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MIRADA COOPERATIVISTA: La sonrisa de Doña Fela

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Por Mildred Santiago Ortiz

Publicado: miércoles, 5 de abril de 2017

Fue en una de esas visitas cotidianas a actividades de nuestras cooperativas que me detuve a conversar con esta señora perfectamente negra, de pelo blanquísimo y moño señorial. Su alegría, su aire altivo y su sonrisa ancha me habían cautivado. Había sosiego. 

En estos tiempos que vivimos, que en cada amanecer hay que darse un baño de osadía para manejar las malas nuevas diarias, esa sonrisa era un resplandor que no podía obviar. Se llama Doña Fela. Tiene 90 años, asiste a todas las actividades de su cooperativa y proclama con abierta convicción –‘’la cooperativa es mi vida’’. En estos días de lucha y resistencia ante la incertidumbre que nos arropa debido a la intervención y los poderes de la Junta de Control Fiscal evoco esa sonrisa que alienta, sostiene y afirma la fuerza del cooperativismo. 

Los cooperativistas han sido elocuentes y han estado muy activos explicando por diversos medios las medidas que han adoptado para asegurar la estabilidad de nuestro sistema cooperativo a partir de la adquisición de bonos de Puerto Rico en los pasados años. Estas inversiones rindieron sus frutos por años y constituyeron un mecanismo más del cooperativismo para aportar al país. Para enfrentar el impago las cooperativas han ejercido su responsabilidad y su creatividad gerencial. Se ha administrado con prudencia, se han creado reservas, se ha impulsado legislación, se ha divulgado toda la información a sus socios (as), se han promovido asambleas y se han realizado actividades de educación entre socios y empleados. Todas esas acciones se han desarrollado manteniendo incólume su trabajo diario de servir al pueblo. En el caso de las cooperativas de ahorro y crédito ofreciendo los mejores servicios financieros, al mejor costo posible e impactando de manera contundente la vida comunitaria en el ámbito social, cultural y deportivo. Las cooperativas siguen manteniendo la confianza de nuestras familias a la hora de enfrentar sus necesidades y cumplir sus aspiraciones.

Antes de sentir el impacto de las decisiones de la Junta de Control Fiscal el movimiento cooperativo fue de los primeros en expresarse en contra con advertencias sobre sus lesivos efectos. Creyentes en principios éticos y democráticos, con una trayectoria de protección de intervenciones indebidas gubernamentales en defensa del patrimonio legado estaban seguros de sus serias implicaciones. Levantaron la voz, sobre todo en cuanto a sus efectos en la administración pública, que iba a conllevar la eliminación o reducción de servicios esenciales y en las personas de mayor inequidad socioeconómica. En la expresión realizada consignaron otros impactos: 

1, La eliminación y reducción de agencias de gobierno... 

2. La venta de activos del gobierno pertenecientes al pueblo, como lo son nuestros recursos naturales. 

3. …retroceso en el sistema de gobernanza del país. Gobernarán personas no electas por el pueblo. Esto choca con la gobernanza cooperativa que presupone participación de los gobernados en las decisiones que les afectan. 

Al hacer sus conclusiones no obviaron la necesidad de auditar la deuda como un ejercicio básico de responsabilidad nacional. Lo cierto es que, meses después tenemos ese carimbo encima y los cooperativistas lo enfrentan haciendo acopio de sus mejores destrezas y talentos, listos una vez más para afrontar otro desafío. El más grande reto tal vez en 144 años de historia. Se han organizado como nunca, mantienen informados a sus socios, levantando muros de contención con ellos que son sus mejores aliados. Muy atentos a las acciones de la JCF en especial en la Corporación para la Supervisión y Seguro de Cooperativas (COSSEC), el asegurador y regulador del sistema. En estado de alerta con el poder que se endilgó el gobierno actual de eliminar miembros de las juntas de las corporaciones que no respondan a la política pública vigente. Conocen muy bien que además de sostener a COSSEC únicamente con fondos del sector de ahorro y crédito ha sido la presencia en ese cuerpo la que la ha mantenido como una de las corporaciones en positivo. 

Los meses de marzo y abril son meses de asambleas para las cooperativas que cierran sus estados financieros en diciembre de cada año. La asistencia a éstas de los socios y socias es imperativa y necesaria para recibir información al día y certera. Además, es allí donde se valida la democracia participativa y la esencia del cooperativismo. Ahí está la pujanza en educarse, informarse y estar listos para reclamar sin devaneo el respeto a la fuerza que tiene todo lo que necesita el país para echar adelante. Eso lo sabe Doña Fela. Sabe al dedillo de pobreza y también sabe como el cooperativismo responde. Por eso respira con confianza y sonríe. 

 

La autora es líder cooperativista.

Comentarios a: mildredkairo@gmail.com

 

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