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Cartografías 12:Saldo mensual

Recogida de escombros
Foto por: Alina Luciano/CLARIDADa
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Publicado: jueves, 26 de octubre de 2017

Por Víctor García San Inocencio

 

Saldo mensual

 

El 3 de octubre decía en la Cartografía 3, La avaricia y sus opuestos, lo siguiente:

 

“Al colapso de la infraestructura eléctrica, de abastos de agua, combustibles y alimentos del país, se sumó el colapso de la planificación y de la capacidad real de respuesta del aparato gubernativo. Este escenario de implosión generalizada ha dado paso a respuestas notables de supervivencia en decenas o cientos de comunidades donde grupos de personas tomaron la iniciativa en la primera oleada recuperatoria. 

 

“Puesta en suspenso la capacidad de respuesta del gobierno, le ha tocado durante los primeros críticos días al pueblo hacer lo que el gobierno no estuvo preparado para hacer.

 

“Esta afirmación no pretende fijar culpas y menos en una etapa tan temprana de una crisis mutante cuyas manifestaciones aunque son evidentes, apenas comienzan. Lo que trato de explicar es que para cuando el segundo huracán —mucho más poderoso que el primero— llegó una semana después, ya los recursos del gobierno eran insuficientes y se estaban agotando o se habían agotado.” (fin de la cita)

 

Ayer se cumplió un mes del segundo azote, el del huracán María, muy superior en intensidad y efectos que el del huracán Irma, que fue un huracán  (categoría 3) que afectó severamente una fracción de nuestro territorio. Si bien, Irma, tuvo un efecto de daños notablemente menor que lo que vino a provocar María, lo cierto es que le abrió paso a María, pues golpeó al gobierno y sus escasos recursos, y golpeó al este y al norte de Puerto Rico, debilitando estructuras y agotando reservas materiales y humanas. Quizás por este doble golpe el noreste del país exhiba devastación similar a la ruta seguida por el ojo de María y se perciba en términos generales, una devastación total del territorio.

 

Cuando la hojarasca de la imagen y de las apariencias, sea removida por el juicio razonable de los meses y años venideros, habrá oportunidad de corroborar los hechos que llevaron a la virtual paralización del país; a avances modestos y a retrocesos continuos durante el primer mes; al disloque de la respuesta gubernativa inteligente y sustentable; y a la implantación del régimen del número, por el de la calidad. Podrá corroborarse cómo la ausencia de reservas y recursos de respuesta adecuados precipitó el colapso; cómo se descuidaron de manera mayúscula las advertencias sobre la fragilidad de la infraestructura eléctrica, de aguas, comunicacional y vial; cómo no se planificó para enfrentar un desastre mayor al de los huracanes mismos, en fin cómo por largo tiempo, se expuso al país a asumir riesgos de mayor magnitud a falta de previsión, diligencia o competencia.

 

Durante la pasada semana comenzaron a surgir artículos de fondo que pasaron de la etapa puramente descriptiva a una más analítica y crítica como debía ser. 

 

En este saldo del primer mes quiero puntualizar algunos errores que ya señalé y en otros que se han materializado o tornado evidentes. Dejo a los apologetas el oficio de aplaudidores y a los relacionistas el control de daños de imagen. De eso ha habido súper abundancia en Puerto Rico durante años —invirtiéndose cientos de millones de dólares— y quizás radique en ello, en el costoso apologetismo, una causa adicional de la pobreza del desempeño burocrático antes, durante y después del huracán.

 

Algunos “errores” o condiciones de efectos mayúsculos acumulativos que resaltan aun ante conciencias aletargadas son:

 

1) Líneas de mando confusas, entrecruzadas y entrecortadas.

2) Planes sin plan; plan sin planes, o planes sin ser puestos a prueba, revisión critica, actualización, evaluación y divulgación.

3) Colapso durante décadas de un sistema racional de planificación y de cumplimiento.

4) Ausencia de un sistema de evaluación continuo del cumplimiento ambiental, de zonificación y de planes territoriales.

5) Achicamiento y desaparición de los fondos de emergencia y sustitución por imaginarias e inviables líneas de crédito.

6) Ausencia de un sistema alterno de fondos de emergencia (como reserva real) a falta de crédito gubernamental.

7) Destino incierto, improductivo o caótico de los recursos destinados durante largo tiempo al manejo de emergencias.

8) Carencia de una visión prioritaria al manejo de crisis.

9) Carencia de una cuota o reserva económica adecuada mediante contribuciones para enfrentar crisis ambientales, alimentarias o de similar naturaleza.

10) Desaparición de las partidas de mantenimiento en infraestructura vital.

11) Exposición continua a los riesgos de desastres naturales sin hacer esfuerzos para mejorar la preparación y la prevención de mayores riesgos y daños.

12) Negación a reconocer los efectos debilitantes y de vulnerabilización que provoca la pobreza endémica en grandes sectores poblacionales.

13) La promoción continua de una perpetuación de la pobreza y de la dependencia, haciendo más vulnerables y plurivulnerables  a los segmentos vulnerables de la población tales como niños, personas de edad avanzada, víctimas de la violencia y otros delitos, personas con impedimentos severos y desplazados.

14) La virtual ausencia de programas abarcadores de educación y organización comunitaria.

15) La entronización de un modelo asistencialista-dependiente ultra individualizado en lugar de la promoción e incentivos para el desarrollo comunitario sustentable.

16) El subsidio gubernativo descomunal vía incentivos contributivos, exenciones, créditos y otros instrumentos financieros al sector inversionista foráneo sin garantías de creación, ni permanencia de empleos y sin aportaciones significativas a la infraestructura y desarrollo del país lo que de suyo es una hipoteca que desplaza recursos presentes y futuros para fines de desarrollo social y económico.

17) El modelo turístico unidireccional del mono-mercado lúdico y la carencia de creatividad y de búsqueda de opciones para el desarrollo de nuestraos enormes recursos culturales, ambientales y naturales.

18) La profunda sub-utilización de los instrumentos gubernativos en lo que concierne a la construcción de un modelo de desarrollo sustentable.

19) La negligencia crasa del gobierno de Puerto Rico de no reclamar la liberación de costosas hipotecas jurídicas a su desarrollo como es el caso de la ley de Cabotaje.

20) La negligencia crasa del gobierno de Puerto Rico de no combatir adecuadamente el discrimen  en el aseguramiento y compensación en programas sociales federales a cambio de “beneficios” parciales a sectores privilegiados.

21) La ausencia de una cultura de transparencia gubernativa y su efecto encubridor de abusos, injusticias y privilegios costosos.

22) El subdesarrollo de una cultura de investigación y de evaluación en el sector público y privado, y sus perniciosas consecuencias a la calidad de las prestaciones y de los servicios.

23) Los efectos nocivos de la desreglamentación y de la falta de actualización de la reglamentación necesaria, que han dado vía libre a la especulación desbocada del mercado y a una inversión capitalizable sin mínimos de responsabilidad social.

24) El silencio sepulcral de grandes sectores de la academia y de las empresas ante esta incesante y frenética masificación y estructuración del caos mercatorio en perjuicio de los derechos de los ciudadanos.

25) La carencia de diálogo efectivo entre la potencia regente en Puerto Rico,EEUU,  y el gobierno y el Pueblo de Puerto Rico, procurando y exigiendo los poderes necesarios para la gestión y el desarrollo.

26) La indiferencia del gobierno de Puerto Rico ante la hemorragia migratoria de la pasada década, agudizada exponencialmente en el primer mes post huracán María.

27) El “shock” de inmovilización legislativa y gubernativa que ha congelado la gestión gubernativa a una perpetuación del estado de emergencia inicial.

28) La carencia de participación de los ciudadanos en la toma de decisiones y la infantilización de la gestión gubernativa.

29) La carencia de información concreta sobre el status de las 131 agencias gubernativas; sus niveles de operatividad; sus planes a corto y mediano plazo o su carencia de planes.

30) El velo de información disgregada y parcial que se ha tendido sobre la sociedad puertorriqueña, agravado por la incomunicabilidad de un porcentaje descomunal de medios de telefonía celular e internet y de millones de puertorriqueños.

31) La instauración de un régimen multinivel federal-local de absoluta falta de responsabilidad-responsividad-(accountability). 

32) La distancia cada vez más ancha entre el discurso de la gobernación y el federal sobre los alegados grandes pasos de recuperación.

33) La timidez del gobierno de Puerto Rico de exigir lo que le corresponde en derecho y en denunciar la victimización de la que ha sido objeto.

34) La ausencia de planes, programas, orientación y dirección gubernativa para frenar o desacelerar el éxodo poblacional desde Puerto Rico y el disloque desarticulación poblacional interna.

35) La ausencia de modelos alternos de desarrollo excepto el parcheo repetitivo que perpetua la falta de desarrollo. 

36) La carencia de esfuerzos censales.

37) La falta de concentración de esfuerzos en la rehabilitación de las escuelas y en su conversión en centros de agrupamiento y apoyo comunitario en horarios extendidos.

38) La lluvia de nuevos pretextos y de noveles justificaciones para perpetuar estructuras que necesitan seria revisión, como lo son los municipios. El hecho claro de que en muchos municipios fueron sus estructuras las primeras en salir al socorro frente al virtual desvanecimiento inicial del gobierno central, no significa que la viabilidad de muchos municipios —como operan actualmente— no siga estando en entredicho. Ciertamente son necesarias unidades de respuesta local, ello no significa, ni justifica, costosos cacicatos de rendimiento y eficiencia por largo tiempo cuestionados.

39) El problema magnificado de la injusticia contributiva perpetuada contra el asalariado y la necesidad de reformulación de un sistema contributivo con recaudos estables que no sea regresivo. 

40) El grave problema de invertir más de la tercera parte de nuestros recursos públicos en la educación y preparación del recurso humano destinado en su mayor parte para la exportación y su no aprovechamiento en Puerto Rico.

 

Esta lista no es exhaustiva. Muestra sólo una parte de las enormes deficiencias y carencias sobre las cuales hay que trabajar intensa y organizadamente en aras de aprovechar la reconstrucción para promover un desarrollo sustentable transformador. Su manejo requiere inteligencia, gestión, constancia, sensibilidad, técnica, concertación, esfuerzo colectivo, solidaridad, apertura, paciencia, pasión, compromiso, voluntad, liderato, honradez y entrega. Parir un nuevo Puerto Rico requerirá un nuevo país y un carácter fortalecido y renovado. El aprendizaje que aporta la experiencia colectiva del último mes no debe subestimarse, y el estudio y evaluación de estas experiencias resulta más necesario que nunca.

 

22 de octubre del 2017.

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