Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

Una visita de Pedro Adorno al salón: en torno a Una de cal y una de arena

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)

Publicado: miércoles, 10 de mayo de 2017

Alexandra Pagán

 

Hay que ponerles atención a las cosas 

que te llaman la atención 

porque allí reside la intuición.

Pedro Adorno

 

 

Pedro Adorno, director del colectivo Agua, sol y sereno, es artista residente en la UMET de Cupey. Recientemente presentó la obra Una de cal y una de arena, en el Teatro Morales Carrión del Recinto. La pieza trata sobre lo que ocurre entre los obreros de una construcción en un lugar que anteriormente había sido un barrio. Los obreros, ingenieros y desarrolladores presentan distintos matices de lo que es esa historia del progreso de nuestro país. Asimismo, la trama se ve intervenida en varios momentos por una mujer que deambula por los predios del solar y que resulta que fue residente del barrio, quien dejó su hogar “antes de que la sacaran” por el proyecto de construcción. Mas por lo que suponemos del desarrollo de la trama, la mujer nunca pudo desprenderse de esos espacios formativos, por lo que se quedó merodeando y durmiendo en los alrededores. Como parte de uno de mis cursos, Pedro tuvo la generosidad de visitarnos para conversar sobre la pieza y ante el manjar que me di, les comparto la experiencia. 

Una de cal y una de arena es una pieza dramática que integra el stomp y surge a finales de 1990. Se ha presentado en Brasil, República Dominicana, Estados Unidos, Venezuela, España, Cuba, entre otros países. Por supuesto, una puesta en escena tan longeva y que es parte de un colectivo, ha pasado por una serie de cambios conforme se va renovando el elenco: sin embargo, el tema que surge de la preocupación ecológica y del problema del desplazamiento es una constante que perdura y que caló en la audiencia que presenció la obra el pasado 25 de abril. Algunos estudiantes se identificaron como parte de ese sector que fue separado de su comunidad por la expropiación de sus hogares. Comentaban el dolor que les producía ver cómo se diezmó su círculo de amigos–vecinos, familia extendida que de un modo u otro les brindaba un sentido de identidad y pertenencia. Pedro nos relató que en el trabajo de mesa del colectivo había una consternación ante las construcciones en Puerto Rico, que eran despiadadas y numerosas; y de allí que ese sea uno de los temas centrales en la pieza. El desparramo urbano y sus víctimas son sin duda un paisaje doloroso, así que Agua, sol y sereno decidió presentarlo desde la alegría. “Como Maelo, que cantaba cosas horribles, pero con alegría,” nos comenta el también conocido por sus cabezudos en las Fiestas de la Calle San Sebastián y añade, “la propuesta es presentar dos tipos invisibles de la sociedad: a las personas indigentes y a los obreros”. No obstante, nos aclaró que el interés de incluir elementos percusivos; folklóricos, como la plena; y el humor no es para suavizar el contenido o alivianar los temas, sino porque Una de cal y de una de arena propone, como solución a los problemas, la creatividad misma que surge de la invención humana en el junte y la solidaridad.

Uno de los personajes centrales en la pieza es la indigente que mencioné al comienzo, una señora de mediana edad que actúa en momentos importantes de la narrativa, así como sirve para crear transiciones escénicas. Este personaje fue representado por Cathy Vigo, esposa de Pedro. Su figura se mueve al centro del escenario y sirve de símbolo de la madre naturaleza, de la comunidad, del pueblo. Funciona, además, como la memoria del espacio donde realiza la construcción y, para sorpresa de uno de los obreros, tiene vínculos con su propia familia: ella conocía a la abuela de uno de los obreros, lo que muestra el carácter antropofágico del progreso neoliberal que nos presenta la pieza. Es decir, el desarrollo de la ciudad va desplazando comunidades enteras, las va separando y segregando al punto de que las conexiones generacionales se quebrantan y quienes no pueden encarar ni sobrevivir el cambio de espacio son olvidados o destruidos simbólica y mentalmente. En nuestra conversación, Pedro elaboró sobre cómo la salud mental se afecta con el cambio forzado del espacio, con el crecimiento urbano descompasado, eso lo refleja el personaje de la indigente quien muchas veces enuncia el mensaje de la pieza teatral. Ciertamente que tanto la esposa como la hija de Pedro, Paola (quien interpreta a una obrera), funjan como parte del elenco le da un sentido emotivo muy peculiar que de un modo extraliterario recalca el sentido de comunidad que se muestra en la obra.

Una de cal y una de arena también expone uno de los grandes errores que nos ha sobrevenido del desarrollo insostenible que resulta del discurso neoliberal del progreso: la institucionalización del olvido y el menosprecio de los orígenes del país. Una de las escenas más atrayentes en un sentido visual se logra mediante la superposición de dos gomas de tractor (“símbolo del Proyecto Manos a la Obra,” nos especificó Pedro) que crea la ilusión de una especie de conducto por el cual los obreros ingresan para descubrir un yacimiento. La trama nos muestra el choque entre aquellos que le otorgan un valor arqueológico y exigen que se detenga la construcción, y los que le ven principalmente un valor comercial. 

Así, esta puesta en escena plantea un cuestionamiento intrínseco a cómo estamos informados, qué sabemos, cómo pensamos; incluso, qué soñamos; el también actor en la pieza explicó que: “la obra ofrece una mirada a la narrativa que nos hacemos. Al cómo nos vemos y cómo nos contamos en ese proceso de desarrollo del país. La narrativa general es que estamos fracasados, que somos unos vagos; por otro lado, tenemos las Miss Universe, Ricky Martin… En medio de esas narrativas de hipérbole está el país luchando, siendo solidario… ¡haciendo mil cosas! La pregunta es: ¿cuál es el país que habita en cada uno de nosotros?”. A pesar de todo lo que enfrentamos, Pedro ve con optimismo el desarrollo de conciencia sobre estos paradigmas en las nuevas generaciones. Asimismo, por esto apuesta al derecho a democratizar el derecho de la escritura, de escribir nuestras propias historias. Parte de su residencia en la UMET busca eso: facilitar los procesos de representación del estudiantado en la expresión artística. Ofrece seminarios, talleres y colaboró con la creación de un mural comunitario en Cupey Bajo, entre otros proyectos.

El epígrafe que inicia este texto marca eso que fue el mensaje de este artista al curso: que estemos atentos y cuestionemos aquello a lo que le prestamos atención porque no solo nos relata algo sobre nosotros, sino que puede convertirse en el relato que podemos ofrecerles a los demás. La historia que nos regala Una de la cal y una de arena sigue siendo vital, ahora más que nunca que batallamos con grandes intereses que ningunean las comunidades, los obreros y esos ciudadanos invisibles al gran proyecto nacional. Nos sensibiliza al centralizar los discursos silenciados y nos lleva a pensar en el mensaje de los espacios en los que residimos y en aquellos en los que el falso progreso interviene al punto de borrarnos nuestra historia y, como resultado, nuestra identidad. Ante esto el arte resulta imprescindible y de allí ese llamado de Pedro que nos urge tanto: el democratizar la escritura, ese derecho que tenemos todos de poder decirnos, contarnos y relatarnos.

 

  (0) Comentarios



claritienda Las llamas de la aurora