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María, la que no se olvida

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Por Alina de Lourdes Luciano

Publicado: miércoles, 19 de septiembre de 2018

Era un nombre común, conocemos muchas Marías. Pero esta vez su nombre no estaba asociado a nadie conocido. Un fenómeno atmosférico en ruta a nuestra Isla, lo cambiaría todo. Hubo preparativos. Como en otras tantas ocasiones lo primero fueron las largas filas para abastecernos de suministros escenciales. Tratar de tener un poco de todo, total en tres o cuatro días volveríamos a la normalidad. Pero, con el pasar de las horas, el fenómeno lucía impresionante, y la realidad era que el azote prometía lo peor y no serían tres o cuatro días. 

Nos consolaba que esta vez la mayor parte del huracán se sentiría de día y no de madrugada como en ocasiones anteriores. Las primeras ráfagas y la lluvia mostraron su furia, el ruido del viento hizo temblar al meas fuerte. Lo inevitable pasaba por la isla. Sin electricidad y con la perdida de las comunicaciones, nos invadió la desesperación y el miedo a no saber de familiares y amigos fuera del área metropolitana. La radio fue el hilo conductor que mantuvo a un pueblo unido e informado.

Pasado lo peor, salimos a nuestros alrededores para encontrarnos atrapados en nuestros hogares por la cantidad de troncos de árboles y otros escombros que dejó María a su paso que impedían el poder sacar vehículos y tratar de llevar a nuestros seres queridos.

Decenas de vecinos con sierras portátiles, machetes y sogas se movilizaron para abrir paso y hacer caminos. El paisaje era desolador. Miles de casas sin techo, inundaciones, y lo peor sin idea de cuál sería el plan a seguir. Y para completar sin gasolina.

Como quién despierta de una pesadilla, nos encontramos sin un norte. 

Las ayudas comenzaron a llegar, milles de voluntarios, miles de periodistas de todas partes del mundo pero sin un plan.

Sin plan, sin energía eléctrica y sin idea de cómo resolver, quedamos a espensas de un gobierno central que habló para las gradas mientras un pueblo estaba con hambre, sed y a la deriva. Miles llegaban al Centro de Convenciones de Miramar, sede del Gobierno Central en esta emergencia en busca de noticias de familiares y pescando señal en sus celulares para dejarle saber a los suyos que estaban vivos. Cientos de boricuas cuyos teléfonos funcionaban, los prestaron sin pestañar a compatriotas desconocidos pero unidos en poder ayudar y poner un granito en la crisis.

Los meses pasaron sin plan y entonces vivimos el fracaso de Whitefish, los muertos de María, los vagones perdidos, los vagones encontrados, los vagones de forence y más reciente las botellas de agua en la interperie en una pista de aterrisaje en la Base Roosevelt Roads... cientos continúan sin servicio de energía eléctrica a un año de María y miles de familias han visto partir a los suyos por culpa del desastre.

No me cabe duda de que somos un pueblo fuerte, pero necesitamos unirnos en contra de un gobierno sin plan, que junto a una Junta de Control Fiscal nos ahorca cada día entorpeciendo que podamos levantarnos más eficazmente. Es preocupante porque nuestra fragilidad en infraestructura nos pondría en una situación muy dificil si otro fenómeno nos azota en lo que queda de la temporada de huracanes.

Nuestro gobierno no ha aprendido nada de las lecciones y la cara de pobreza que dejó el paso de María por nuestra Patria y pregunto ¿qué vamos a hacer por lo que nos queda de País?

Luchar es lo que nos queda.

 

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