Opinión / Editorial

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La inevitable bancarrota del coloniaje

Publicado: miércoles, 10 de mayo de 2017

La quiebra de Puerto Rico viene desde mucho antes de la semana pasada, cuando se hizo oficial la cruda realidad de que nuestro país no puede con la pesada carga de sus deudas. Porque no se trata solamente de una quiebra de dólares y centavos, aunque se cuenten por decenas de miles de millones el dinero que se debe. Ha quedado, a la vista del mundo, el colapso total del sistema colonial que nos ha sido impuesto por el gobierno de Estados Unidos desde que sus Fuerzas Armadas invadieron nuestro país y se apoderaron de nuestros recursos e instituciones hace casi 119 años. 

No debe sorprender a nadie el fracaso de esta colonia. No existen colonias prósperas y autosuficientes. El propósito del sistema colonial es servir a los intereses de la potencia colonizadora y enriquecer a las metrópolis y, por eso, toda la actividad económica en el territorio colonizado va dirigida hacia ese objetivo. A lo largo de estos 119 años, los puertorriqueños y puertorriqueñas hemos trabajado arduamente al servicio de las estrategias geopolíticas y económicas del gobierno estadounidense, y para enriquecer su capital. Al inicio de su dominio, nuestras mejores tierras agrícolas fueron para los grandes conglomerados cañeros extranjeros. Luego, nos sembraron de bases militares por los cuatro costados, usurpando para dicho propósito los más hermosos parajes de Culebra, Vieques, Ceiba y Aguadilla, entre muchos otros. Cuando les dejó de convenir la agricultura y les convino la industria de la aguja, nuestras mujeres se fueron a coser y nuestros hombres tuvieron que emigrar. Luego llegaron las petroquímicas que sembraron vastas extensiones de nuestra tierra con tanques y tubos. Cuando dejamos de serles útiles, se fueron y nos dejaron su chatarra y la contaminación que ha enfermado a nuestro pueblo. Las farmacéuticas han ido y venido, cambiando su modelo a conveniencia de sus intereses. En tiempos más recientes, el capital financiero estadounidense implantó sus políticas de tarjeta plástica y crédito fácil, e igual se han ido retirando, llevándose sus operaciones y ganancias de vuelta a Estados Unidos. La más reciente invasión ha sido la comercial, con las cadenas de mega tiendas estadounidenses inundando nuestro mercado de baratijas hechas en China, y convirtiendo a nuestra población en un ejército desenfrenado de consumidores. En cada una de esas etapas nuestro país se fue endeudando para cumplir con las exigencias de un sistema colonial-capitalista cambiante, que mientras más tiene más quiere, y que ha terminado por doblegar la voluntad de buena parte de nuestra gente, a fuerza de hacerla sentir inferior, y de crearle una actitud generalizada de dependencia enfermiza de todo lo que nos llega de Estados Unidos. 

En lo político, ha ocurrido igual. Primero, nos gobernaron las botas de un gobierno militar; luego, bajo la Ley Foraker, una comisión nombrada por el presidente de Estados Unidos y ratificada por el Congreso; una sucesión de gobernadores nombrados por ellos bajo la Ley Jones; y luego del 1952, en la cúspide de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, nos permitieron los gobiernos electos por voto directo, pero siempre sujetos a los poderes plenarios del Congreso de Estados Unidos. La simulación de gobierno propio terminó el año pasado, con la aprobación por el Congreso de la ley PROMESA. Bajo esa ley, ahora somos gobernados por una Junta de Control Fiscal y una jueza de quiebras del sistema federal. 

También la crisis y la quiebra son productos de la irresponsabilidad de los gobernantes incapaces que ha tenido Puerto Rico, de los dos partidos que se han turnado la administración del gobierno, el Popular Democrático y el Nuevo Progresista. A falta de poderes e iniciativas propias para estimular la economía, y por ser unos colonizados incapaces de enfrentarse al gobierno de Estados Unidos y sus políticas malsanas, hicieron lo más fácil: recurrir al crédito, endeudando al País hasta más allá del límite de sus posibilidades de pago, cogiendo más préstamos para pagar deuda y, de paso, enriquecerse algunos de ellos y sus allegados. Para ello, contaron con la colaboración cómplice de los prestamistas usureros y la indiferencia criminal de los representantes del poder colonial reunidos en el Congreso de Estados Unidos, y cuyo deber fiduciario era impedir tales prácticas. 

El crédito es la herramienta que se utiliza en el mundo para financiar y sostener la economía de un país. Estados Unidos, por ejemplo, tiene un déficit y una deuda externa enormes, que suma centenares de miles de millones de dólares (trillones, les llaman ellos). Pero Estados Unidos es la principal economía del mundo, cuenta con la divisa más fuerte, controla las políticas financieras y monetarias a nivel mundial, y puede imprimir dinero (dólares) cuando así lo precise. 

Y bien cerca de nosotros están los casos de Cuba y República Dominicana. Estas hermanas Antillas son naciones que tienen la soberanía de la que Puerto Rico carece, y en los últimos tiempos han tenido un notable crecimiento económico, particularmente significante en el caso de Cuba que aún sigue enfrentando el bloqueo económico de Estados Unidos. Según datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) Cuba registró un crecimiento de 2% y República Dominicana de 6.6% para el año 2016. 

Para Puerto Rico, la menor de las Antillas, las perspectivas económicas siguen siendo negativas, a pesar de que ya llevamos una década de estancamiento y decrecimiento. Por eso, esta quiebra no es solo cuestión de números. Es la bancarrota provocada por la falta de soberanía, que nos ha quebrado de muchas maneras, y ha impedido tomar las decisiones estratégicas necesarias para sacudirnos del coloniaje, reencaminar la economía y crear las bases de nuevas relaciones comerciales y oportunidades de inversión. Si Puerto Rico aspira a obtener un crecimiento sostenible que le permita ofrecer buenos empleos y calidad de vida a su gente, tiene que ser un país soberano e integrado a su entorno natural, que son El Caribe y América Latina. Lo demás es continuar al vaivén de cualquier ley o capricho del Congreso o el presidente de Estados Unidos. 

 

 

 

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