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El tao de los estudiantes: el desafío ejemplar

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Por Carlos R. Alberty Fragoso

Publicado: miércoles, 5 de abril de 2017

“El pueblo es difícil de gobernar porque el rey actúa en beneficio de sus propios intereses” 

Lao-Tse en el Tao Te Ching LXXV

 

Como el reino de las opiniones es más grande que el de las Ideas de Platón, yo también quiero decir la mía. 

Esta es la situación: la Junta de Control le ordena al Gobernador y este le ordena a la UPR. El Gobernador ya decidió obedecer, y parece que la administración ha escogido el mismo camino. (Esta imagen o metáfora tradicional del camino es importante porque tiene connotaciones éticas.) Pero los estudiantes han decidido desobedecer y desafiar el poder de la Junta, la obediencia y complicidad del gobernador y de la administración universitaria. La administración universitaria pudo o todavía podría desobedecer y decirle que no al gobernador, pero no parece que vaya a hacerlo. Aunque siempre podría cambiar su posición. Acaso renunciar y abrirle el camino a otros administradores universitarios. Quién sabe. Precisamente, una de las propuestas aprobadas en la Asamblea del claustro de profesores el martes 28 de marzo fue que la Junta de Gobierno de la UPR le dejara el gobierno de la Universidad a la Junta Universitaria hasta el 11 de junio, que es una instancia con mayor representatividad de la comunidad universitaria.

Se ha dicho que la decisión de los estudiantes pone en peligro a la Universidad facilitándole el curso de acción bárbara a la Junta. Se aduce que las exigencias o reclamos estudiantiles adolecen de una gran falta: la imposibilidad de convertirse en realidad. Como si la derrota estuviera inscrita en la naturaleza misma de los reclamos. Es decir, según dicha lógica, es imposible que los interlocutores, o sea, la Junta de Control, el gobernador y la administración universitaria les hagan caso a los estudiantes. Lógica interesante: la argumentación se basa en la derrota de antemano. Se dice, pues, que una huelga indefinida jamás podrá vencer, porque el gobierno de Puerto Rico no va a plegarse a los reclamos de los estudiantes. Bueno, pues, sí y no. Quién sabe el futuro. Hay que preguntarse, ¿desde cuándo o por qué las dificultades que podría enfrentar un reclamo legítimo (como es el de los estudiantes) deben cancelar precisamente el movimiento y a los protagonistas del reclamo? Los estudiantes, sin tener poder político ni económico, han elegido el camino ético del desafío a la injusticia y el atropello. Sus propósitos son legítimos y careciendo de la fuerza para hacerlos valer, según se dice, no obstante, se van al paro y, luego, tal vez, a una huelga. ¿No es admirable tal arrojo? Los estudiantes carecen de grandes recursos y podrían estar poniendo en riesgo lo poco que tienen. Algunos pensarán que es tonto, descabellado, iluso, inmaduro, suicida, estúpido, etc. Hacen lo que debiera hacer el país, que aunque tiene poco, tiene más que ellos.

También se alerta de la amenaza de la desacreditación por parte de la Middle States, que planea como la gran sombra del Apocalipsis o el Armagedón. Tal vez. Pero, hay que preguntarse, ¿cuántas universidades en el mundo carecen de la sacrosanta acreditación de la susodicha entidad y funcionan de lo más bien? Sí, otras universidades en el mundo tienen sus apocalipsis y armagedones, pero estos no tienen que ver con la Middle States.

Algunas voces también advierten de la pérdida de dinero en becas federales etc. Tal vez. Lo más probable. Nadie sabe el futuro. Pero habría que preguntarse, ¿no es este un buen momento o no ha llegado ya la ocasión de que la Universidad rompa con la dependencia e invente otro modo de mantenerse a sí misma, empezando con una nueva ley universitaria, con verdadera autonomía y otro modelo de autogobierno?

También se dice que los estudiantes se han lanzado a una acción prematura, que los estudiantes deben dar espacio a la discusión entre los varios sectores dentro de la Universidad para que se produzcan ideas y propuestas de la comunidad universitaria etc. Pues bien, esto suena contradictorio. No quiero decir con esto que me opongo a la deliberación universitaria. Señalo la contradicción de plantear la esperanza de que, sin protestar de forma enérgica, la comunidad universitaria sea oída por la Junta y el Gobierno, y a la vez, plantear que los estudiantes serán desoídos si se lanzan a la protesta más enérgica que es el paro. 

Más allá de las palabras como “paro” o “huelga”, la acción estudiantil constituye una manifestación, una expresión de protesta e indignación para la cual hay razones. Tal vez la discusión de la oposición Universidad abierta/cerrada sea un pensar metafórico desafortunado. Acaso la sinécdoque –tomar la parte por el todo– de la imagen de los portones sea una encerrona. La Universidad no son los portones, eso es tomar una pequeñísima parte de la construcción como si fuera el todo que es la Universidad. Lo que tiene que estar abierto es el espíritu, la mente, para ver el momento histórico del país y la acción correcta necesaria, no dictada por el miedo ni por oportunismos partidistas, sino por la visión del bien común con verdaderas mayúsculas y no como un cliché. Podría estar abierta la Universidad, se podrían derrumbar, literalmente, todos los muros, las verjas y los portones, y podría estar todavía cerrada por no haber espíritu de búsqueda de la verdad ni compromiso con la transformación genuina del país. Podría estar “abierta” y no pasar de ser una obediente agencia más de gobierno. 

La deliberación sobre la conveniencia del paro y la huelga ya ocurrió. Eso es parte esencial de las coordenadas de la situación. 

Se dice que la Junta de Control tiene el poder y manda. Es cierto que la Junta escribe cartas que envían por la vía electrónica y en las que le ordenan cosas al gobernador, y que luego leemos en la prensa. Pero si no hay quien obedezca esas palabras, no hay tal poder. En mi opinión, los estudiantes nos están enseñando a leer desde la libertad.  

 

El autor es profesor universitario en la UPR, Río Piedras.

 

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