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Trump y el despotismo neofascista neoliberal de los EE.UU.

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Por Félix I. Aponte Ortiz

Publicado: martes, 9 de octubre de 2018

Leía en estos días, con cierto grado de estupor, una reseña que publicó el periódico The New York Times (TNYT) en su edición del 6 de octubre de 2018, revelando que en el 1968 el general William C. Westmoreland, entonces comandante en jefe de las operaciones militares norteamericanas que agredían a Vietnam, ordenó una movilización de armamento nuclear para utilizarlo contra ese Pueblo si las tropas invasoras perdían una de sus más fieras batallas que en ese entonces llevaban a cabo en Khe Sanh. El general Westmoreland ordenó y coordinó una operación secreta autorizada inicialmente por el Comando Norteamericano del Pacífico que denominaron “Fracture Jaw” que suponía tener disponibles esas armas en Vietnam del Sur para utilizar las mismas de forma inmediata que éstas fueran autorizadas por el presidente Lindon B. Johnson. Esta información surge de documentos secretos recientemente desclasificados y que examinó Michael Beschloss, historiador presidencial que presentará próximamente un libro a publicarse bajo el título “Presidents of War”. La reseña del TNYT destaca lo cercano que estuvo los EE.UU. en utilizar nuevamente armas nucleares en Vietnam, 23 años después de haber usado esos artefactos de destrucción masiva sobre los Pueblos de Hiroshima y Nagasaki. Afortunadamente, el presidente Johnson fue informado oportunamente del proceso de ese operativo clandestino y ordenó su inmediata cancelación. La reseña del periódico norteamericano indica que el presidente Johnson previamente había presionado a su comando militar para que aseguraran una victoria en la batalla de Khe Sanh y evitar que el presidente tuviera un desastre político y una humillación nacional. Aunque Johnson aparentaba no tener en su pensamiento el uso de la fuerza nuclear, sus generales en El Pacífico interpretaron que esa opción no estaba descartada. Es importante tener presente esa experiencia de 1968 en el contexto actual de un presidente con la soberbia y prepotencia que caracteriza a Donald Trump. Este presidente hace poco, apenas poco más de un año, amenazaba públicamente a Corea del Norte con el uso de sus armas nucleares y que, contrario al temperamento y prudencia que se le podría atribuir a Ho Chi Minh del Vietnam de 1968, Corea del Norte tiene un presidente con un talente de carácter similar a Trump y que alegadamente también posee un pequeño arsenal nuclear.

Tomado el contexto de lo arriba planteado, surge la preocupación del nombramiento al Tribunal Supremo de los EE.UU. del juez Brett Kavanaugh. A pesar de las objeciones de múltiples sectores populares, profesionales, y políticos en oposición al nombramiento de ese juez, el senado del congreso federal aprobó el nombramiento en una cerrada votación de 50 a favor y 48 en contra. Muchos vimos en televisión las vistas del nombramiento de ese juez que fue imputado de agresión sexual a varias mujeres, que se identifica como un individuo con tendencia al consumo descontrolado del alcohol y que, en la presentación oral que hizo en esa vistas, mostró su carácter y temperamento volátil, soberbio, arrogante e irrespetuoso a la opinión de varios senadores que cuestionaban su solvencia moral para ocupar el puesto al que fue nominado por el presidente Trump. Un presidente que ha exhibido las mismas cualidades de prepotencia, arrogancia, depravación moral, xenofobia, soberbia y otras actitudes de intolerancia a la opinión de otros ciudadanos. Habrá que esperar a ver si, en el desempeño como juez del tribunal supremo, Kabanaugh imprime el mismo matiz de su personalidad distorsionada que comparte con el presidente Trump. Si así resultase, como muchos anticipan, la cabeza del gobierno de ese imperio insaciable constituirá una amenaza permanente a todas las naciones del Mundo. Parece ser que ese país se ha movido aceleradamente a un estilo de gestión gubernamental característica del despotismo y de un neofascismo.

Recientemente leía el libro que lleva como título Atomic Audit: The Costs and Consequences of U.S. Nuclear Weapons Since 1940 (The Brookings Institution; Stephen I. Schwartz Editor, 1998) que trabaja el tema del desarrollo del armamento nuclear norteamericano ofreciendo un examen cronológico desde el desarrollo del conocimiento científico de la fisión nuclear y su utilización como medio para producir armas nucleares. Este libro es, probablemente, el primero hasta la fecha de su publicación, en documentar cuantitativamente la cantidad de artefactos nucleares y los medios para su desarrollo y uso, así como el costo monetario de ese proyecto de desarrollo de armas de destrucción masiva. El libro trabaja también los aspectos cualitativos relacionados a las consecuencias de ese programa nuclear, tanto políticas como económicas y ambientales. Este libro comienza con una cita del documento preparado para el National Security Council del presidente Truman titulado United States Objectives and Programs for National Security que era referido como NSC 68. El documento se mantuvo como ‘secreto’ (“Top Secret”) desde su desarrollo en abril de 1950 hasta el año 1975 cuando fue ‘desclasificado’. Desde mi conocimiento como estudiante de historia, este documento parece ser de medular importancia al establecer los lineamientos de la política pública del gobierno federal relacionado al programa de desarrollo de armamento nuclear como elemento esencial para sostener La Guerra Fría que ya habían iniciado contra la Unión Soviética desde 1945 y que estuvo vigente hasta el 1989. La cita contenida en la página 23 del NSC 68 dice lo siguiente: “The full power which resides within the American people will be evoked only through the traditional democratic process: This process requires, firstly, that sufficient information regarding the basic political, economic, and military elements of the present situation (entiéndase, las tensiones entre los dos ejes hegemónicos de la época) be made publically available so that an intelligent popular opinion may be formed. Having achieve comprehension of the issues now confronting this Republic, it will then be possible for the American people and American Government to arrive at consensus. Out of this common view will developed a determination of the national will and a solid resolute expression of that will.” (énfasis suplido). El “proceso de la tradición democrática” que en esa cita se alude está totalmente deformada en tiempos presentes de gobiernos que ocultan a sus ciudadanos información clave e indispensable para justificar decisiones sensibles, información necesaria para formar opinión pública educada que permita lograr acuerdos sobre decisiones de interés público apremiante. Al contrario, ahora todo lo importante se nos oculta bajo un manto de secretividad, proceso que sirve de sustrato para promover y estimular la corrupción y enriquecimiento ilegítimo de individuos, corporaciones y sectores económicos (militares, de energía, farmacéuticos y financieros).

La reseña del TNYT aquí referida, sugiere que los generales a cargo de la ofensiva en la guerra contra Vietnam se alejaron de la pauta que esta política pública de NCS 68 exigía. Y obviamente, el presidente Johnson, como los presidentes que le antecedieron, manejaron estos asuntos del poder y riesgo del arsenal nuclear en absoluto secreto con respecto al conocimiento y opinión pública. No obstante, parece ser que aún en el ejercicio de sus funciones como “Comandante en Jefe” del imperio norteamericano, los presidentes mantuvieron un relativo equilibrio de juicio y una toma de decisiones informadas sobre el manejo de ese arsenal nuclear de armas de destrucción masiva. La incertidumbre actual radica en la insolvencia intelectual, moral y ejecutiva que muestra Trump y que ha imprimido en su gabinete ejecutivo a cargo de la operación del gobierno central. La ideología que mueve a Trump, y su insolencia, también la exhiben públicamente la mayoría de sus jefes de agencias así como el liderato del congreso federal. Ahora preocupa cómo esa ideología neoliberal capitalista, fanática, irracional que también exhiben grupos religiosos con alta capacidad de influencia en las decisiones públicas, pueda manifestarse en las decisiones del Tribunal Supremo. Ese tribunal tendrá que pasar juicio en los próximos años sobre asuntos de derechos fundamentales de los ciudadanos relacionados a la privacidad, a la salud, a la migración, a los derechos reproductivos y a la protección ambiental. En este último renglón, potencialmente, veremos el disloque de la legislación que protege o controla el problema del calentamiento global y el cambio en el clima, problema que como el manejo del arsenal nuclear, supone una amenaza profunda a la seguridad y bienestar de la civilización humana como la conocemos al presente. El calentamiento del planeta es otra “bomba de tiempo” que ya está minando el equilibrio natural del ecosistema planetario que sostiene todas las formas de vida, incluyendo la de los seres humanos.

Reconocemos que en el pueblo norteamericano todavía se mantienen activos y preocupados importantes sectores intelectuales, científicos y políticos que rechazan ese estilo de gobierno despótico que se ha fraguado en el gobierno federal (en el ejecutivo, legislativo y en el judicial). No obstante, esos sectores progresistas no manejan o tienen control de los procesos políticos, particularmente, los electorales que utilizan los gestores de ese neoliberalismo capitalista que reclama ser ‘democrático’ pero que, en realidad, son entes que solo buscan su beneficio material controlando el proceso de producir, acumular y reproducir la mayor parte de la riqueza para el beneficio de la elite de individuos y corporaciones que los representan.

El gobierno de los EE.UU. acentúa su comportamiento como uno de despotismo neofascista. La ideología que mueve a ese gobierno también incide sobre múltiples actores sociales, religiosos y económicos que van minando la capacidad de ese país para sostenerse como un federación de estados democráticos. Por su relevancia como potencia económica y militar internacional, el disloque de EE.UU. supone serias repercusiones sobre el desenvolvimiento de la vida del resto de las naciones. Ese fanatismo ideológico también se exhibe en Puerto Rico en múltiples dirigentes que administran el aparato electoral y las estructuras y organizaciones económicas y religiosas. Puerto Rico, como nación, tiene que liberarse de ese lastre neoliberal que no nos deja formular y avanzar hacia un proyecto de desarrollo viable para nuestro bienestar económico y social. Tenemos que “zafarnos” de esos amarres fanáticos políticos y religiosos que nos mantienen involuntariamente amarrados y vinculados a la podredumbre que se esparce como un cáncer en las instituciones que manejan los procesos políticos y económicos de la metrópolis. Ese es el reto del presente: liberarnos del despotismo neofascista y neoliberal.

 

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