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¿Por qué envejece la ciencia-ficción?

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Publicado: miércoles, 14 de marzo de 2018

Igor Bestuzhev Lada*

 
Todas las obras de ficción científica desde los tiempos antiguos hasta los años 40 de nuestro siglo- hasta La máquina del tiempo de Herbert Wells, El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov y La cabeza del profesor Dawel de Alexander Beláiev- podrían caber en dos o tres estanterías. En el tercer cuarto de nuestro siglo se ha escrito tanto como para abastecer una biblioteca urbana. Cientos de veces se ha sacado partido de todas las tramas posibles, El tiempo y el espacio han hollado y pisoteado en todas direcciones como la plaza de una estación, Ya no queda rincón de nuestro universo (y tampoco en algún otro) donde en el momento menos pensado del pasado, presente o futuro no ponga su planta el protagonista de una novela de ciencia-ficción. y cuando se descubre un planeta virgen, o sea, tiene lugar otro milagro, lo consideramos un gran acontecimiento en la ciencia ficción, y le entregamos al escritor un diploma de honor, pero sin embargo esperamos algo más, que supere aunque sea 1 mm lo que ya se ha escrito y creado en este género tan atractivo. Y resulta atractivo en primer lugar porque proporciona a la mente audaz posibilidades ilimitadas de romper la rutina, mostrar lo habitual con un enfoque inesperado y dar vida a las ideas más descabelladas.

Pero hoy por desgracia, los estereotipos pasan de libro a libro, nos ofrecen tramas que ya nos tienen aburridos y toda clase de variantes de capitanes Nemo de Julio Verne, hombres invisibles de Wells, innumerables planetas pensantes, donde se plantean los mismos problemas de Stanislaw Lem en Solaris. Son pocos los escritores que no citan las leídas y releídas tres leyes de la robótica de Isaac Asimov. Y no es frecuente que al encontrarnos de nuevo con los personajes de las obras de ciencia-ficción experimentemos la misma sensación que antes. ¿Tal vez la ciencia-ficción sea como el amor? ¿El primero trastorna para toda la vida y luego, cuantos más son, menos nos afectan? No quisiera que fuera así.

Lo que más me entristece es que los veteranos, uno tras otro, abandonan la ciencia-ficción y se especializan en otros géneros literarios. los escritores amigos me dicen que ahora es mucho más difícil crear algo nuevo que 20-30 años atrás, cuando todo “sólo comenzaba”. Y también es más complicado que lo publiquen a uno. Cada vez son más quienes desean probar sus fuerzas en esta esfera e incluso los científicos serios toman la pluma y se presentan como autores de novelas y cuentos de ciencia ficción.

Al hacerse tan abundante y copiosa, esta literatura se encontró de pronto en una encrucijada o, utilizando el lenguaje tecnológico, en una zona de anomalía y gira en distintas direcciones como una aguja de brújula confusa y nerviosa. Lo mejor que he leído de lo que se ha escrito últimamente no supera a lo anterior. ¡Cómo desearía que fuera al revés!

A menudo nuestra vida actual se adelanta a la ciencia-ficción, que pretende ser pronóstico. El presente deja atrás al futuro: es la triste paradoja que se observa en esté género.

La realidad de los años 80 –sin hablar ya de los futuros 90 y demás– es más sorprendente que cualquier invención literaria. la sociedad del futuro, probablemente, se compondrá de personas multifacéticamente desarrolladas que sabrán hacerlo todo. A la vez, la sociedad en la que vivirán nuestros hijos se topará con todos nuestros defectos y ventajas y deberá resolver bastantes problemas.

El hombre entra a un mundo donde lo espera un televisor de nuevo tipo con “efecto de presencia” en cualquier espectáculo, con teleproyección de cualquier texto desde los depósitos de la información y con videofono a toda pantalla. No habrá que asistir a la escuela o al trabajo en busca de información, pero sí habrá que ir a la escuela, al trabajo y a una cita con la amada para seguir siendo un ser humano y no convertirse en un Mowgli de la selva electrónica.

El hombre entra en un mundo donde la ordenadora personal está siempre dispuesta a sugerirle la mejor variante para todos los casos de la vida. No hará falta ni reflexionar, sentir, y volver a reflexionar para no convertirse en un “organismo cibernético”. 

Desaparece ante nuestros ojos el antes estrictamente reglamentado –y hasta ritualizado– trabajo, vida casera, ocio. Se abren posibilidades infinitas para la automanifestación del individuo. Pero, ¿estará preparado el mismo individuo para estos cambios?

Por último, entramos en un mundo donde la todopoderosa técnica en manos de un monstruo puede llevar la Tierra a una catástrofe global mucho más terrible que las pesadillas inventadas por los escritores de Ciencia-ficción. Y la lucha por la paz obtiene nuevas fuerzas y nuevo sentido. ¿Acaso es tan fantástica la teoría propuesta hace poco por varios científicos según la cual la humanidad está sola en el Universo, o al menos en la parte adyacente del Universo? Si es así, debemos conquistar la Galaxia solos, con nuestros propios recursos, sin ayuda de los seres extraterrestres. A propósito, la ciencia-ficción contemporánea desprecia sin motivo este tema.

En una palabra, si nos referimos a las nuevas concepciones de la ciencia, ellas son justamente las que impulsan a los maestros de este género a una cuidadosa revisión de arsenales, donde hay muchas cosas vetustas que ya nos tienen hartos y aburridos. Pero lo que más esperan los lectores son nuevos personajes con los que puedan encariñarse tanto como con los anteriores. Por eso cada vez que uno abre una nueva novela o cuento espera un milagro de ese encuentro.

Uno se cansa de esperar. Porque quiere creer que la ciencia-ficción está aún lejos de envejecer.

 

Esta nota se publicó en Sputnik, selecciones de la prensa soviética, en su edición de agosto de 1986. pp.124-127. El autor, Bestuzhev-Lada (1927-2015), era un sociólogo, historiador y futurólogo ruso. Causó polémicas con artículos sobre las atrocidades de Stalin a finales de los años ’80. Entre sus artículos publicados la ciencia-ficción ocupa un lugar importante. Sobre otros temas futurológicos puede leerse: Socialism in the 21st century Igor Bestuzhev-Lada India International Centre Quarterly. Vol. 15/16, Vol. 15, no. 4/Vol. 16, no. 1: Futures (Winter 1988/Spring 1989), pp. 69-81.

 

 

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