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Antonio Cruz Colón, Héroe Nacional de la Patria Puertorriqueña, 1928-2014

Toñito Cruz Colón
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Por Mario Rodríguez León

Publicado: lunes, 17 de noviembre de 2014

Al buen amigo y compañero, el actorJerry Segarra, Cadete de la República y fiel discípulo de Antonio Cruz Colón.

 

 

    Si en la historia del nacionalismo puertorriqueño solamente se hubiesen destacado Pedro Albizu Campos, Laura Meneses del Carpio, Lolita Lebrón, Isabel Rosado Morales, Blanca Canales, Estanislao Lugo, Francisco Matos Paoli, Juan Antonio Corretjer, Antonio Cruz Colón y Rafael Cancel Miranda, bastaría para sentirnos orgullosos de la pléyade de egregios héroes, heroínas y mártires de la Patria puertorriqueña. Pero todos y todas sabemos muy bien que la lista de insignes nacionalistas en Puerto Rico es de cientos y miles, cuyo total, como el de las estrellas del cielo, es difícil de poder precisar, aún cuando esperamos que con la ayuda de nuestro Dios, podamos concluir la investigación histórica que estamos realizando sobre los hombres y mujeres del nacionalismo puertorriqueño.

El viernes 17 de octubre de 2014, que amaneció con el cuerpo sin vida de un gigante del nacionalismo puertorriqueño, al recorrer las carreteras por los pueblos de la Isla para llegar a Jayuya me percaté con profunda tristeza en el corazón de que la bandera nacional de Puerto Rico que tantas veces enarboló y que tanto honró con su egregia vida Antonio Cruz Colón no flotaba a media asta y en un instante, como en el de un rayo fulminante, comprendí cómo en la colonia puertorriqueña no se honra ni se rinde tributo de honor a sus grandes hombres y mujeres. El coloniaje, peor que el ébola, todo lo destruye, en particular eliminando todo resquicio de conciencia nacional. En 1932 señalaba el Maestro Pedro Albizu Campos lo siguiente: “…porque la salvación de los pueblos está en el culto a su independencia y a la memoria de los hombres que a ella se consagran”. Pero las oscuras y tenebrosas tinieblas del coloniaje no pueden eclipsar el que estemos hoy aquí en este histórico recinto que fue la casa de la ilustre familia Canales en la heroica ciudad de Jayuya donde, como en otros lugares, se escenificó la Revolución nacionalista de 1930 en la cual participó activamente Antonio Cruz Colón. 

¿Quién fue este extraordinario ser humano a quien por la gracia de Dios, tuve el gran privilegio y el honor de conocer? Por muchos años pude nutrirme de su nobleza moral, su fecunda sabiduría, el testimonio de su inquebrantable fe católica, su inteligencia brillante, su lealtad al nacionalismo albizuista y la profunda y auténtica verticalidad de los hombres libres que nacieron para fecundar la tierra con la semilla gloriosa de la justicia, la misericordia y la libertad.

Antonio Cruz Colón nació en Ciales, Puerto Rico el 10 de mayo de 1928 en un hogar de raigambre campesina y catolicismo popular y de cuyo matrimonio, el de sus padres se procrearon ocho hijos. Antonio es hijo de Esmeraldo Cruz Aponte natural de Villalba y Rosa Colón Corredán, natural de Juana Díaz. Desde pequeño Antonio Cruz Colón mantuvo siempre un profundo amor por su tierra natal. Hombre de aguda inteligencia natural y de gran sensibilidad humana, fue siempre un caballero, un jíbaro puertorriqueño cuya nobleza espiritual se reflejaba en cada acto y ejecutoria de su ejemplar estilo de vida, siempre al servicio de las causas nobles y del bien común. Como su Maestro Albizu Campos, “Toñito” siempre vivió una pobreza revolucionaria y evangélica. Hombre de trabajo y disciplina, amante de la agricultura, por su indómito carácter de guerrero y valiente luchador siempre fue fiel a su pensamiento político a favor de la independencia de Puerto Rico y la soberanía de todas las naciones del mundo. 

Nunca olvidaré aquel 4 de julio del año 2003 cuando, reunidos en su hogar en Adjuntas, Rosa Emilia Albizu Campos, su entrañable hermana Laura Esperanza, Ramón Luis Cruz Lamoutte, Gloria M. León Collazo y este servidor conversamos con Antonio Cruz Colón, quien nos habló así de su niñez: “yo puedo decir que empecé a tener conexión indirecta con Don Pedro, en la escuela de la Sucesión de los Meléndez, que era una finca de ricos que se la vendieron al gobierno para hacer una escuela. Era de esas casonas de antes, de ausubo y de higüerillo. En esa escuela estudiamos nosotros porque un día viene un muchacho y me dice: “Esa bandera que está ahí no es la de nosotros”. Se refería a la bandera americana. Yo le dije que no había visto otra bandera, y la de Puerto Rico la tenían escondida y nadie la podía tener afuera. Él se llamaba Virgilio Torres y era hijo de Cándida Collazo, quien había estado tres años presa por labores revolucionarias en Ponce. Esa mujer fue la que me hizo nacionalista. Entonces yo le dije a Virgilio: ‘me tienes que llevar a tu casa’ y él me llevó por dentro del monte a la Hacienda del Retiro, que era donde vivían ellos. Salimos a las cuatro de la tarde de la escuela y llegamos como a las seis; dos horas de camino por ese monte. Cuando llegamos estaba ella parada en la puerta era una señora bajita, gordita. Yo le dije que quería conocer la bandera de Puerto Rico y ‘que su hijo me dice que usted la tiene’. Ella me llevó, ¡y lo que tenía era un santuario patriótico! Estamos hablando como por el año 1941. Entonces voy a la escuela y dejé de saludar la bandera americana. Entonces me busqué problemas porque un maestro me quería obligar a saludar a la bandera americana. En la escuela dos maestros, Josefa Ramos, que era esposa, y Angel Natal. Ellos dos eran mis maestros y me dijeron que si yo no cambiaba mi actitud tendría que quedarme en mi casa, porque según ellos yo era un mal ejemplo para los otros estudiantes. Entonces me quedé en casa y me hicieron una evaluación psicológica en Ciales, porque ellos creyeron que yo estaba mal psicológicamente porque no quería saludar la bandera americana. Entonces el psicólogo le dijo al maestro: ‘Ése (refiriéndose a mí) está mejor que nosotros; se lo pueden llevar’. Me hicieron un intenso interrogatorio: quién era el que me visitaba, adónde era que yo iba. Entonces yo me fui a una finquita que el viejo mío consiguió, porque antes con dos o tres puercos que uno vendiera compraba dos o tres cuerdas de terreno. Mi papá consiguió siete cuerdas de terreno. Desde entonces he saludado siempre a la bandera puertorriqueña”.

Fue Elio Torresola, hermano de Griselio Torresola, la persona que llevó a “Toñito” Cruz Colón a conocer a Don Pedro Albizu Campos en 1948 y ese mismo año que él en Jayuya comenzó a formar parte del cuerpo de los Cadetes de la República de Puerto Rico y fue adquiriendo una sólida formación política e ideológica. A Elio Torresola, quien junto con Antonio Cruz Colón y Carlos Irrizary participó en la Revolución en Jayuya en 1950, le dieron 174 años de cárcel. “Toñito” Cruz Colón, quien fue sentenciado a cumplir 140 años de prisión, al evocar los hechos de la Revolución Nacionalista del 30 de octubre de 1950, me narró lo siguiente: 

“El plan original era que cada cual en su pueblo estuviera preparado para las doce del día, cuando esperaría la revolución. Lo que pasó fue que, como ocurre en todas las organizaciones donde no hay mayor disciplina, unos se adelantaron. Por ejemplo, en Macaná. En Peñuelas fue donde empezó el primer tiroteo y allí se adelantaron. El plan era de al mediodía, atacando todo el mundo en un sitio y a la misma hora. Murió tiroteando el ingeniero Guillermo González Ubides”. El 30 de octubre en Jayuya Blanca Canales se subió al techo de la farmacia de Guillermo Hernández, enarboló la bandera nacional y proclamó la República de Puerto Rico. Mientras tanto “Toñito” Cruz Colón y otros nacionalistas se encontraban enfrentados a tiros con la Policía. Fueron arrestados y conducidos al Oso Blanco en Rio Piedras. Por espacio de veintidos años Antonio Cruz Colón estuvo preso, primero en Arecibo y luego en las ergástulas del “Oso Blanco” en Río Piedras. En esa prisión estuvo también, entre otros, el poeta Francisco Matos Paoli. “Toñito” rehusó siempre salir de la cárcel hasta que todos los nacionalistas fueran puestos en libertad. Antonio Cruz Colón y cinco fueron excarcelados por el gobernador Luis A. Ferré en 1972. En 1975 “Toñito” contrajo matrimonio con una extraordinaria mujer natural de Jayuya de nombre Gladys Rodríguez Negrón y junto a ella formó una hermosa familia con sus hijos: Gladys Zenaida, Pedro Antonio, Luis Enrique y Pedro Luis. Cuando en compañía de Laura Albizu Campos, sus hijas Rosa y María Cristina, el buen amigo Ramón Luís Cruz Lamoutte y mi distinguida madre Gloria M. León Collazo, visité en Adjuntas a la familia Cruz-Rodríguez, fueron aquellos unos momentos memorables, de compañerismo y solidaridad en los que nunca faltaban lo mejor de la gastronomía criolla, el buen trago de pitorro y la música Jíbara. En la residencia de Antonio Cruz Colón en el barrio “Vaca Saltillo” en Adjuntas, que es un santuario de la Patria puertorriqueña, siempre estaba flotando la bandera monoestrellada. Nadie se extraviaba para llegar al hogar de “Toñito”, porque la bandera puertorriqueña, como la estrella de Belén, era el signo guía que nos conducía hasta aquel altar de la Patria. Antonio Cruz Colón siempre recibía a sus visitantes con una sonrisa de hombre bondadoso y hospitalario y siempre nos deleitaba con su sabiduría campesina, sus anécdotas, sus historias y recuerdos de sus años en prisión y nos dictaba clases sobre la historia del nacionalismo puertorriqueño. Admiré siempre en él al hombre cabal, de una pieza, al hombre ético, vertical, humilde y buen cristiano graduado con grandes honores en la gran universidad de la vida, sin pretensiones ni simulacros, pues fue un hombre de acero moldeado en el yunque, a fuego y martillo, en la escuela del Maestro Albizu Campos, de “valor y sacrificio”. Unas cualidades que adornaban su singular personalidad y que siempre admiré en él además de su auténtico patriotismo su radical honestidad, su humildad franciscana y la sabiduría espiritual que destilaba a través de su lúcida memoria y su fortaleza interior.

Antonio Cruz Colón representa lo más auténtico y noble de la Nación puertorriqueña. Sus valores cristianos eran acción y vida, siempre al servicio de las causas justas y en la defensa de los más pobres y necesitados. ¿Cómo no recordar su combativa resistencia en la lucha por sacar a la Marina de Guerra de los Estados Unidos de las islas de Culebra y de Vieques? Siempre en cada manifestación del Partido Nacionalista con dinero o sin ello, a pie o en auto, a pleno sol o de noche, don Antonio Cruz Colón siempre estaba vestido con los colores negro y blanco, con el uniforme de los Cadetes de la República de Puerto Rico, que era el signo visible de su identidad como buen nacionalista. Nunca faltaba a los actos del Grito de Lares marchando con la bandera puertorriqueña. La última vez que le oí fue en un discurso el 25 de julio de este año en Guánica denunciando enérgicamente la deleznable presencia imperialista de los Estados Unidos en Puerto Rico. 

El héroe nacional Antonio Cruz Colón fue un hombre de tierra adentro, de raíces profundas, de viril ternura poética, amante del buen verso y la décima puertorriqueña. Fue un sembrador de sueños y grandes ideales cuya semilla revolucionaria, como la del girasol, siempre miraba hacia el sol, porque él, “Toñito” era quien le daba luz a la gran estrella solar y no a la inversa. Su corazón de fuego latía con fuerza vibrante en cada pueblo y cada rincón de su amada patria, Antonio Cruz Colón se le debe otorgar póstumamente el máximo honor, la Estrella de Oro de Héroe Nacional de Puerto Rico. Como ya hemos señalado fue un acérrimo defensor de la independencia de Puerto Rico.Visitó ofreciendo charlas y testimonios de su vida política y revolucionaria países como Cuba, Venezuela y los Estados Unidos. En junio del 2012, en el Ateneo Puertorriqueño Antonio Cruz Colón fue electo Presidente del Partido Nacionalista, movimiento libertador de Puerto Rico. En mi vida, pocos hombres he conocido con tan altos quilates humanos y que al partir hacia la eternidad nos deja con un dolor profundo, un vacío difícil de poder llenar porque fue una persona distinguida, muy querida y amada, irrepetible, cuyo nombre en la tumba debe ser grabado en letras de oro fino. ¡Honor y honra a quien honor merece! ¡Gracias Comandante Antonio Cruz Colón; la Patria puertorriqueña se inclina reverentemente ante tus restos mortales, ante tu egregia vida al servicio de la Justicia y de la Libertad! ¡Que descase en paz! 

Amén.

 

Palabras pronunciadas en la Casa Museo Blanca Canales el lunes 20 de octubre de 2014 en Jayuya.

 

El autor es un fraile dominico puertorriqueño. Síndico, historiador y profesor de la Universidad Central de Bayamón. Director de la revista CruzAnsata(UCB). Director de la sección de Historia del Ateneo Puertorriqueño.

 

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