banner_fest

Internacionales / Estados Unidos

Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

La guerra y las elecciones

Perfil de Autor

Por Alejandro Torres Rivera

En su campaña como candidato a la Presidencia de Estados Unidos, al igual que al presente, Barack Obama, si bien se expresaba contrario a la presencia indefinida de Estados Unidos en Iraq, en el caso de la guerra que se libra Afganistán se refirió a ella siempre como una que Estados Unidos no había escogido, sino una “guerra de necesidad”. De acuerdo con Obama, la presencia estadounidense en la región es necesaria a los fines de evitar la desestabilización de países como Pakistán, Irán, India y Rusia, todos con potencial nuclear. También indica, a pesar de que en esencia reconoce que Al Qaeda no tiene una presencia significativa en Afganistán, que una retirada abrupta de Estados Unidos y las fuerzas de la Coalición propiciaría un fortalecimiento de Al Qaeda, que hoy viene operando desde Pakistán.

La agencia de noticias EFE indica en una noticia publicada por el periódico El Nuevo Día el pasado miércoles (26 de agosto) que la Coalición de países pertenecientes a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene desplegados en este país alrededor de 100 mil efectivos militares. También indica que en lo que va de año, de los 295 militares muertos pertenecientes a la Coalición, 172 son estadounidenses. Por otro lado, un Informe emitido por el Departamento de la Defensa de Estados Unidos el pasado 27 de agosto de 2009 refleja un incremento en el número de bajas de Estados Unidos en Afganistán. De acuerdo con el Informe, Estados Unidos habría sufrido en Afganistán 726 muertos y 3,721 heridos, lo que si se suma al resto de las bajas obtenidas a esta fecha dentro del marco de las Operaciones que libra en Iraq, Afganistán y otras localidades como parte de la llamada guerra contra el terrorismo, las cifras serían de 5,133 muertos y 35,204 heridos. Es esta realidad, unida al gasto de más de $32 mil millones en Afganistán solamente, la que comienza a cuestionar el pueblo estadounidense en torno a la presencia de su país en esta guerra que sabe no podrá ganarse.

La situación interna en Afganistán es que a pesar de sus más de 100 mil efectivos militares y 84 mil policías afganos, luego de más de ocho años desde la invasión y ocupación del país, el gobierno títere de Karzai apenas controla su territorio más allá de los suburbios de Kabul. Hoy son los señores de la guerra y los talibanes quienes controlan amplias zonas del país.

Las recientes elecciones en Afganistán no presentan opciones reales al pueblo afgano. Para colocarse en posición de ganar los comicios, Karzai ha procurado ganarse el apoyo de figuras como Rashid Dostum y Mohammed Mohaqeq, líderes corruptos, violadores de derechos humanos y personas que han estado vinculados al narcotráfico y la siembra de la flor de amapola en vastas regiones del interior del país de donde se produce el opio y sus derivados que exportan las mafias hacia Occidente.

Cada vez más la opinión pública en Estados Unidos se vuelca en contra de la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán. Ya se escuchan voces, como la del senador por Wisconsin, Russ Feingold, indicando que de “la misma mayoría que a la gente le gusta tener su propio país para sí, los afganos no son la excepción”, por lo que urge al Presidente Obama a establecer un cronograma que oriente la política de su gobierno para una salida de Afganistán. Una encuesta efectuada por la revista The Economist entre los días 16 al 18 de agosto, indica que la mayoría de los encuestados desearían que Estados Unidos se retire de Afganistán; que la mayoría se opone a un incremento en el número de tropas estadounidenses; y creen que Estados Unidos se retirará del país sin que haya ganado la guerra. Más aún, para algunos estudiosos del tema, a Estados Unidos le espera en Afganistán el mismo triste final y aplastante derrota que la sufrida por los ingleses durante el siglo XIX y la Unión Soviética en el siglo XX.

Quizás Estados Unidos debería escuchar con mayor detenimiento las palabras de Marc W. Herold, publicadas en el periódico electrónico Rebelión el pasado 24 de agosto, cuando nos describe sus impresiones sobre Afganistán hoy, luego de ocho años de ocupación militar y miles de muertos y destrucción:

“Los años han pasado y los cadáveres y la destrucción se han multiplicado. Los talibanes y sus aliados controlan ahora franjas inmensas en Afganistán. El régimen afgano posterior al conflicto, planificado en la Conferencia de Bonn patrocinada por Estados Unidos (diciembre 2001), ha demostrado ser una mera hoja de parra para toda una colección de rapaces señores de la guerra; la corrupción y la violencia de la vida diaria no conocen límites; el estatus de la mujer afgana, que nunca representó una preocupación seria para Occidente, sigue siendo como antes; se han construido algunas escuelas para dinamitarlas después; una mafia de ONG ha descendido sobre Kabul en persecución de sus propias agendas; villas palaciegas y hoteles de lujo han brotado como champiñones, etc.

Más allá del resultado de las elecciones celebradas en Afganistán y quien triunfe en ellas, la guerra de Estados Unidos en este país podría comenzar a ser la gran piedra en el camino con la cual tropiece el gobierno de Barack Obama en el despliegue de su política internacional.

*El autor es abogado laboral y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano

alejandro.torresrivera@gmail.com

 

 

  (0) Comentarios




expo web Expo 02