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Con-textos: La paradoja del barbero

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Por Reinaldo Pérez Ramírez

Publicado: miércoles, 24 de octubre de 2018

... “las paradojas y las contradicciones pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte ... 

parecen ser parte integral de la vida misma ...”

(traducción libre)

Fall of Man in Wilmslow

(novela biográfica sobre Alan Touring)

David Lagerkrantz

 

La mayoría de los pueblos cargan en su mochila histórica una genética confusa y convulsa, las más de las veces contradictoria y en muchos casos paradójica. En nuestro caso, el equívoco nos define desde siempre. Sin remontarnos a la época pre–“descubrimiento” durante la cual podríamos identificar muchos personajes como ancestros de una Comala caribeña que también podría ser paradójica, el evento puntual del segundo viaje de Colón y su amalgama de aventureros –busca fortunas y destitutos sociales oriundos de la España de Castilla-León– arrastraba desesperadas agendas personales y no menos desesperadas agendas imperiales. Pero la verdad sea dicha: cuando habían arribado a la isla que Colón llamó “San Salvador” –los ingleses llamaban “Watling”, pero los verdaderos descubridores nativos denominaban “Guanahaní”– los españoles estaban convencidos de que habían llegado a la India.

Cuando durante el segundo viaje llegaron a Puerto Rico e “hicieron aguada” en el Oeste, todavía buscaban la ruta a Cipango, como se conocía a Japón durante la Edad Media. También pretendían llegar a la China, a donde Marco Polo había llegado más de un siglo antes, solo que en dirección opuesta mediante la legendaria “ruta de la seda” por la vía terrestre que mediante trenes de alta velocidad resucita hoy la misma China que buscaban entonces los españoles.

Miren las paradojas que subyacen en los nombres: Watling era la avenida/ruta del ejército imperial romano cuando avasalló las Islas Británicas. Guanahaní en vernáculo indígena significaba “dulce y gentil”. El “salvador” que sabemos Colón no fue, ahora pretende ser su conquistador, descendiente a su vez de los británicos antes conquistados por los romanos vía Watling. Lagerkrantz tiene razón: las paradojas suelen definir la vida y la muerte.

Más de quinientos años después del contacto europeo/caribeño continúan los equívocos. En 1898 nos convertimos en “territorio” conquistado; botín de guerra. Pero al no ser territorio continental contiguo al de los estados y al tener sus habitantes diferente idioma y cultura, se articuló una norma de derecho positivo imperial, también claramente equívoca: somos propiedad de, pero no formamos parte de. Por eso, tendríamos menos derechos que los originales habitantes de Norteamérica en los estados unidos continentales a cuyas tribus sí se les reconoce soberanía. La nuestra –antes regenteada/usurpada/tal vez reconocida por los españoles– la perdimos mediante la “cesión” de España a Estados Unidos mediante el Tratado de Paris. Es decir; según los norteamericanos, los españoles nos cedieron sin soberanía. El Congreso con sus barcos de guerra, se la apropió. Estamos en un limbo jurídico. La Corte Suprema de los Estados Unidos así lo resolvió en Pueblo v Sánchez Valle –como de carambola a tres bandas en una mesa de billar– mediante un dictum (significa cuando un tribunal resuelve algo que quiere resolver sin que sea visible) ya que no forma parte del razonamiento medular de la enjundia togada imperial sin peluca.

En el tercer estadio del equívoco en que se ha convertido nuestra condición política y jurídica, se nos ha impuesto unan tiranía anacrónica, tanto a la luz del derecho internacional como a la luz del propio derecho constitucional norteamericano mediante la aprobación de la Ley PROMESA y la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal con poderes extraconstitucionales y omnímodos. Ésta nos exprime la savia vital del país mediante austeridades impuestas a su gente trabajadora y envejecida, confundida en el afán –después de la devastación de los fondos buitre y del huracán María– de sobrevivir un día a la vez, esperando resolver en la inmediatez repetida los afanes individuales y colectivos de los puertorriqueños. ¡Todos somos WIC! 

Como ha ocurrido en Grecia, la austeridad impuesta desde hace casi una década no ha resuelto problemas que son estructurales y no financieros, como los de la economía de Puerto Rico. Allá, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional están dominados por el póker no productivo de la alta finanza. Son los mismos buitres. El balloon payment lo tendrán que pagar nuestros nietos y tataraidems, tanto allá como acá.

Frente a ese escenario ominoso, es imperativo cuestionar el estado de derecho positivo vigente porque –impuesto que fuere como acto de guerra– es el único que nos aplica y gobierna nuestra vida diaria. Como los troyanos que se insertaron con su caballo en las vísceras de Atenas, tenemos que cuestionar las paradojas y contradicciones evidentes de la justificación de la colonia desde dentro de su mismo cuerpo de normas. Luego veremos qué pasa.

Es como la paradoja del barbero: si decimos que el barbero afeita a todos los que residen en su pueblo –salvo a quienes se afeitan ellos mismos– entonces, quién afeita al barbero, sino él mismo, lo que derrotaría la veracidad del aserto. Del mismo modo, si decimos que la Junta de Supervisión Fiscal “afeitará” la corrupción y la ineficiencia de los funcionarios electos por los puertorriqueños, con lavaza de austeridad dirigida a los trabajadores, ¿quién afeitará a la Junta –incluyendo a Carrión III, Carlos García, la Jaresko y sus secuaces– personeros de los fondos buitre?

Dos veces “nacimos” como Isla/País/Nación de manera equívoca. Hoy tenemos otra paradoja urgente, compuesta de tiranía y al igual que Colón, vestida de “salvador”. Hay que implosionarla desde adentro, a riesgo de que muy pronto no tengamos País.

 

Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com

 

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