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CONTEXTOS: Ambigüedades de rojo carmesí

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Por Reinaldo Pérez Ramírez

Publicado: miércoles, 5 de abril de 2017

El pintalabios irradiaba desde su boca como una advertencia de tránsito. Pero ninguna advertencia suponía un obstáculo a la determinación que marcaban los tacones en su caminar resuelto. Por eso, Dolores iba con boleto de ida y tres amuletos: una pistola de truenos para hacerse oír, la bandera de su patria que la rescataría del olvido, y un escapulario para salvarse del infierno.

Cesar Maraver

http://disparatexpress.blogspot.com 

8/agosto/2010

 

Desde antes de que nos “descubrieran” los españoles, nuestra Isla y sus habitantes han (hemos) estado vestidos de ambigüedad. Siempre hubo guasábara y mezcla: arahuacos, taínos, caribes y sus ancestros llegaron del Sur en árboles ahuecados a piedra y fuego y se armaron y mataron entre sí como mejor pudieron. Incluso se comieron unos a otros para ingerir la dignidad y fortaleza del adversario. También esclavizaron a los vencidos y ‘expropiaron’ sus mujeres. Y sobrevivieron. El hipotálamo –mezcla de amor y guerra– les salvó. Puede ser que gracias a la plácida lucidez caribeña del taíno que aquí encontraron los conquistadores de 1492, creyendo que habían arribado al Oriente, hasta ese justo momento supieran –los tainos– qué y quiénes eran, y también, para qué. Irónicamente, los únicos que no sabían dónde estaban eran los españoles. Tal vez lo mismo ocurrió en 1898. Tal vez eso haya ocurrido en un par de ocasiones más en nuestra confusa historia, llena de auto-ficciones imprecisas y contradictorias, como el agua del río de Heráclito, que nunca será la misma.

Quienes han tenido la paciencia para leer mis anteriores escritos aquí, saben que resisto la autocomplacencia generalizada de nuestro independentismo diverso y acrítico hacia su propio corpus de pensamiento y acción en el tiempo. Puede ser que eso me haya granjeado un par de haters de pantalla y pixeles. Pero hasta ellos hoy se sorprenderán, porque si alguna hipótesis exploro en esta reflexión sobre la historia ambigua de nuestros varios posibles amaneceres identitarios es la posibilidad de que –contrario a lo que pensaba– tal vez hoy estemos asistiendo al comienzo de otro momento colectivo lúcido, en el que entenderemos poco a poco para qué somos, quiénes somos y empezamos a darnos cuenta de que esos contornos difusos, borrosos y hasta transcontinentales que siempre hemos sabido existen –sin haberlos aún definido–forman parte del tuétano colectivo nuestro que es preciso salvar para nosotros mismos y que, si no comenzamos a consensuarlo ahora, estará en peligro de difuminarse en el tiempo, poco a poco, como una nube vanidosa en el mar inmenso de la historia. Esa “conciencia para sí” que tendremos que construir juntos a riesgo de disolvernos, de generación en generación, dentro de otra también minoría étnica de la que formamos parte al otro lado del Atlántico –pero que no es’ nosotros’– viene ‘prestada’ del sabio alemán por analogía: ‘conciencia de clase en sí’ y ‘conciencia de clase para sí’. 

¿Por qué pienso esto ahora?, se preguntarán. Les confieso que es un asunto más de hipotálamo y genes; alguien me corregiría “del corazón”, y no tanto de la reflexión de cortezas frontales. Digamos que no es el obvio análisis jurídico que me hace reírme de la ‘nueva’ organización “Resistencia Autonomista”. Éstos –aunque nos toca atraerlos al ruedo del consenso– aún viven en lalalandia.

Como lo expresa el artista Residente en su nueva entrega artística de múltiples plataformas, en los lugares en que las etnias están en guerra, igual que los antiguos Caribes y los taínos, allí la guerra y las definiciones identitarias son sangrientas y crueles, de violaciones físicas de niños, hombres y mujeres, masacres impensables llenas de sangre y odio cuyos resultados están lejos de cuajar algo permanente. En cambio, en Puerto Rico nuestra convivencia –violentísima a nivel individual por razones ídem– a nivel colectivo es heterogénea de maneras insospechadas. Team Rubio nos unió, igual que los boxeadores, los artistas y las reinas de belleza en sentido de pertenencia a una identidad más deseada o intuida que conseguida o cristalizada, pero unánime. En otros lugares no pueden sentarse en la misma mesa, ni siquiera verse sin intentar cobrar el odio adeudado a generaciones de ancestros. Nosotros compartimos las medallas –las reales y las cervezas– entre camaradería y bromas, y nos abrazamos sabiendo que olemos igual y que el sudor del trabajo nos une, aunque no nos demos cuenta. Pero como otros, no nos entramos a tiros. Para ello, haría falta un profundo agravio personal, individual. Piénsenlo. Por ideologías no pasamos de bromas e insultos, y en los más graves casos, un par de ‘gaznatás’ con perdones pre garantizados. 

Nunca nadie ha escuchado a un francés ni a un argentino gritar, corear o cantar “Yo soy (francés, argentino), pa’ que tú lo sepas”. Ellos tienen conciencia nacional ‘para sí’. Nosotros todavía no. Pero tal vez estamos comenzando a tenerla.

Por eso, cuando la Dolores del epígrafe (es obviamente Lolita Lebrón) apareció en blanco y negro en las portadas de los periódicos del mundo el mismo día 1ro de marzo de 1954, cuando los cerezos florecen en Washington DC, marcó un punto medular de nuestra historia ambigua, cargándola hacia la sobrevivencia. Irónicamente, ese mismo día, la humacaeña Rita Moreno aparecía a todo color en la portada de la revista Life. Irónicamente, en esas mismas fechas, los cerezos florecen en Japón, donde nueve años antes, mientras desayunaba ham and eggs, Truman había despachado el Enola Gay para aniquilar las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. Irónicamente, en ese mismo día 1ro de marzo de 1954, cuando Lolita y Rafael Cancel gritaban con balas “¡yo soy boricua!”, los Estados Unidos tiraron en la isla de Bikini una bomba “experimental” de hidrógeno de quince megatones que bautizaron con el también irónico nombre de “Bravo”. Cayeron cenizas del cielo por varios días y aún los habitantes y descendientes de Rougelap hablan del día del “doble amanecer”. Irónicamente, durante su juventud, Lolita Lebrón había sido Reina de las Flores en su Lares natal, donde en 1868 hubo un intento de amanecer verdadero.

No sabemos aún cuántos de estos amaneceres han ocurrido en Puerto Rico, verdaderos o imaginados. Quisiera pensar que estamos presenciando el comienzo de uno real, en el que nos desnudemos del vestido de la ambigüedad identitaria que el 1ro de marzo de 1954 marcaron para siempre las mujeres puertorriqueñas de ademán altivo y seguro de sí mismo. Una con su pistola y escapulario, y otra con sandunga boricua y trasatlántica, predecesora de otras diásporas. Ambas con los labios pintados de rojo, como advertencia.

 

Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com

Nota: La idea para este Con-texto surgió de la lectura del texto citado en el epígrafe, de mi querido hermano Cesar Maraver, venezolano-puertorriqueño-caribeño, que como todos carga sin querer queriendo sus propias ambigüedades.

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