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18o Festival de Cine de La Habana en Nueva York

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Por Soledad Romero

Publicado: miércoles, 14 de junio de 2017

La audiencia hispanohablante y latinoamericana de Nueva York, disfrutó esta primavera del Festival de Cine de La Habana que acaba de cumplir dieciocho años de existencia. El evento incluyó charlas educativas con participación de cineastas y actores invitados. Un festejo culminó el festival con la premiación de cintas destacadas, y el reconocimiento a sus realizadores y actores galardonados. La siguiente reseña es una selección de la muestra mayor de cine de América Latina de la cual merecen mencionarse las siguientes cintas extraordinarias: El Candidato del realizador Daniel Hendler, Uruguay-Argentina sobre el robo cibernético de información y El Soborno del cielo de Lisandro Duque, Colombia, donde se exponen los extremos de la intolerancia religiosa y el dogmatismo del clero católico y su grey en un pequeño pueblo de América del Sur. 

Playing Lecuona - Dir. Pavel Giroud, JuanMa Villar, España/Colombia, 2015. 114 min Insularia Films (Documental presentado fuera de concurso) Esta composición cinematográfica codirigida magistralmente por el realizador cubano Pavel Giroud (El Acompañante 2016; La Edad de la Peseta 2006) y el productor canario JuanMa Villar, se inspira en la obra del cubano Ernesto Lecuona y Casado (1895-1963) figura cimera en el arte musical de las Antillas hispánicas y América Latina en el siglo 20. El filme rebasa todos los adjetivos que pudiéramos aplicar para clasificarlo como obra de arte magnífica. El pianista Chucho Valdés (IRAKERE-CD) dicta las pautas sobre el celebrado compositor mientras hace gala de su propio virtuosismo en la maestría del teclado, y nos guía husmeando el rastro del genio musical por las callejuelas de La Habana. Rememora el anecdotario familiar de lo vivido junto a su padre Bebo Valdés (Lágrimas Negras-DVD) pianista renombrado, amigo entrañable y miembro del círculo íntimo del artista Lecuona. Esta gira musical sobre las partituras de Lecuona se transforma en experiencia orgánica que parte desde el oído, y se desplaza a las imágenes visuales del filme colocándonos en el vórtice, el mero centro de un placer estético sensorial absoluto. El pianista cubano Gonzalo Rubalcaba hechiza con el efecto de su personalidad tan grata y la maestría técnica sobre el instrumento investido de sapiencia, mientras sacraliza el momento con profundidad, ejecutando con pasión y sutileza. Michel Camilo, dominicano, nos arropa de sensibilidad, hace brotar en el teclado un manantial de hermosa sonoridad que culmina con un conjunto de jazz. Se les une en Canarias el maestro Raimundo Amador, virtuoso sin par de la guitarra. El círculo musical e interpretativo culmina con tres voces de mujer: de España Ana Belén y Esperanza Fernández; Omara Portuondo de Cuba. Son artistas destacadas que se apoderan del espacio sonoro y escénico como celebrantes de un ritual sugestivo y sensual para sellar la inefable vivencia con emotiva intensidad. Los Muñequitos de Matanzas y el quinteto The Afro-Cuban Messengers salpican la pantalla con la alegría energizante de sus ritmos percutidos y danzas de solar. La cámara recoge de modo directo los cuadros escénicos sin desviarnos de lo fundamental que es la música, sus ejecutantes, y el homenaje que se le brinda al instrumento del piano con extremado fervor. No faltó el detalle misterioso de un ilustre piano que andaba por ahí perdido en busca de dueño y que predestinado arriba a puerto seguro. Posee el filme una edición precisa, sin distracciones, con un lenguaje cinematográfico acoplado en ritmo y matices en cada escenario. El conjunto total es una experiencia armoniosa inolvidable, una joya que deseamos sostener en un espacio infinito al contener todas las raíces musicales de Cuba y nuestro Caribe que es el legado glorioso de Lecuona: evocación de lo hispánico y lo africano, lo indígena y lo árabe, atravesando mares, jardines de palmeras, de luna y sol con Siboney, Danza de los ñáñigos, La Comparsa, Siempre en mi corazón, Andalucía, Malagueña, y Para Vigo me voy. Como dijo el poeta... lo criollo y lo mestizo ¡todo mezclado! 

Últimos días en La Habana - Dir.FernandoPérez,Cuba/España 2016. 92 min Fernando Pérez (Suite Habana 2003; La vida es silbar 1998) es un director idiosincrático, original y cautivante que nos tiene acostumbrados a sorpresas ya sean formales, alegóricas o de contenido enigmático impregnadas de actos simbólicos. Esta vez asistimos al ocaso de una vida tronchada por la plaga maldita del sida que sigue asolando nuestro universo cotidiano. Disfrutamos de un mano a mano de carácter dialéctico entre dos actores-personajes inteligentes y diestros en el oficio: (Jorge Martínez y Patricio Wood) enfrentados por medio del lenguaje de los silencios, la emoción controlada y secreta de un lado, opuesto al agonista que habla hasta por los codos, medita en voz alta, compone y recompone la realidad cubana con un apoteósico y reflexivo gracejo, la exaltación humorística de las ironías de la vida. Lo más sorprendente es que justo cuando la llama espiritual parpadea, el personaje proyecta su nobleza. Al final el realizador Fernando Pérez nos divierte de manera magistral con un guiño a la muerte. La cinta y el intérprete Jorge Martínez recibieron el premio de Mejor Película, y Mejor Actor del HFFNY.

El Techo – Dir. Patricia Ramos, Cuba/Nicaragua, 2016. 70min En la ópera prima de Patricia Ramos, aparece una muchacha encinta acompañada de dos jóvenes que forman un trío inseparable que se la pasa en la azotea de un edificio en plena ciudad de La Habana. Los roles son interpretados por Andrea Doimeadiós, Jonathan Navarro y Enmanuel Galán. Son buenos actores que además de hermosos debutan en el cine por la puerta grande al captar nuestra atención con intensa curiosidad. Aunque la joven se niega a revelar quién es el padre del niño, ambos reclaman la paternidad porque están enamorados de ella. De momento se les ocurre montar en la azotea un improvisado negocito como respuesta a la batalla cotidiana por la sobrevivencia. Los resultados son inesperados: a veces extremadamente divertidos o decepcionantes y contradictorios. Entre la variedad de elementos acertados, una característica del filme es observar el desarrollo emotivo de la tríada, y la dinámica social entre los que se desplazan por los techos, creadores de otro universo de intimidad y tolerancia con reglas establecidas en complicidad. Es un filme encantador, filmado con los elementos necesarios sin desperdicio. La cinta muestra analogías, un feliz paralelo con Halfaouine, El Niño de las terrazas 1990, del realizador tunecino Férid Boughedir, exhibida en el Festival de Nuevos Directores del MOMA-NY donde descubrimos curiosos detalles culturales en las azoteas, además de una visita al legendario baño turco del mundo árabe. 

Carpinteros – Dir. José María Cabral, República Dominicana, 2017. 107 min El reconocido actor haitiano Jean Jean protagoniza la cinta Carpinteros junto a la dominicana Judith Rodríguez, actriz que se las trae por su versatilidad arriesgada ante la cámara. Toda la acción principal ocurre entre muros en La Victoria, Najayo Hombres y Najayo Mujeres, repletas de jóvenes hacinados, desperdiciados en el pico de su juventud, aunque llenos de energía, con mucha maña y talento para la trampa, el traqueteo o trasiego callejero; en fin unos “tigres”. El otro detalle importante, es la penitenciaría una especie de “co ed” con una sección paralela para mujeres separada de los varones por una alta verja de alambre. Los que habitan el filme, en su mayoría son verdaderos reclusos con una alta tasa de analfabetismo. Estos internos han inventado un lenguaje de señas para enamorar llamado “carpinteo”. En primer lugar acuerdan las citas íntimas, luego todo tipo de negocios como la venta de marihuana y otros productos. Es un código donde los transmisores se tienen que entrenar y no fallar. En el transcurso la protagonista decide dejarse de un amante peligroso y juntarse con el joven haitiano que está menos viciado y pronto a salir, creando así un triángulo conflictivo de influencia y poder. Se infiere que el realizador ha querido dar un paso significativo hacia la integración social de la etnia francófona de Haití. Se comenta por ahí que los que ocupan la mitad del territorio quisqueyano son los despreciados de la tierra explotados por la oligarquía nacional. Al cabo, cuando se confirma la venta interna de estupefacientes se desata el alzamiento en el penal, y allí fue Troya… El manejo escénico de los actores y la edición de secuencias de lucha frontal seguro le valió a su realizador el Premio de Mejor Director. 

Esteban – Dir. Jonal Cosculluela, Cuba, 2016. 90 min. Este es el cuento de un niño, un piano, y un músico desencantado de la vida… Esteban es un niño surgido de un sector urbano marginado dentro de la clase trabajadora habanera. Sus padres ya separados traquetean, o sea se sustentan activa y malamente del mercado negro que es ilegal. La madre de Esteban aunque joven, le exige al chico que trabaje para ella, en un lleva y trae de productos (chucherías, cosméticos de apariencia dudosa, como el ron artesanal que vende su papá a los borrachos) distribuidos entre cierta clientela de la ciudad. La quejosa madre cumple con alimentarlo y por lo menos mandarlo con su ropita limpia a la escuela. En el trayecto Esteban siempre se detiene a oír música ejecutada al piano por cierto personaje, un ogro a pesar suyo. Es un encuentro inevitable: al chico le gusta la música. A pesar del rechazo del gruñón musical que habita al otro lado de la verja, la tenacidad ferviente y obsesión ante el embrujo de la música culta, le provoca saltar el muro de contención para domar y capear al ogro. Con sutileza lo convence de que le dé clases, que le paga y que después. Eso, sin tener apenas un centavo para costearlo. Podríamos catalogarla como narrativa simbólica del mito de germinal, con final prometedor. Con lo inteligente y talentoso que es Esteban, quien quiera que tenga conciencia, buen corazón y biblioteca, lo adopta. Reynaldo Guanche el estudiante y Manuel Porto el profesor de música comparten la pantalla de forma magistral. Para culminar los solos musicales están ejecutados por Chucho Valdés al piano convirtiendo la música en personaje imprescindible de la existencia noble. Es otro buen filme cubano, ópera prima sin morbo, que derrocha esperanza. ¡Bravo! 

 

*La autora es actriz de teatro y fue profesora de Español, Estudios Puertorriqueños y del Caribe en la Universidad de la ciudad de Nueva York CUNY. 

 

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