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La vida estaba en otra parte

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Por Mari Mari Narváez

Publicado: martes, 9 de octubre de 2018

(Este texto inédito sirvió como presentación al libro Elizam Escobar: Obra poética 1980–2016 el 24 de mayo de 2017, día en que el artista cumplió 69 años).

 

Quiero empezar con un reconocimiento de algo vital en las celebraciones de esta noche. En septiembre, Elizam Escobar cumplirá 18 años de libertad material.

Elizam ha vivido 72% de su vida fuera de la cárcel. Así que hoy no solo celebramos su cumpleaños #69 (Y si un cumpleaños había que celebrarle a Elizam era el 69!!!!) (Quiero decir en honor a su trabajo erótico formal, antológico. O sea, en sus obras y en la poesía y eso, no sean malpensados… ustedes son terribles). 

Hablando en serio. Reconozco y agradezco a Yolanda haber tenido la visión y el empeño para celebrar esta actividad que no es más que un pretexto para celebrar la vida de un gran amigo al que siempre le vamos a quedar debiendo, de un intelectual y artista único, irrepetible, en nuestro país y, por supuesto, de uno de nuestros grandes patriotas; una de las personas que más ha ofrendado a la lucha dura y centenaria de la independencia de Puerto Rico. 

Así que, si venimos a ver, lo que hoy celebramos son los años de vida y de libertad que, entre todos, le hemos podido robar al colonialismo, a nuestra propia destrucción, a toda la represión y los intentos de invisibilización de nuestro derecho a ser libres, a una lucha muy desigual que a veces ha sido sangre y a veces ha sido dejar una pequeña fuente con la corriente mínima para que permanezca viva. 

Hoy celebramos el tiempo de Elizam, el que hemos vivido con él en estos 18 años tan intensos y fructíferos (en los que además hemos gozado muchísimo), los que pronto serán 19 y por fin sobrepasarán los años de prisión.

No sé si ustedes saben que, desde 2001 y al menos hasta hace 3 ó 4 años atrás, Elizam soñaba todas las noches de su vida con la prisión. No eran necesariamente sueños tortuosos. Después de todo, siempre eran distintos tipos de cárceles. “Nena, en algunas venden Medallas y todo”, me explicaba él hace unos años atrás. “En otras, hay unas mujeres bellísimas, unas fiestas tremendas”.

Esto no me pareció para nada extraño pues desde la primera entrevista que le hice, un mes después de haber salido de la cárcel, siempre noté en él una pequeñísima, casi imperceptible nostalgia, no exactamente de la prisión sino de algo que tal vez solo ocurriría allí. 

Por eso no me sorprende leer en este libro que hoy nos convoca, ‘Elizam Escobar: Obra poética 1980–2016’, particularmente en el poemario ‘Sobrelibertá: poemas del siglo XXI’ un poema que dice:

 

Echo de menos la ausencia

el encierro, la vida mental

 

echo de menos las vueltas

en círculo

las cartas, la espera eterna (p. 234)

 

Siempre ha habido quien dice que nuestros presos salen de la cárcel pequeña para unirse a nosotros en la gran cárcel. Yo nunca vi a Puerto Rico como una gran cárcel a pesar de que, por supuesto, sabía exactamente a qué se referían y sé que hoy día no estamos nada apartados de esa metáfora. Pero como dice Elizam, son cárceles muy distintas. En una puedes comprar Medallas, ver gente bellísima, subir un monte, leer un libro en la playa, visitar a tu familia, ir a un piquete (aunque creo que eso de piquetear ya es ilegal aquí. Es posible que vayamos todos presos en el próximo piquete que se nos ocurra hacer).

Es cierto que Elizam carga siempre con su cárcel. Pero su prisión, en efecto, es distinta. Es un estado de profusión mental que detona todo un universo creador. Porque Elizam ya es, más que un artista, un universo: político, plástico, poético, literario, amatorio, psíquico, crítico, filosófico, un universo de la libertad, con todo y sus prisiones a cuestas.

De hecho, no es por ponerme grandilocuente pero todavía no he podido dar con ningún otro preso político o luchador independentista en nuestra historia que reúna todas las capacidades creativas de Elizam. Hemos tenido presos y presas políticas, líderes de la independencia, que han sido poetas, escritores o escritoras, filósofos, hemos tenido místicas y místicos, espiritistas. Otros han sido artistas plásticos. Pero no he dado con ninguno que haya sido todo eso y, sobre todo, con la dimensión simbólica de Elizam Escobar quien, sin duda, es de los talentos plásticos y literarios más exclusivos que ha dado el Puerto Rico de finales del siglo XX y del XXI.

En esta extraordinaria compilación poética editada y también curada por José Ramón Meléndes (porque contiene unos elementos plásticos que son los que terminan las obras, construyendo toda una exposición en el libro) hay 36 años de trabajo poético, incluyendo unos primeros ejercicios en los que se siente un poeta en ciernes en el duro proceso de romper su cascarón. Y sin embargo, sorprendentemente rápido, creo que gracias a la honesta y reveladora curaduría del Che, esos poemas primerizos se convierten en poemas muy sofisticados. En mi humilde opinión, el primer golpe de fuego que una recibe en este libro es el segundo poema, Ángel Rodríguez Cristóbal: Inmolado, dedicado al militante de la Liga Socialista que sabemos fue asesinado en una cárcel de Tallahassee en 1979, cuando cumplía tiempo por desobediencia civil en Vieques. Los carceleros mintieron vilmente diciendo que había cometido suicidio. Para honra de nuestro movimiento de liberación, ese asesinato fue debidamente vengado por uno de nuestros grupos armados. El poema de Elizam asume la voz de nuestro inmolado desde la muerte misma. 

 

(Como no encontraron nada

Destruyeron mis fundamentales trozos 

Del amor, del apego al amor, compañera

Sus ojos preñados de malicia

Descargaron la pus cobarde

Que les nace como su yo–infectado)

 

Creo que por todo esto, sumado al reciente acontecimiento de nuestra victoria en la excarcelación de Oscar López Rivera, decidí limitarme a hablarles un poco sobre dos asuntos aquí hoy, cosa de no torturarlos demasiado: la cárcel como telón de fondo y la poética del sueño de Elizam Escobar. 

 

Elizam y la cárcel 

La vida estaba en otra parte. Eso Elizam lo supo desde el día mismo en que entró a la cárcel. No es entonces extraño que haya recurrido a la vida simbólica que el arte posibilita para que le creciera vida a la anti–vida de la cárcel. Pero Elizam siempre dice que no recurrió al arte como terapia. 

“El arte puede ser una terapia, no tengo problema con eso. A los presos, el arte los ayuda a liberarse, a desahogarse. Pero para mí el arte no se puede limitar a una terapia porque el arte es algo que puede ser lo contrario, te puede joder la vida. Es una tensión. La guerra es la continuación de la política por otros medios. Y el arte para mí es la continuación de la vida por otros medios, los simbólicos. No está separado de la vida pero no es la vida”. 

Lo más aceptable es pensar que la experiencia extrema de la cárcel no tiene muchas equivalencias o comparaciones posibles. Así que perdonen mi intento tal vez muy fallido pero se me ha ocurrido que –como la ceguera en escritores como Borges o la temática recurrente de la imposibilidad en la mejor poesía– la cárcel permite – o más bien acelera, provoca– un desplazamiento urgente, un traslado de lugar mental, una búsqueda perenne de aquella otra cosa que tú sabes existe, es posible, allá fuera. Y que es también tensión pura como dice Elizam. Pero tú sabes que es la vida, que es la creación, que es la angustia y la aflicción de la búsqueda de libertad. 

Ese desplazamiento surge en, al menos, dos vertientes que han sido evidentes en la obra de Elizam, tanto plástica como poética: el beso del pensamiento, es decir, la vida mental; y el sueño como universo poético. Y cuando digo la vida mental –que la llamo el beso del pensamiento, como el otro libro de Elizam, el Antidiario de prisión: el beso del pensamiento, también editado por Che– eso incluye un universo afectivo realmente expansivo. 

Como espectadora de la obra de Elizam, siempre he entendido su beso del pensamiento, no solo como el ejercicio intelectual que es sino también como un desdoblamiento de toda la ternura, del amor, del tacto que está materialmente ausente. Ante la ausencia cotidiana de lo afectivo, el pensamiento toma un lugar de lo emocional, un ámbito afectivo y carnal (carnal no de lo erótico, que también, pero aquí me refiero a la materialidad del cuerpo). Sería interesante compararlo con el misticismo, por ejemplo, o con la literatura de curas, monjas o de otros presos políticos históricos en circunstancias similares de enclaustramiento. Ya no solo los más evidentes por la proximidad y similitud como bien son Matos Paoli, Juan Antonio Corretjer y hasta Julia de Burgos si ampliamos un poco el concepto de cárcel al hospital, por ejemplo, o a la enfermedad o al malestar. Pero también a otros y otras mucho más viejos como Sor Juana, o como Dostoyevski, una de las grandes influencias de Elizam; como Miguel Hernández, Wilde, entre muchos otros. 

La prisión a su vez es siempre –o casi siempre– una especie de telón de fondo en la obra de Elizam, sea 1982 o 2006. Pero ese telón me parece es bastante grueso en la plástica mientras que, en la poética, parece muchísimo más fino. Apenas una membrana casi transparente allá en el horizonte del libro. En su poesía, la cárcel es a Elizam como la imposibilidad a los poetas: un propulsor para explorar todo lo oculto que tiene la existencia. 

En este mismo punto de la prisión como la imposibilidad, como el sueño, como la pesadilla, como el mal mismo, hay un desdoblamiento. Pienso, por ejemplo, en los autorretratos, que funcionan como los espejos. No solo repiten el yo sino que sus muecas, reacciones, miradas, también reflejan a los otros. O –más revelador aún– reflejan su soledad. La ausencia de una mirada que le sirva de interlocutora. 

“Cuando tú eres tu propio personaje, hay una fuerza de la que no puedes escapar”, dice Elizam en una entrevista que le hizo la profesora Rosario Romero. “Eso quiere decir que uno tiene que sacar el conflicto, independientemente de si es conveniente o no. Y no es”.

Con los sueños, insistentemente trasplantados a la poética y a la plástica, pasó lo mismo. No lo digo yo. Lo dice él mismo en distintas entrevistas: 

“En tres de las prisiones, Elizam pasó encerrado en su celda 22 horas diarias durante tres años”, dice Rosario. “El pensamiento y el sueño pasaron a ser esenciales, llegando a alcanzar la categoría de entelequia, un nivel de presencia/ ausencia con el que el prisionero establecía un diálogo constante. Despertarse, volver a dormir, escribir, volver a dormir, soñar, dibujar, volver a soñar. El oneirismo se hace patente en algunas de las pinturas de la muestra, especialmente en los autorretratos. Es en el sueño donde reside el sentido más auténtico del tiempo, cuando dejan de comunicarse el espacio exterior y el yo, cuando no hay medida objetiva y controlada a nivel racional. Es en el sueño donde aflora como única posibilidad la experiencia de las sensaciones, donde no se mide el tiempo, sino que se siente, donde lo pasado, presente y futuro se hacen indivisibles e inconmensurables”.

Constantemente me viene a la mente el filósofo griego que se arranca los ojos para poder pensar (Demócrito de Abdera). 

Ustedes tal vez se pregunten por qué he mezclado la plástica con estos poemas. Pero tan pronto abran el libro comenzarán a ver por qué. Y es que este es un libro fronterizo. Una antología poética con poemas en prosa y ensayos versados: piezas cuyo género primordial no puedes siempre distinguir fácilmente. Pero además, es también un libro perfectamente complementario con la obra plástica de Elizam y no solo por la fina curaduría que mencioné. Es decir –y por supuesto Che Melendes después me corregirá, porque no he hablado con él, si Elizam me invitó la semana pasada a presentar este libro– pero esto no es un libro de poesía que Che ilustró con algunos dibujos y piezas de Elizam. No. Esta antología poética es la complementación prácticamente simultánea de una obra mayor, que es ese universo creador de Elizam Escobar que ya he mencionado. He ahí la grandeza de esta gesta editorial que sin duda nos impone también un requerimiento mayor. Yo no soy una experta en nada, mucho menos en arte y no quiero pontificar ni decirles lo que tienen que hacer. Pero con cierto convencimiento digo que no se puede hablar de la obra plástica de Elizam Escobar sin referirnos a esta antología poética, así como al extraordinario Antidiario de prisión: el beso del pensamiento. Si usted piensa que conoce la obra plástica de Elizam Escobar pero no ha leído sus libros, se está perdiendo, al menos, la mitad de la historia. De nuevo, no lo digo por decirlo. 

Algunos de ustedes recordarán aquella Muestra Nacional en la que todos esperábamos con bastante curiosidad conocer la obra que presentaría Elizam. Cuando llegamos, en medio de la algarabía que se forma en esos eventos, los vinos, los recorridos guiados, las habladurías de medio mundo que se encuentra, Elizam nos sorprendió con aquella obra de gran formato que solo contenía una nube. ‘Nube’. Aquello no se sabía si era una tomadura de pelo, una travesura, una propuesta completamente seria y libre de ironía. Yo casi no me atrevía ni a preguntar. Elizam llevaba relativamente poco tiempo (un par de años) fuera de la cárcel y su primera obra al menos con la resonancia pública que dan esas muestras nacionales era una nube gigante, una nube gris, algo espesa, de hecho, según mi recuerdo. Como son las nubes, pues. ¿Qué cosa tan distinta entre la cárcel y la libertad podía proponer aquella nube? ¿No ven los presos, al menos, eso, nubes? ¿O había en aquella nube una especie de equivalencia entre esta cárcel y aquella? ¿Era un regaño o una travesura? ¿Un comentario despectivo sobre esta parte del mundo donde sí se suponía que se encontrara la vida? ¿Qué era aquello?

Yo al menos no había unido los puntos en aquel momento. Pero en este libro maravilloso comencé a hacerlo. Para ser una celebración, me he pasado demasiado del tiempo y he incumplido mi promesa de no torturarlos. Así que los voy a dejar conectando ustedes también los pasos perdidos de este poeta con un fragmento del poema Una nube:

 

Que no eres tú 

cuando escribes que

no quieres ser tú

o te cansa todo o casi todo del ser

tú, que quisieras solo ser una nube

en tu cabeza de cielo y abismo

una nube perfecta que navega

y se para a pensar su ser algo

su pasear de océano en océano

de lluvia o en huracán del mar...

 

Pero las nubes no solo sufren de insomnio:

son el insomnio

son el pensar sin parar

una mano y una pluma que no paran

que no pueden parar

 

que vale ser una nube que no duerme

que se postra delante del océano

de los peces y los barcos que trabajan

 

de qué te vale que una nube te visite

y te habite como un caracol nocturno

noctámbulo, enrrollando y desenrollando.

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