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El Grito Libertario de Yauco en 1897

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Por Edgardo Pratts

Publicado: martes, 3 de abril de 2018

El 24 de marzo de 1897 un grupo de patriotas puertorriqueños, a la cabeza de los cuales marchaba don Fidel Vélez, atacaron infructuosamente pero valientemente, el puesto militar de Yauco de las Fuerzas Armadas de España. Este levantamiento por la independencia de nuestra patria constituyó la última gestión armada de puertorriqueños contra el imperio español.

Algunos le han restado importancia a esta gesta patriótica alegando que muchos de sus autores intelectuales y otros, terminaron favoreciendo y defendiendo al nuevo régimen luego de la invasión del 98. No obstante es innegable que el movimiento del suroeste de Puerto Rico formó parte de las gestiones para la liberación de Cuba y nuestra isla. Más aún el levantamiento de Yauco estuvo ligado a proyectos de invasión como los planes de los generales Rius Rivera, Agustin F. Morales y el dirigente de la guerrilla cubana José Lacret Morlot. 

El tema de la insurrección de Yauco ha sido tratado dentro del contexto del liderato anexionista antes de y después del cambio de soberanía. Mariano Negrón Portillo en su estudio vincula los hechos de Yauco al liberalismo político y parece explicarlo a partir de los intereses comerciales y mercantiles de la época. Al excluir otros factores como determinantes del estudio en lo que se refiere a Yauco – subestima las luchas patrióticas y de afirmación nacional de los movimientos reformistas y separatistas, de finales del Siglo 19. Subestima, por ejemplo – o no toma para nada en consideración, las sociedades secretas, las luchas campesinas, de artesanos, y de otros sectores populares que a lo largo de ese siglo 19 habían expresado su inconformidad con el régimen español. De hecho, Negrón Portillo llega a hablar hasta de la “ausencia de una conciencia nacional”. Desde luego obvia los planes de auxilio conspirativos de los revolucionarios cubanos fraguados en la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano y los antecedentes de represiones brutales, como los Compontes del terrible año de 1887. (Mariano Negrón Portillo. Revista del Colegio de Abogados. Vol. 33, núm. 3, 1972). 

Como veremos todo sugiere que se impone aclarar una serie de hechos relativos a esta abortada conspiración revolucionaria pues el alcance y la proyección de la misma debe remitirse a los planes expedicionarios de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano que se reunían en Nueva York en las postrimerías del siglo 19. 

Resulta fundamental – para poder comprender las verdaderas causas y orígenes del fallido movimiento de Yauco de 1897- atender distintos sucesos históricos donde se fueron gestando los sentimientos separatistas tanto en Cuba como en Puerto Rico. Sentimientos e ideales que en el caso de Puerto Rico cobran forma concreta y decisiva, con el movimiento insurreccional de Lares (1868) y en el caso de Cuba se gestará con el movimiento de Yara a la Guerra de los Diez Años (1868-1878), que finalizó con el Pacto de Zanjón de febrero de 1878. 

Con nuestras conclusiones no pretendemos levantar nuevas tesis cuya discusión sobre sus virtudes o defectos se limitaría a pocos. Pretendemos saborear la historia desde sus frutos mas frescos. Pretendemos asimilar nuestra historia comenzando por lo singular y lo virgen. Mucha carga de interpretación colonial hemos soportado sin siquiera saber a veces, que hay una materia prima básica sobre la cual erguirnos, descubrirnos y reconstruirnos. 

Durante la última década del siglo 19 ya era de esperarse el final del dominio español en el Nuevo Mundo. En la región suroeste de Puerto Rico se estaba conspirando para dar una lucha revolucionaria contra España y lograr la independencia de la isla. Se contaba con el apoyo de una expedición que habría de venir posiblemente de Cuba y desembarcaría por el puerto de Guánica que para ese tiempo era parte del territorio de Yauco. En Cuba se estaba librando la segunda guerra contra España por su independencia, muchos puertorriqueños estaban involucrados en la misma. En Yauco y pueblos vecinos se podría sentir la fricción entre los residentes ricos, pobres, profesionales, obreros, artesanos, campesinos y el gobierno español. Eran muchos los desafectos a la metrópoli, incluyendo a los corsos y otros extranjeros que estaban conspirando en, logias masónicas, sociedades secretas y de auxilio mutuo. Esos fueron por excelencia los conspiradores del movimiento armado conocido como de “La Intentona de Yauco”. 

La insurrección libertadora que estalló el 24de marzo de 1897 en Yauco – decía Juan Antonio Corretjer “ni se le ha rendido homenaje que, como hecho en si merece, ni se ha señalado el profundo significado de su repercusión histórica”. Para el, a la altura de 1976 se imponía (y se impone todavía decimos nosotros) una nueva reseña y un examen crítico del histórico suceso, que “ayude a la nueva generación a salvarse con respecto a Yauco, de lo que en todo ha sido condenado nuestro pueblo: a los efectos de una pedagogía del olvido.” (J.A. Corretjer: El Grito de Libertad de Yauco de 1897, El Nuevo Día, 17 de abril de 1976). 

Y es que debe ser aceptado que la historia oficial ha sido reduccionista en su referencia a los aconteceres de los pueblos de Puerto Rico. Partiendo de un prejuicio despectivo, los redactores de textos se nutren de diversas estrategias para subutilizar las fuentes pueblerinas. Los avances en el descubrimiento y relatos, relegados y ocultados por generaciones de investigaciones oficiales, establecen un nuevo formato de construcción histórica. Como ha dicho un autor “de ahí la importancia de evidenciar ejercicios de afirmación nacional en infinidad de manifestaciones”. (José Luis Pons Torres. “La afirmación nacional en el occidente puertorriqueño.” Exégesis, Revista de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, Año 16, Núm. 16, 2003). 

Corretjer resume su planteamiento y conclusión de la siguiente manera: “En 1898 Puerto Rico es aterrizado por la contradicción que representan de un lado, quienes, como los autonomistas, quieren retener en Puerto Rico la bandera española por oportunismo y los quinta columnistas infiltrados en la Junta de Nueva York que interesan lo mismo para dar a Estados Unidos la ocasión de invadir a Puerto Rico. En esa orgía a de sarcasmos Yauco rubrica con la firma de Fidel Vélez la voluntad puertorriqueña de ser nosotros mismos, y ese es el sentido más profundo del 24 de marzo de 1897. (El Nuevo Día, 17 de abril 1976). 

De hecho, en 1945 Corretjer publica en Nueva York una entrevista que le había realizado a Don Fidel Vélez trece anos antes. (El Buen Borincano. Biblioteca Bohique, Nueva York, 1945. En la misma señala que Fidel Vélez presintió la esclavitud bajo los yanquis contexto de la guerra hispanoamericana, “vio su hora, y actuó, reafirmando a sangre y pólvora el derecho de Puerto Rico a su independencia.” 

Le atribuye al levantamiento de Yauco haber sido instrumental para que se otorgara a tiros de ese año 1897 la Carta Autonómica a Puerto Rico. A esa partida insurrecta al mando de Don Fidel Vélez que marchó sobre Yauco, con intención de proclamar la Republica, se la atribuye además el haber consagrado nuestra bandera pues era la que enarbolaban los alzados. Paulino Castro en su Historia Sinóptica del Nacionalismo en Puerto Rico publica una fotografía de Don Fidel y su esposa Natalia Vega con la bandera original que fue utilizada en la Intentona. 

De manera que es el mismo Corretjer en 1949 quien realiza el primer intento para una hermenéutica del Grito de Yauco en su libro La Lucha por la Independencia de Puerto Rico, Guaynabo, PR 1949. 

Carmelo Rosario Natal en su documentada obra Puerto Rico y la crisis de la Guerra Hispanoamericana, hace la siguiente observación: “A la altura de 1897 se aceptaba por todos que la revolución debía asumir características opuestas al sistema de guerrillas que se utilizaba en Cuba.” Subraya como una crítica que los esfuerzos que se hacían respondían a una insurrección importada. 

Señala Juan Antonio Corretjer que “por el carácter implícitamente anti-independista del libro de Rosario Natal la palabra “importada” merece aclaración pues, Rosario Natal se refiere a que se seguiría el patrón cubano de expediciones patriotas llegadas del extranjero para hacer contacto con las fuerzas organizadoras dentro del país. Hay si, un cambio en el concepto, como el mismo autor reconoce al citar la carta del General Morales a Betances (9 de marzo de 1897, (en Bonafoux, págs. 35-38), en el sentido de que “cualquier esperanza de éxito dependería de una ofensiva relámpago que produjera golpes sorpresivos y fulminantes al enemigo”. (Carta, Op.Cit). Ya Martí, recordando la experiencia de la Guerra Grande (1868-1878) había querido también que la nueva guerra cubana tuviese tal carácter. Pero a Martí, dice Corretjer, le frustra el plan llamado “desastre de la Fernandina”, maniobra del espionaje yanqui encaminado a frustrarlo. “La derrota de los libertadores yaucanos se atribuye, por lo tanto, a la precipitación a que Vélez se ve obligado por la delación guaniqueña” (El Grito del Libertador, 17 de abril de 1976). 

Lo cierto es que el intento de Yauco formaba parte de un plan mayor ideado por la Junta revolucionario de Puerto Rico a instancias del rico hacendado yaucano Antonio Mattei Lluveras, el General dominicano Agustín F. Morales, Manuel Catalá, Juan Roig, Gerardo Forrest Vélez, Guillermo Velazco, Eduardo Lugo Vinas, Félix Matos Bernier, Tomas Carrión, Fidel Vélez, Juan Nazario, los hermanos cubanos Manuel y José Budet Rivera, junto a numerosos conspiradores de pueblos adyacentes (Delgado Pasapera). Según Juan Antonio Corretjer, este levantamiento formaba parte del plan dirigido por Betances, organizado por Aurelio Méndez Martínez, y comandado por el General puertorriqueño Juan Rius Rivera (Germán Delgado Pasapera, Puerto Rico: Sus Luchas Emancipadoras, 1850-1898, págs.72-77).

 

La Conspiración desde la Sección Puerto Rico 

Se conspiraba para dar otro grito de Yara, apoyados por una expedición que habría de venir de Cuba para hacer causa con los puertorriqueños sublevados contra España. De acuerdo al Plan, Antonio Mattei Lluveras, siendo parte de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano y gracias a su calidad de rico hacendado de café, logro obtener 30,000 machetes que serian repartidos a los revolucionarios. Entretanto, los hermanos cubanos Budet Rivera establecieron un campo de entrenamiento en la finca perteneciente a Guillermo Velazco localizada en el barrio Susua Arriba de Yauco. Gerardo Forrest Vélez y el dominicano Agustín F. Morales se dedicaban a hacer una campana de propaganda por la isla en busca de apoyo. Como parte del plan general, se obtuvo el apoyo del revolucionario cubano Tomas Estrada Palma, quien prometió su ayuda financiera asi como 500 rifles y 500,000 cartuchos. Otro revolucionario, el colombiano Francisco Javier Cisneros, ofreció su vapor para conducir 200 hombres de invasión mas los pertrechos de invasión al mando del General Agustín F. Morales. La expedición estaba señalada a partir de principios del mes de diciembre de 1897. Como veremos, estos preparativos habían sido hechos tomando en cuenta las lecciones del desastre de Lares y se afinaban las estrategias necesarias para llevar a cabo esta acción revolucionaria. 

La Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano (SPZR-PRC) se fundó en la ciudad de Nueva York el 22 de diciembre de 1895, una vez comenzada la guerra de Cuba y habiendo muerto ya Martí. Para los separatistas puertorriqueños y los revolucionarios cubanos mas idealistas, era la materialización del compromiso contraído por el PRC en el artículo primero de sus Bases Programáticas. Según los cubanos mas pragmáticos, la SPR servirá de punta de lanza para abrir un segundo frente en la guerra contra España, y de esta forma acelerar la victoria. 

Esta postura quedó expuesta claramente por el Sr. L.E. Hatton, representante del PRC en la Republica Dominicana, en carta a Tomás Estrada Palma del 19 de julio de 1896:

 “Mi opinión es que se puede revolucionar una buena parte de la isla (Puerto Rico) … suponiendo lo peor, tendremos dos resultados: se habrá sembrado la semilla; los atizaran el fuego revolucionario, todavía dormido. Cuba ganara de muchos modos. Distracción de una buena parte del ejército; aprovechará usted, mientras ellos distraen algunos buques, para atender a las muchas expediciones que se dirá salen para Puerto Rico, y la mandara Cuba, y sobre todo, se le da el golpe mortal al poco crédito que puede quedarles en Europa” (En Partido Revolucionario Cubano. La revolución del 95 según la correspondencia de la Delegación cubana en Nueva York (La Habana: Editorial Habanera 1932-1937), Vol. V págs. 156-57. Citado en Edgardo Meléndez, Puerto Rico en “Patria”. Editorial Edil. 1996. Págs.33-34). 

La sección Puerto Rico del PRC, representó lo más cercano a un partido separatista puertorriqueño en aquella época: luego de la sublevación de Lares, el separatismo en Puerto Rico fue brutalmente reprimido muchos separatistas pasaron a las filas del autonomismo, y los más consecuentes (principalmente sus más destacados líderes) se fueron al exilio. Contrario al caso cubano, el separatismo boricua no tenía una arraigada tradición en la isla (como la produjo la guerra de los diez años en Cuba) ni estaba muy fuertemente organizado en el exilio (sus mas venerables representantes, Betances y Hostos, permanecían alejados en Europa y Sur América). El separatismo puertorriqueño de finales de siglo XIX fue relativamente débil, política y organizativamente. 

Esta debilidad relativa del separatismo boricua determino la vida política de la Sección Puerto Rico, que operaba desde Nueva York. En Puerto Rico, el principal movimiento político de finales de siglo lo fue el autonomismo reformista, movimiento político de la elite criolla de la época. Esta fue una clase relativamente débil, lo que la llevo a rechazar movimientos radicales como el separatismo. 

Pueden mencionarse tres planes vinculados o intentos de invasión a Puerto Rico durante 1896 y 1897. El primero estuvo vinculado al llamado plan “Ruis Rivera”. El renombrado general puertorriqueño del ejercito cubano fue destacado por el PRC en marzo de 1896 para realizar un plan de invasión a Puerto Rico. Pero luego de auscultar la voluntad y organización revolucionaria en Puerto Rico, el general puertorriqueño desistió de los planes por considerar que no existían las condiciones para ello. Rius Rivera se integró a la manigua cubana, donde pasó a sustituir a Antonio Maceo, el Titan de Bronce. El fracaso de esa intentona de invasión - a cargo del principal líder militar puertorriqueño de la época -puso de manifiesto la incapacidad organizativa del separatismo en la Isla. Por otro lado, aumento la desconfianza de Tomas Estrada Palma y otros lideres del PRC en cuanto a la capacidad de la SPR para llevar la guerra a Puerto Rico, distanciando cada vez mas el delegado del PRC de la SPR y de sus objetivos. 

Un segundo intento de concretizar un plan de invasión lo fue el llamado “Plan Morales”, elaborado por el general dominicano Agustín F. Morales. Este, junto al puertorriqueño Antonio Mattei Lluveras, habían hecho un reconocimiento de las fuerzas militares españolas en Puerto Rico y elaborado un detallado plan de armas, hombre y estrategias para lograr la invasión a la isla. La dirección del SPR a cogió con beneplácito el Plan de Morales, pero Estrada Palma se negó a facilitar el dinero o los recursos para realizarlo. Las contradicciones entre la SPR y el PRC se agudizaron cuando la Directiva de la SPR aprobó un voto de censura contra Estrada Palma, con la oposición de Sotero Figueroa y J.M.Terreforte. La desconfianza de Estrada Palma en SPR se acrecentó con el fracaso de la llamada “Intentona de Yauco”, ocurrida el 24 de marzo de 1897. A pesar de que solo algunas personas relacionadas a la SPR participaron de dicha revuelta y que la SPR no estuvo vinculada oficialmente a ella, la “Intentona” fue vista por el delegado como otro fracaso más de la Sección Puerto Rico.

El último intento por llevar la guerra a Puerto Rico lo fue el llamado Plan Lacret Morlot. El 13 de agosto de 1897 el consejo de la República de Cuba aprobó un plan de invasión preparado por el general cubano José Lacret Morlot, el cual estipulaba la designación de soldados del ejército cubano y dinero para efectuarlo. Estrada Palma se opuso a dicho plan y se rehusó a ofrecer fondos y apoyo a dicha acción. Sectores dentro del ejercito cubano, incluyendo al general Calixto García, amigo de la independencia de Puerto Rico, se opusieron también al plan. Mas tarde la Cámara de Representantes del gobierno provisional de Cuba puso fin al proyecto. El plan Lacret Morlot fue víctima de las crecientes disputas entre las tres instituciones de la “Cuba revolucionaria”: el ejército, el gobierno provisional y el PRC. Se disputaba, en resumidas cuentas, cual institución controlaría la dirección de la guerra. Por otro lado, ya para esta época Estrada Palma estaba renuente a cualquier acción de Puerto Rico. El delegado del PRC buscaba desde algún tiempo atrás resolver el conflicto por la vía diplomática en particular a través de la intervención de los Estados Unidos en la guerra. Abrir un segundo frente en Puerto Rico complicaría las cosas, poniendo incluso en entredicho la deseada intervención de Estados Unidos en el conflicto. Además, Estrada Palma prestaba mucha atención a la opinión de la burguesía cubana, que pedía a gritos el fin de la guerra que mermaba sus riquezas y su tranquilidad; abrir el segundo frente en Puerto Rico podría alargar la guerra. (Edgardo Meléndez. Puerto Rico en Patria. Op.Cit). 

 

El dia del atentado libertario 

En la mañana del miércoles 24 de marzo de 1824, los campesinos de toda la comarca de “La Torre” y “Susua” de Sabana Grande, empezaron a armarse con machete en mano en la casa de Don Fidel Vélez, miembro de la sociedad secreta “La Torre del Viejo”, quien comandaría las fuerzas insurrectas. Al entrar al pueblo, un tal Juan Román alertó a las autoridades de la conspiración en marcha. El renegado se había ganado la confianza de Don Fidel, al decirle que su padre había izado la bandera de Lares. 

Los insurrectos de Sabana Grande estaban divididos en tres grupos. El de Vélez, que era al mas grande marcharía Yauco para sorprender a la Guardia Civil y apoderarse de las armas. El segundo grupo, comandado por Guillermo Velazco, y formado por hombres del barrio Machuchal que debían dirigirse a Sabana Grande y atacar el cuartel de la Guardia Civil de ese pueblo. El tercer grupo, apoyado por hombres de los barrios Rincón y Molinas, debía mantenerse en alerta, y tan pronto supieran el resultado del ataque a Yauco debía unirse al resto de la tropa para marchar sobre Guánica, donde se suponía que el Lugo Vina tenía armas escondidas. 

En Yauco, además de la columna de Susua, comandada por Fidel Vélez, debía entrar en acción otras dos: la columna del pueblo que, según Crispulo Oliveras, mandaba El Nene Santana y cuyo objetivo era el de atacar el cuartel militar del batallón Patria, y la columna de Quebradas, bajo el mando de José Nicolás Quiñones, que debían incendiar los cañaverales del litoral y un extremo del pueblo, mientras se atacaba. Como parte de la operación los revolucionarios debían cortar los hilos del telégrafo y sacar parte de las vías del tren. 

Era cerca de las 10:00 de la noche cuando se presentó Manuel Cardona Fernández ante los sargentos Cesar Vals y José Francies, quienes platicaban tranquilamente entre sí y ajenos completamente de la tormenta que se avecinaba, para informarles que “habiendo tenido noticias por el paisano Juan Román, que escapado de un grupo de numeroso rebeldes que en aquellos momentos avanzaban sobre Yauco con ideas siniestras”, había venido con el propósito de avisarles para que tomaran precauciones. 

Don Fidel comanda su grupo el cual sale de su casa a la orilla de lo que hoy es la carretera PR #386 cerca del km 7.7, pero que para ese momento apenas era un camino vecinal, como a las 6:00 de la noche, iba montado en su caballo. Higinio Rivera llevaba la bandera de Puerto Rico adoptada en Nueva York que había sido cosida por esposa doña Natalia Vega Bonilla. Eran cerca de un centenar de hombres armados de machetes y algunas armas de fuego. Entre ellos estaba uno llamado Juan Román quien decía que su padre había izado la bandera de Lares veinte y nueve años atrás, que llevaba un caballo con banastas en donde habían algunas municiones, Juan Nazario el ayudante de don Fidel propuso que se eliminara a Juan Román ya que le tenía cara de “Voluntario” (del Batallón español).

Después de caminar varios kilómetros pasaron por la casa de un tal Olivieri en donde el capataz era un español y la partida lo quiso capturar, pero él no se resistió, le ofreció las armas, el dinero y les dijo que no iba a delatar. Luego de esto al pasar el Rio Susua (Rio Loco) Juan Román desapareció en la oscuridad de la noche y supuestamente se adelanto e informo a las autoridades españolas en Yauco lo del ataque a dicho pueblo. Los hombres de don Fidel siguieron hacia Yauco y como a las ocho de esa noche llegan a la casa de Juan Vásquez el cual se levantó, los obsequió y siguió con ellos. Luego de esto encontraron a un peón del ya mencionado Olivieri el cual fue apresado, ya que ellos sabían que era “Voluntario” y siguieron hacia el pueblo. Cerca del cementerio y al ser avisados de que eran esperados, se dividieron en dos grupos. Uno de ellos se metió en la finca de Juan Antongiorgi y el otro hacia Yauco. 

Al llegar los hombres de don Fidel al lado este de cementerio se le dio parte de las fuerzas españolas un aviso de “quien vive” y le hacen varios disparos. Vélez pensó atacar, pero comprendió que había sido sorprendido y ordenó la retirada o en todas las direcciones hacia los montes y campos cercanos cortando los alambres. Uno de la partida llamado (Agapito Santana) resulta herido por bala que le entra por la cara y le salió por el cuello, es llevado por el propio Fidel. El intento de revolución había abortado en una intentona, ya que las fuerzas españolas eran superiores a las de la partida, y conocían todos sus planes, por estas razones todo terminó en una escaramuza. 

De los que acompañaron a Don Fidel a tomar Yauco estaba Juan Nazario, tuvo que entregarse a los cinco días ya que la Guardia Civil estaba molestando mucho a su esposa, siendo golpeado y amarrado del rabo de un caballo. Avelino Madera, recibió veintidós heridas, Bautista Nazario, murió en la prisión de Yauco, Manuel Vega Bonilla, muere en la prisión de Puerta de Tierra, Avelino Garayua logró escapar, Ramon Vélez Vélez también murió prisionero en la cárcel de Puerta de Tierra, Ulpiano Vélez Vélez, murió a consecuencia de los golpes recibidos con las culatas de los rifles españoles. Estos últimos dos eran hermanos de don Fidel. 

Los familiares de los revolucionarios fueron perseguidos y acosados por las autoridades españolas como en el caso de dona Natalia Vega Bonilla esposa de Fidel y dona Sebastiana Bonilla su suegra. En total fueron hechos prisioneros sobre doscientas personas y puestas en las cárceles de Ponce y Yauco. En la cárcel municipal de este último pueblo ocurre un intento de fuga que es impedido por un solado llamado Lamberti Fabrit. Desde ese lugar los presos son llevados a pie, bajo una lluvia y fuertemente custodiados al puerto de Guanica y desde Guanica y Ponce son trasladados hasta San Juan en los cruceros “Concha” e “Isabel II.”

En la finca de Irizarry a don Fidel le fue rasurada la barba, cortado el pelo, vestido con unos pantalones y camisa manchada. Como a las diez de esa noche fue montado en una yegua con banastas, llevando a un niño en sus brazos y protegido con un paragua inicia un largo viaje acompañado por Jiménez Renaud. Logrando burlar la Guardia Civil cruza el pueblo de Adjuntas y a la salida del mismo lo esperaba un coche con don Agustín Anabitarte que lo llevaría a la case del escritor y defensor de Puerto Rico que tenia una imprenta en Ponce, don Luis Caballer el que lo oculta. Desde allí y disfrazado nuevamente es llevado hasta la playa de Ponce en donde le esperaba una goleta inglesa llamada “Favorita” capitaneada por el masón inglés don Benigno Arzón quien había accedido a llevarlo a la isla de San Tomas. Por estos servicios Caballer había pagado 500 pesos y es así como el23 de junio en horas de la noche logra don Fidel salir en un viaje de tres días hacia San Tomas, propiedad de Dinamarca para esa época, luego de tres meses de haber ocurrido. La intentona de Yauco. En otro viaje de regreso a Ponce, la Guardia Civil arresto al capitán Arzón, ya que se había corrido el rumor de la salida de Vélez en la goleta “Favorita” pero se negó a declarar y fue puesto en libertad, ya que era un súbdito inglés. 

También fueron presentados los generales dominicanos refugiados, Anders, Luperón y un rico comerciante que le brindo hospitalidad y buenas atenciones. 

Mientras esto está ocurriendo, en Ponce y el día 11 de julio en el barrio Cantera Manuel Budet Rivera uno de los hermanos cubanos que habían sido instructores de los rebeldes es capturado luego de ser herido. 

En dicha isla se encuentra al Capitán Arzón, el que lo había llevado hasta San Thomas a quien le tenían su goleta “Favorita” confiscada. Al ser don Fidel reconocido, es apresado como supuesto cómplice del capitán, aún negándolo es puesto en prisión por unos cuatro meses. 

La situación política de la región suroeste y los muchos habitantes que no sentían ninguna estima por los españoles y que habían participado en “La Intentona de Yauco,” aparte de las buenas cualidades geográficas que como tenía el puerto de Guánica, seguramente fue considerado por los Estados Unidos para el desembarco por Guánica. 

Al iniciarse el siglo Mattei Lluberas regresó a la vida cotidiana y en el 1904 fue elegido alcalde de Yauco por el Partido Republicano cargo que desempeño hasta el 1906.

Don Fidel Vélez Vélez por su parte regresó a su barrio La Torre de Sabana Grande, viviendo una larga vida de ochenta y seis años. 

Los dos dirigentes principales de las fuerzas insurrectas, don Antonio Mattei Lluveras y don Fidel Vélez no fueron encarcelados. 

Mattei Lluveras, que trajo y repartió los machetes cubanos, embarco clandestinamente a Nueva York, hasta la invasión norteamericana sobre la isla.

Por su parte, el heroico caudillo jíbaro don Fidel Vélez resulto ileso logrando embarcar a Don Thomas, después de haber burlado la vigilancia de la Guerra Civil española, a bordo de la goleta “Favorita” que zarpo desde el puesto de Ponce en la noche del 2 de julio de 1896. A pesar del fracaso de Vélez, el 26 de marzo se levanto otra partida de 50 revolucionarios en el Barrio Quebradas de Yauco, al mando de José Nicolás Quiñones Torres y Ramon Rivera Rivera, que también fue descubierta. 

En la hermana Antillas el refugiado y revolucionario puertorriqueño se entero de que se había declarado un régimen autonómico para Puerto Rico, decidiendo venir a la Isla pero acercándose a la misma por etapas temiendo a una celda para prenderle. De San Tomas paso a Culebras y después de algunos días siguió hasta Vieques donde al ser reconocido, fue encarcelado por cuatro meses. Mas tarde fue puesto en libertad y embarcado con rumbo a Puerto Rico, llegando a San Juan catorce días antes del primer bombardeo de los norteamericanos en la bahía de San Juan.

Si con lo que hemos relatado y analizado con respecto al Levantamiento de Yauco de 1897 y los planes libertarios de los dirigentes de la Sección Puerto Rico de Nueva York, nos daríamos por satisfechos porque así estaríamos rompiendo con la “pedagogía del olvido” como le llamaba Corretjer a toda esa carga de interpretación colonial que hemos soportado. 

 

El Autor es Historiador y Profesor Universitario* 

 

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