Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

Poemas de Safo

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)

Publicado: miércoles, 14 de marzo de 2018

I

La luna luminosa

huyó con las Pleyadas;

la noche silenciosa

ya llega a la mitad; 

la hora pasó, y en vela

sola en mi lecho, en tanto

suelto la rienda al llanto

sin esperar piedad.

 

II

Amor, que el pecho mío

continamente agita,

es dulce y es impío,

y es más que una avecita

volátil y ligero.

¡Ay! de su dardo fiero,

¿quién consiguió victoria?

Renueva, amada mía,

renueva la memoria

de cuando Atis ardía,

tu dulce amor odiaba

y a Andr6meda estimaba.

 

III

Desciende, Venus bella,

y en las doradas copas

con el suave néctar,

mezcla purpúreas rosas,

y a mis dulces amigos

que tu deidad adoran,

con divinal bebida

inspira y alboroza.

 

IV

Será tal vez hallada

simplecilla labriega,

si dulce amor hirióla

con su dorada flecha,

Amor el rapazuelo

de Venus Citerea,

que con su blanda mano

doma las bravas fieras.

Y la joven hermosa

nacida en la floresta,

siendo de amor tocada,

ya suaviza y templa,

las rústicas costumbres,

la esquivez de la selva,

plegando sus vestidos

con gracia y gentileza.

 

V

De los verdes manzanos

en las frondosas cimas,

con estruendoso ruido

las aguas se deslizan,

las puras frescas aguas

que el peñasco destila;

el delicioso estruendo

de las hojas movidas

del apacible viento

süave sueño inspira,

y con Venus hermosa

soñaba que dormía;

mas de las altas ramas,

del viento sacudida,

una roja manzana

de mi sueño me priva.

 

VI

Al Olimpo volara

si alitas yo tuviera,

cual cándida paloma,

y a Pafia la risueña

mis cuitas contara,

mis amorosas quejas,

y de allí a las alturas

de los montes viniera,

y enlazaran mis brazos

la causa de mi pena:

que el amor dulce amargo

con fiera violencia

mi corazón impele,

le arrebata y le lleva,

cual viento impetuoso

arranca por las selvas

en los excelsos montes

a las encinas gruesas.

 

VII

La graciosa doncella

en apartada estanza

pasa su edad florida

de delicias privada;

sus cuidadosos padres

dicen: -Amor la espanta,

allí vive contenta,

que no quiere de Pafia

las süaves caricias-;

mas, ¡ay!, niña cuitada,

que ya siente tu pecho

las amorosas llamas,

triste, cerrada y sola,

niña y enamorada.

 

VIII

Morirás, bella joven;

ni servirá ser bella,

ni quedará memoria

de ti sobre la tierra,

porque las frescas rosas

no has gozado de Pieria:

y así desconocida

irás a las cavernas

del horroroso Dite,

ni será quien te vea

cuando en las vanas sombras

des fugitivas vueltas.

 

IX

Alzad, alzad la casa,

artífices, que viene

el esposo gallardo,

que a Marte se parece:

al menos muy más alto,

muy más robusto y fuerte

que los más esforzados

que la ciudad contiene.

Todos de una vez toman

y de sus asas tienen

la gran Carkesia copa,

y libación ofrecen,

felicidad, delicias,

eternos, justos bienes,

al esposo desean,

y el dulce vino beben.

De todas las doncellas,

tu venturosa suerte

la más linda te ha dado,

ni hallarse otra tal puede:

la dulce joven bella,

por quien tú tantas veces

tiernos suspiros dabas,

hoy a tus brazos viene;

no envidies a los dioses,

si tu ventura entiendes.

 

X

Amor bulle en mi pecho

y sin cesar voltea

mi corazón amante

y acá y allá le lleva;

mis miembros desenlaza

su poderosa diestra,

y en viéndome rendido

ya me desprecia y vuela;

tiene sus lindas alas

cual ave, mas es fiera,

y dulce y apacible,

y de indomable fuerza.

Atis, de tu abandono

al crudo Amor te queja,

que en los ojos me abrasa

de Andrómeda la bella.

 

XI

Esperio, luz hermosa

de Venus la rosada,

que los tiernos deseos

y enamoradas ansias

benigna satisfaces,

tú conduces a casa

el delicioso fruto

que las almas encanta,

el manchado rebaño

de las ligeras Cabras,

y con su dulce madre

la niña que las guarda.

  (0) Comentarios




claritienda Del desorden habitual