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CLARIDADES: Pedro Albizu Campos

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Publicado: miércoles, 5 de abril de 2017

Pedro Albizu Campos nació en 1891, en el Barrio Tenerías, un área rural perteneciente al ayuntamiento de Ponce, “el día de San Pedro y San Pablo”, según él solía repetir. Albizu tenía siete años de edad cuando los invasores yanquis atravesaron su ciudad natal, a fines de julio de 1898.

Albizu Campos cursó su instrucción primaria y secundaria en las escuelas públicas de Ponce. Al terminar la secundaria, obtuvo la beca que la Logia Aurora (Masonería de Ponce) ofrecía a un estudiante brillante y esto le permitió ir a estudiar a la Universidad de Vermont.

Fue durante sus estudios en Vermont que dos profesores de Harvard, que enseñaban allí un curso de verano, distinguieron su talento. Dado el caso de que la beca no cubría toda su educación universitaria, los profesores de Harvard le consiguieron un humilde empleo en Cambridge; explicándole que en el ambiente de Harvard le sería más fácil adelantar en sus estudios. Así fue como Albizu abandonó Vermont y se fue a Cambridge.

Albizu Campos se recibió de la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard y de la Escuela de Derecho de dicha universidad. Fue en Harvard que se desarrollaron dos poderosas influencias en su vida: Su conversión al catolicismo (Albizu había salido de Ponce muy impresionado por la corriente de ideas teosóficas por aquel tiempo en boga de dicha ciudad) y el nacionalismo irlandés. Un sacerdote católico, el Padre Ryan (aparentemente quien lo guió a la comunión), y un sabio catalán, el Padre Luis Rodes (que durante muchos años fue director del Observatorio del Ebro), parecen haber sido las personas que le dieron a Albizu la rara pista para combinar la ciencia con la fe, su misticismo con su sentido práctico.

Al iniciarse la Primera Guerra Mundial, Albizu ingresó al Cuerpo de Cadetes de Harvard, organizado para formar oficiales por una Misión Militar Francesa, bajo la dirección del Coronel Paul Azán. (Como general, y bajo las órdenes del Mariscal Petain, ese mismo Azán se convirtió luego en el sanguinario-pacificador del Marruecos Francés.) Obtenido el grado de oficial, Albizu solicitó servir con tropas puertorriqueñas y fue trasladado con grado de Segundo Teniente al Regimiento 375 de Infantería, destacado en San Juan. Así, pues, al regresar a Puerto Rico después de terminada la guerra y de haberse recibido en Harvard, todos los elementos que combinaban su personalidad estaban listos para proyectarse en la historia de Puerto Rico: esa mezcla de catolicismo y patriotismo, de misticismo y abnegación, típicos del nacionalismo irlandés; el grado de materialismo práctico necesario para abordar objetivamente la política; conocimientos jurídicos y militares, al igual que una concepción providencialista de la historia.

Yo tengo los testimonios de personas que lo conocieron en Ponce, antes de que él, siendo un adolescente, partiera para Estados Unidos; testimonios de su radical posición independentista mientras era estudiante de escuela superior, en su pueblo natal de Ponce. Estos testimonios incluyen el de un distinguido norteamericano, que vivió en Puerto Rico desde los primeros años de su juventud hasta su muerte, acaecida hace solo unos años. Como principal de Escuelas de Ponce,  este norteamericano fue una de las personas que obtuvo para Albizu la beca masónica que le permitió ir a estudiar a Vermont y fue su amigo hasta el último momento: el señor Charles Terry. Otros testimonios incluyen, el de Don Andrés Corazón, renombrado teosofista de Ponce; Don Rafael Rivera Esbri; el distinguido abogado Don Rafael Pérez Marchand, quien cursaba el tercer y cuarto año de escuela superior mientras Albizu cursaba el primero y segundo; y el Licenciado Guillermo Atiles Moreu, quien durante muchos años fue figura destacada entre las fuerzas antitrujillistas y antifranquistas. A estos testimonios debo añadir el propio testimonio de Albizu, quien una y otra vez en público pero también en íntimas conversaciones, siempre defendió a Harvard y negó que allí se le hubiese maltratado. 

 

Fuente: Albizu Campos y La Masacre de Ponce – Juan Antonio Corretjer

 

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