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Los que se fueron

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Por Juan E. Hernández Cruz

Publicado: martes, 3 de abril de 2018

Una pregunta que siempre surge en el proceso migratorio es sobre la suerte del que emigra, del que se fue. En Puerto Rico solemos tener la impresión errónea de que el que emigra a Estados Unidos ha resuelto todos sus problemas, sobre todo los económicos; que consiguió un buen empleo, vivienda y una buena escuela para sus hijos. También nos preguntamos cómo habrá sido la recepción en su nuevo entorno. 

 De los que se fueron después del huracán María sabemos poco. Tomará algún tiempo para que los estudiosos de la emigración nos produzcan estudios empíricos que reflejen la verdadera condición de éstos. El censo decenal de los Estados Unidos tardará hasta el 2020, con la información más precisa, basada en proyecciones confiables.

Por ahora lo que tenemos es la información periodística, las entrevistas a los inmigrantes, que aunque no es información empírica, mediante un análisis de contenido podemos determinar indicios, actitudes y tendencias. Esta información tampoco se puede considerar que es al azar, por haber un elemento de selección, de subjetividad en cómo el periodista escoge y presenta la noticia, al igual que del posible interés del periódico al publicarla: sensacionalismo, influenciar la política pública, otro. 

Aun así cuando revisamos un grupo de noticias en los meses subsiguientes al evento meteorológico, podemos descubrir datos que nos revelan mucho sobre la verdadera condición de los inmigrantes. El primer artículo en cuestión de Paul Brikman del Orlando Sentinel nos informa sobre las cifras o números de los recién llegados. Se cuestiona la exactitud de la cifra de “evacuados” ofrecida por el gobernador Rick Scott, quien la estima en 300,000.

Esa cantidad es puesta en duda, de acuerdo al artículo en cuestión, por tres profesores universitarios quienes estudian la inmigración y dudan de las fuentes que emplea el gobernador. Mientras que el gobernador Scott utiliza las cifras de las líneas aéreas que vuelan a Orlando, Miami y Tampa y que son obtenidas de la División de Manejo de Emergencias, éstas incluyen todo tipo de pasajeros: hombres de negocio, periodistas y viajeros regulares, entre otros. Los tres profesores mencionados, entre los que están un economista y un director de un Centro de Investigación sostienen que el número real de los que inmigraron sea probablemente unos 50,000, basándose en los números de matriculados en el sistema escolar y los que solicitan ayuda social del estado. 

El tener un número confiable de nuevos inmigrantes para el desarrollo de un plan de servicios gubernamentales, entre los cuales se incluyen las escuelas, las viviendas y otros servicios estatales, sirve también para sustentar peticiones de fondos al gobierno federal y desarrollar política pública al respecto. Y en última instancia la población en general se mantiene también informada del impacto que un número significativo de nuevos residentes pueda tener sobre el equilibrio social de sus comunidades.

En una publicación anterior en el Orlando Sentinel el gobernador de Florida, Rick Scott escribe una columna titulada Florida se levanta con Puerto Rico en la cual comienza estableciendo que “cientos de miles de puertorriqueños se han mudado a la Florida” y que en sus viajes a través del estado ha escuchado a incontables ciudadanos que le han expresado cuán importante es el “apoyar a estas familias”. Hace una apología del estado, que él describe como “melting pot” (crisol de razas y culturas), donde se hablan más de 250 lenguas y “orgullosamente se reciben gentes de todas partes del mundo todos los días”. Anuncia que Florida fue el único estado dispuesto a entrar en un contrato de “estado huésped” con la Agencia Federal de Manejo de Emergencia para servir mejor a esas familias puertorriqueñas. A esos propósitos, ordenó también la apertura de Centros de Asistencia en el Aeropuerto Internacional de Orlando. El gobernador Scott está presentando los hechos a sus electores, pero también está enviando un mensaje subliminal a los nuevos potenciales electores, y a los hispanos en general, para sus planes políticos futuros y los del partido que él representa, el Republicano.

Durante el mes de diciembre, el periódico Orlando Sentinel siguió publicando otros artículos de primera plana con relatos conmovedores sobre los puertorriqueños que arribaban a Florida. Aunque hay un elemento de sensacionalismo en ellos, son reveladores respecto a qué esperar en el nuevo ambiente. El primero de éstos (Kate Santich, Evacuados de Puerto Rico están todavía llegando como manadas a Orlando, informa el caso de una mujer de 47 años y su esposo. Ella consiguió un nuevo empleo en Orlando como cajera en un establecimiento de comida en una parada del “turnpike” o autopista (en Puerto Rico era gerente regional de ventas). Su esposo, quien era supervisor de un almacén en Puerto Rico, ahora trabaja en la construcción de carreteras en un turno de diez horas al día, seis días a la semana. Junto a sus siete hijos actualmente viven en una habitación sencilla de hotel (single hotel room) “ahorrando para una casa”. 

Otro artículo con el sugestivo título: Maestros evacuados desembarcan con un poquito de suerte, relata la historia de un matrimonio joven que emigró en busca de ayuda médica para la madre de uno de ellos, la acompañaban, pero no tenían intención de quedarse allá. No obstante, en el aeropuerto fueron interceptados por personal del sistema escolar del condado de Orange, que se encontraban en el Centro de Bienvenida y les ofreció empleo. Ambos con preparación en Física, Química y Matemáticas, áreas de difícil reclutamiento, fueron contratados para enseñar Matemáticas. El nuevo empleo significa una degradación en prestigio para ella (igual que los dos casos antes citados), pues enseñaba a nivel universitario en Puerto Rico. Nada se dice de los sueldos que recibirán que aunque posiblemente sean más altos que en Puerto Rico habría que atemperarlos a los gastos en el nuevo contexto. 

 Sus casos, al igual que muchos otros, a todas luces, representan un claro ejemplo de fuga de cerebros. Esto, de acuerdo a la ampliación de ese concepto, incluye científicos e ingenieros, pero también personal de “alta clasificación” y de “experiencia profesional” que se extiende hasta los médicos y maestros de escuela secundaria y primaria (Alesandro Sijil, “El mercado de cerebros”, Editorial Tiempo Nuevo).

 Un último artículo revisado (Lauren Ritchie, Manejo de los estudiantes puertorriqueños en Lake, Orlando Sentinel) indica que unos 5,657 estudiantes puertorriqueños se han matriculado en Florida Central, mayormente en el Condado de Orange, con unos 2,670. Seguido por el Condado de Osceola con 2,198 matriculados y los condados de Lake y Seminole, con menos de 500 estudiantes puertorriqueños matriculados recientemente, cada uno. Esas cantidades se distribuyen con 30 estudiantes o menos por escuela, lo cual no requiere que se contraten nuevos choferes de guaguas, ni maestros. Tampoco ha sido necesario reclutar traductores, ya que existe un equipo de maestros bilingües considerable que ha sido formado a través del tiempo. El sentir de los administradores, es que éstos no son los últimos estudiantes puertorriqueños que llegarán, en lo que ha sido el patrón en los últimos años.

Además de la prensa escrita, la prensa televisiva en Estados Unidos, ha querido conocer también con mayor exactitud la cantidad reciente de inmigrantes puertorriqueños. Así lo han hecho mediante un análisis investigativo titulado: Éxodo de Puerto Rico: una guía visual de los investigadores John D. Sutter y Sergio Hernández de CNN. Reportaje que salió al aire el pasado 21 de febrero de 2018.

Partiendo de la asunción de que éste es el mayor éxodo de puertorriqueños en la historia de Puerto Rico, consideran que es un misterio el alcance y la forma de esa “diáspora”. Por eso presentaron, mediante mapas ilustrativos, datos obtenidos por otras fuentes, además de las cifras obtenidas de las líneas aéreas, proceso que se logró mediante el Acta de Libertad de Información de los Estados Unidos. Esas fuentes fueron FEMA, con un millón de solicitudes de ayuda relacionadas al huracán María desde Puerto Rico y 10,600 desde Estados Unidos; 11,500 nuevas solicitudes de matrícula de niños a las escuelas de Florida; y 6,600 solicitudes de cambio de dirección postal hechas en Estados Unidos. De igual forma ratificaron la cifra del transporte aéreo; 179,000 pasajeros netos desde Puerto Rico durante los meses de septiembre a noviembre de 2017.

Después de presentar las opiniones de expertos en actitudes y movimiento de personas en condiciones de desastres, éstos, los entrevistadores, consideraron que lo que resulta de interés es saber a dónde la gente está yendo. La contestación fue categórica “se han mudado a todos los estados, incluso a Alaska y Hawaii”, ilustrando mediante gráficas el movimiento. No obstante, el énfasis fue en Florida por ser éste el estado que recibió mayor cantidad de inmigrantes después del huracán María.

El punto culminante del programa televisivo fue la pregunta: “¿Qué significa todo esto para la política en Estados Unidos?”. Refiriéndose, por supuesto, a la política partidista y las tendencias ideológicas de los votantes puertorriqueños en los Estados Unidos, que ellos llaman un voto a “la izquierda del centro”. Voto que se ha considerado que puede desestabilizar las elecciones presidenciales y perderse el predominio Republicano en ese estado. 

 En lo que sí están de acuerdo esos expertos es que el éxodo continuará por razones de la deuda externa y de la bancarrota económica de la Isla. Lo cual causará que la Isla se vacíe, que continuará el envejecimiento de su población y de que se atollará más la economía local. 

La preocupación por la cantidad de los inmigrantes puertorriqueños que llegan, en los análisis citados, consciente o inconscientemente, señalan hacia una “minoría étnica”. Minoría que aceleraría lo que Samuel P. Huntington llamó El reto hispano (Foreign Policy, enero-marzo, 2004), reto que es la base del pensamiento actual de la derecha republicana y del Presidente Trump, verbalizado en el reclamo de “que no nos mandan lo mejor”, refiriéndose a México y lo mejor son los “noruegos y escandinavos” por ser blancos y más afines al blanco anglosajón (WASP), grupo dominante en Estados Unidos. Huntington temía que la continua inmigración de hispanos a Estados Unidos, su aumento numérico alarmante (debido a los valores reproductivos), la no asimilación y la resistencia al idioma inglés, constituían un grave reto.

Por eso en la medida que se continúe recopilando información, tendremos un cuadro más claro de la magnitud de la emigración, de la panacea que ello representa para los puertorriqueños y del reto que plantea al balance étnico y racial para los estadounidenses.    

  

El autor es sociologo.

 

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