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Poesía de Félix Jiménez

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Publicado: miércoles, 14 de junio de 2017

Definición de valencias 

La partitura es de polvo inmumerable y de espectros perseguidos hasta el más fugaz detalle: susurros y murmullos, caída del agua. pequeños bostezos de su boca. Pero el paisaje es otro,

misteriosa dicción que comienza arriba, desde el aire, mientras las horas como disparos insinúan mesuras y demencias. 

Por momentos se confunde la imagen en sonido:

su mirada está ahí, dormida, y se le mira entre láminas

de espacios verdes y arias de voces que pausan devolviendo, asegurando otro comienzo indefinido que lo soporta todo hasta el momento en que sea posible coincidir. 

Con este hombre hay que alzar las sábanas para que escape

el tumulto, la absoluta claridad que cristaliza el humo, la herencia que dejan estas horas de sueño y que será un trámite al vuelo, mitad fuente mitad espacio, suspendido entre corrientes

que vierten sin sentido, por encima de sospechas

la caída definitiva en el día desde el sueno sobre el mar hasta la isla. 

Así su voz nuevamente suelta sobrias coordenadas. Tranquilamente es de día. Sea justo o no ya es de día y he venido y asistimos

a él y a su siesta sin alarmas. Todo propicia el cansancio,

todo se presta a derumbar. Qué sistema ordenará las llamas, 

los límites de dunas de este hombre que me excluye, siendo así fábrica mía, perpetuo esquivo estado de los ojos. Él en su sed construye en mi sus espejismos.

 

 

sé: te miento 

La ciudad es una fábula serena, se deslizan

serenos semejantes haciendo los mismos ruidos.

los hombres llevan porsiacasos de amor como pañuelos, huyen quemados y rotundos de certezas y secretos. se fija la ventana que se abre: la madrugada se concentra

en el tránsito armonioso dirigido por espejos. algo

suena dentro de la herida y el día total acontece

de rodillas, sigiloso, exigiendo el tono más prosaico

la confesión despiadada, el obtuso resplandor

que destila en mediostonos alguna falsa estrella.

pasean sus fronteras los cuerpos y les duele

la suavidad del tiempo lento hacia la muerte. esperar todo ese cielo por la lluvia, la lluvia que peca

sobre los cuerpos mojados, la lluvia mecánica

con su banda sonora que les confiesa el paradero: 

están aquí

como pronombres de la sombra, labios caligrafiados que deliran

en calles amplísimas buscando al hombre que aún no conocen. caen por sus frentes místicos paisajes hechos de la nada, con cada susto se pierde otra confirmación y cada día es un espanto disponible confluencia de gritos perpetuos metales que destilan dos cuerpos cortados de vidrio. no encontrarán sus huellas en la sombra enloquecida.

 

 

(de: SERENOS SEMEJANTES. Secta de los Perros. San Juan. 2012)

 

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