad, fue uno de los que se presenció ese jueves en la noche en el Centro Comunitario de Buena Vista Hato Rey y Las Monjas, a pesar de la lluvia. Llegó perfumado, luciendo una boinita negra y la sonrisa a flor de piel. Cuatro meses han pasado desde que se enteró del Programa de Alfabetización de Adultos del Caño Martín Peña y acudió al Centro para que lo ayudarán a conocer de cerca la lectura y la escritura. Recientemente, se convirtió en vocal de la junta directiva de su comunidad. 

Hace 11 meses, Alexandre se asentó en Puerto Rico. De pequeño, emigró desde Haití hacia Santo Domingo. Guarda para sí el dominio del creole, el conocimiento de bastante francés y lo básico para comunicarse oralmente en español. Se gana la vida empañetando paredes, cargando bloques, mezclando cemento. O sea, es constructor. Sabe mucho y desea saber más. 

“Por estar trabajando, no pude estudiar. [Vengo aquí] a leer, descubrir y conocer mundo”, expresó mientras fruncía el ceño en señal de seriedad. Y es que, para él, como para otros(as) participantes del Programa, la escolarización es asunto serio. “Ellos ven la educación como una oportunidad de movilidad social, de superación”, dijo a este semanario Luis Torres, uno de los voluntarios que acude los jueves a enseñar y recibir conocimiento. 

“Yo sabía escribir mi nombre porque cuando salía del trabajo en Santo Domingo, a veces tardísimo en la noche, yo agarraba una libreta y yo mismo luchando y luchando… [Me decía] ‘yo tengo que tratar de aprender algo’ y sin ir a la escuela, yo aprendí a escribir mi nombre”, recordó Alexandre. 

Qué significa para ti leer y escribir, le increpó este semanario a Eddy. “Es bueno. ¿Por qué? Yo trabajo en construcción. Mucha gente dice que ese es un trabajo de brutos, pero hay que saber de letras hasta para medir. Si me llaman para trabajar, tengo que saber cuánto voy a cobrar, cuánto mide eso. Para trabajar hay que saber de letras. Me hacía falta leer”, contestó el participante. 

Altagracia Ramírez, otra participante que lleva varios años enriqueciéndose con el servicio comunitario que ofrece el Programa, comentó que “Leer y escribir me han ayudado a ser más independiente. Puedo escribir un mensaje de texto, comunicarme por ‘Facebook’, llenar los documentos en la oficina del médico o leer los letreros mientras busco una oficina”. 

No se trata de un taller cualquiera de alfabetización para adultos. Ahí, la filosofía educativa de Paulo Freire y María Montessori cobran importancia. Es más, son la razón de ser de este Programa, iniciado hace siete años por el Comité Enlace Dominicano, líderes del G-8 y personal del Proyecto ENLACE del Caño Martín Peña. 

Los voluntarios interesados en alfabetizar donan sus conocimientos y aprenden de las experiencias de los participantes porque el Programa se basa en la reciprocidad del proceso educativo. Para cumplir con las expectativas del Programa, los voluntarios y voluntarias deben: ajustar la enseñanza a las necesidades de su participante, incorporar a la lectoescritura la discusión crítica de temas y asuntos pertinentes a la comunidad, fomentar el cuestionamiento y la participación activa en la toma de decisiones colectivas, enseñar partiendo de las experiencias cotidianas del participante, entre otras máximas. 

Casi todos los alfabetizados, que son alrededor de 40 por semestre, tienen el mismo perfil: pertenecen a la clase trabajadora, son en su mayoría dominicanos(as) residentes en las comunidades aledañas al Caño Martín Peña, poseen entre 17 y 60 años de edad y tienen gran interés por alfabetizarse. 

Las personas interesadas en aprender las destrezas de lectura y escritura llegan al Programa de Alfabetización con muchas aspiraciones. Según Alondra Ocasio, una de las coordinadoras del Proyecto, entre los logros que obtienen los participantes se destacan: adquirir la ciudadanía americana, obtener la licencia de aprendizaje o de conducir, integrarse a las juntas comunitarias, conseguir un empleo, graduarse de cuarto año de escuela superior, alcanzar autonomía para, por ejemplo, ir a una cita médica y llenar un documento por sí solos. 

“Me siento alegre y agradezco la paciencia de los maestros y maestras. Yo estoy viejo y como quiera tienen paciencia con uno como si yo fuera un nene”, dijo risueño Eddy. 

Altagracia Ramírez también expresó sobre la disposición de los voluntarios que “(Hay) tantos voluntarios que salen de su trabajo y llegan a darnos clase. Para mí ese esfuerzo tiene mucho valor”. 

 

La labor de educar educándose 

Luis Torres es antropólogo y trabaja hace 27 años con confinados en el Programa de Comunidad adscrito a la Administración de Corrección, agencia de seguridad del Estado. Se ha comprometido a servir de voluntario en el Programa de Alfabetización los jueves, de 6:00 a 8:00 de la noche. 

“Muchas veces los libros tienen información cuestionable, pero partimos de aquí”, aseguró Torres mostrando el texto Somos de las Américas: geografía, historia y cultura, el cual ha utilizado en los últimos talleres para practicar la lectura y escritura con el(la) participante que alfabetiza. Mientras practican esas destrezas, Torres les habla de cómo nos enlazan las similitudes caribeñas, de las historias comunes y diferenciadas del Caribe y les ayuda a posicionarse en un contexto histórico y a reconocer que su historia actual es consecuencia de una pasada. 

El voluntario cree que ese aprendizaje integral va desarrollando en el participante la capacidad de interpretar la propia realidad, de asumir postura, de opinar, de participar políticamente. Esos logros se traducen en la transformación individual, comunitaria y social. 

Según Torres, importa más que leer y escribir el que los participantes puedan participar activamente como comunidad, y el que puedan reafirmar su identidad y dignidad para luego ver más allá de su yo y pensar en colectivo. En el proceso, tanto el participante como el voluntario(a) van adentrándose en todos esos conocimientos. Son la lectura y la escritura dos herramientas para aprehender todo lo demás. 

 

El Programa de Alfabetización 

Desde el año 2009 y con el apoyo de los líderes comunitarios del G-8, entidades privadas, voluntarios(as) y la coordinación del Proyecto ENLACE se ha ofrecido este programa de alfabetización que, no solo pretende preparar ciudadanos capaces de leer y escribir sino que, a través de estos ejercicios, intenta promover el que estas personas se integren a los procesos participativos y organizativos dentro de las comunidades.

Según un informe provisto por la coordinadora Alondra Ocasio, los siguientes son algunos de los logros obtenidos por el Programa:

Participación de más de 100 voluntarios que han ofrecido sus servicios por los pasados siete años 

Creación de un comité coordinador y un comité de currículo para el fortalecimiento de las estrategias de enseñanza que utilizan

Matrícula de tres participantes del Programa de Alfabetización en el Programa Curso Clemente para las Humanidades que ofrece la Universidad Interamericana en las instalaciones del Proyecto Enlace todos los martes.

Graduación de siete participantes del Programa del Curso Clemente para las Humanidades, el cual es equivalente a seis créditos universitarios.

Múltiples historias de éxito personal de los participantes con relación a lo aprendido y cómo esto les ha permitido tomar mejor control de sus vidas a nivel personal y profesional

Además de estos logros individuales del Programa, celebran los logros colectivos de los residentes de las comunidades. Entre estos se destaca el Premio Habitat, otorgado por las Naciones Unidas al Fideicomiso de la Tierra en octubre de 2016 en Quito, Ecuador. 

Los que quieran participar como voluntarios de este programa deben ser mayores de 18 años, tener disponibilidad para ofrecer su tiempo constantemente todos los martes y/o jueves entre 6:00 y 8:00 de la noche durante los semestres académicos, tener deseos de enseñar y aprender, y sobre todo, tener entusiasmo, paciencia, sensibilidad, empatía y compromiso. 

Los martes se reúnen en el Centro de Usos Múltiples de Buena Vista Santurce (calle B con esquina calle 4). Recientemente, comenzaron a reunirse en la escuela Juanita García Peraza de la comunidad de Bitumul todos los miércoles de 6:00 a 8:00 de la noche. Para más información, puede escribir a aocasio.vista@martinpena.org o a iorrusti@martinpena.org.

 

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