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Lloréns en la voz de Andrés Jiménez El Jíbaro

Luis Lloréns Torres
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Por Eduardo Villanueva Serrano

Publicado: lunes, 17 de noviembre de 2014

    Esta nueva propuesta de Andrés Jiménez El Jíbaro sobre la poesía de Luis Lloréns Torres es un homenaje muy merecido. Lloréns es un poeta modernista, de alto tema criollo hispanoamericano y nacional. Ejemplo del poeta consumado que versifica su origen e identidad y llena los versos de fauna, flora y una lírica erotizante. 

De manera muy justa escuchamos a Andrés cantar a Lloréns en compases de música brava, tonalidades del sur de España y suramericanas. No debemos pasar por alto la capacidad del maestro Modesto Nieves y de su hijo Christian en el logro de tal sonido como arreglistas e instrumentistas principales de esta obra, así como de los demás compañeros, para tan importante trabajo documental. 

Andrés logra así interpretar a Lloréns Torres en una muestra de once poemas-canciones. Lleno de metro y rima, preferiblemente octosílabos en distintas formas decimales, coplas, cuartetas y redondillas. 

Comenzando con Copla lejana donde entra a escena con unas décimas que muestran las vertientes de la poesía Llorénsiana (modernismo, criollismo y su erotismo). Le sucede El Valle de Collores quizás el poema que históricamente más nos acerca a Lloréns. ¿Quién dentro del sistema de Educación Pública en Puerto Rico no tuvo que aprenderlo para el día de la graduación o la Fiesta de la Lengua?

Siempre vigente y lleno de símiles, metáforas puras y otras imágenes con un contenido filosófico. Esta vez cantado en uno de los seises más antiguos del folclor puertorriqueño, el Seis de Bayaney.

Para refrescar un poco y llenar de colores un poema pintoresco que entremezcla símbolos nacionales con atributos femeninos llegamos a Mayagüez sabe a mangó en un ritmo propio de la plena.

Le sucede La hija del viejo Pancho, poema en décimas de unas imágenes rurales y en el cual Lloréns muestra una visión pasiva de la mujer obrera y compañera íntima en un estilo de Punto Cubano que, aunque es una aplicación del Punto Güajiro, en el pentagrama puertorriqueño se cuentan los compases de los silencios y se respetan, tanto por los instrumentistas como por los intérpretes más tradicionalistas de nuestro folclor. Inmediatamente llegan las Seguidillas de Juan Bobo acompasadas en ritmo de “country music” que compenetra excelentemente con la lírica traída por Lloréns logrando una excelente sátira política. Ya en ese viaje, llega Ondas Sureñas con una interpretación magistral del canto y la música del sur de nuestro continente creando así una ilusión enriquecedora a un panorama hispanoamericano. 

Regresa entonces El Jíbaro, a interpretar el extenso, pero bien logrado poema, La Mujer Puertorriqueña, en el cual el intérprete recurre a utilizar varias herramientas vocales e instrumentales para crear una atmósfera más llevadera y no tener que fragmentar tan hermosa obra. 

Andrés Jiménez entonces nos trae Mariyandás de mi gallo, obra que se asemeja a la constante del jíbaro en este tipo de temática. Además, es ésa una de las grandes muestras de la zoología erótica tan constante durante toda la obra de Lloréns Torres. Tomo como ejemplo el verso “gallo que los tiene azules” donde hace alusión al refranero popular puertorriqueño que reza “ése los tiene azules” en referencia directa a la virilidad; los músicos, mientras tanto, ejecutan el ritmo tan disciplinado que hacen paseos de cuerdas a voces como los que hiciera en un tiempo el grupo Taller Boricua. 

Se abre la puerta para dar paso a una de las piezas emblemáticas de “El Jíbaro de Collores”, El patito feo. Aunque hace muchos años, Andrés Jiménez la interpretó magistralmente con el acompañamiento entonces de los Hermanos Colón Zayas, en esta nueva versión aunque hay la misma pasión y es en el mismo género de seis con décima, los músicos buscan su propia esquina. Traen un arreglo con más trémulos y un marco con la danza La Borinqueña matizada bajo la declamación donde Andrés a su vez, corrige algunos versos y completa la obra declamando la estrofa final, ausente en la versión primera. 

Así las cosas ya en la penúltima pieza escuchamos Trova Guajira, interpretada en un seis español. Estilo antiguo puertorriqueño con una cadencia muy andaluza y gitanesca. Andrés le imprime fuerza a esta letra de proposición romántica y erótica mientras los músicos juegan con elementos del folclor ibérico. 

Y llega el fin, Trova De Reyes, como en las parrandas de la vieja tradición campesina, al compás de un seis chorreao. Fascinante resulta escuchar la guitarra bien criolla y abaná y el cuatro como bailando entre una percusión en compases de dos por cuatro dándole una vestidura rural y de un acento muy puertorriqueño para sellar la manifestación de esta obra. 

Andrés Jiménez plasma dignamente algunas de las letras de un poeta siempre vigente, “El más necesario” como lo nombrara el poeta nacional puertorriqueño don Juan Antonio Corretjer. 

¡Gracias, Jíbaro, por traer a las nuevas generaciones la poesía Llorénsiana y con ella la reafirmación de lo que somos! 

 

El autor es trovador. Palabras pronunciadas en la presentación del disco en la librería El Candil en Ponce.Disponible en la CLARITIENDA.

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