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CUENTO: La Puerta de la Suerte

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Publicado: miércoles, 14 de junio de 2017

Gretchen López

 

Ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo.

Segundo Teorema de la Incompletitud 

de Kurt Gödel

 

Los niños deben nacer de cabeza. Otra cosa resulta riesgosa sin mencionar que incómoda para la madre. El creo, que diablos. Se nace, y eso ya es incómodo y riesgoso. Pero Hernán, al momento exacto en el que se ve la luz al final del túnel decidió darse la vuelta y enseñar al mundo su genitalia hincada y púrpura. Hernán nació de culo. Pero tres pujos más mostraron lo que marcaría la historia de este pueblo. Sobre el coxis, justo a la altura de sus nalgas, apareció, una protuberancia rosácea y abundante. Cientos de filamentos amontonados en círculo, asemejaban a una pasiflora. La comadrona tuvo tiempo de persignarse ante de sufrir un vaído y hubo que sustituirla en el jaloneo paciente de la criatura, que todavía estaba con el resto del cuerpo al otro lado del mundo.

La madre de Hernán, no notó los traspiés sobre sus rodillas debido al dolor que le causaba semejante parición. Sin embargo, pese a la peculiaridad del evento, madre y criatura sobrevivieron a la faena de cruzar a este lado. Hernán, de hecho, vino agarrando el cordóun umbilical con su mano izquierda, como evitando enredarse. 

La madre ya recuperada pidió ver a su niño al que se llevaron al cuarto próximo. Una vez le vino el alma al cuerpo, Domitila tuvo la sensación de que algo andaba mal, porque la dejaron sola con Amparito, su sobrina sordomuda y muedio tonta. Además, podía escuchar los murmullos tras la puerta que se atenuaban a sus gritos y reclamos.

 –Esto es un castigo de Jehová por andar en fornicios–

 –Comadre, que no ve usted que esto es una señal divina. Mire es una flor de Pasionaria, que la flor de la Pasión de Nuestro señor Jesucristo y dicho esto, todos en la habitación se persignaron.

–Bueno, alguien va a tener que llevárselo a Domitila 

–Y si se lo cortamos antes.

–Jesus magnífica! Cómo se lo vamos a cortar. No sabemos si eso lo mata. 

Acto seguido, una de las mujeres se inclinó hacia el niño que estaba acostado sobre una mesa bocabajo y sopló los filamentos que respondieron a sus brisa y el niño soltó un gemido casi imperceptible que le sonó más a risa que a llanto, porque todas respondieron con cara enternecida. Pero cuando la comadrona rosó la flor con la punta del dedo, el infante lloró por primera vez el llanto de reconocerse presente. 

Ya medio pueblo se había enterado del acontecimiento y habían invadido la casa de Domitila que había comenzado a imacientarse cuando la puerta se abrió frente a ella y era el padre Darío quien le traía a Hernán como Dios lo trajo al mundo. 

Padre pero, envuelva a esa criatura que se va a enfermar, dijo Domitila y el padre le entrego el chico. Nalgas primero para que la mujer lo descubriera por ella misma. Madre al fin dijo determinada. Es que mi niño nació con suerte.

Dado lo sensible de su distintiva protuberancia, hubo que hacer huecos en los pañales de Hernán porque a este le resultaba incómodo mantener su flor abriada. Dormía siempre boca abajo porque aprendió de inmediato que aplastar la formación resultaba doloroso. La gente del pueblo al fin pudo hablar sin rodeos o tabues de la pasionaria de Hernán. La voz se corrió a los pueblos vecinos que pronto vinieron a observar por ellos mismos el fenómeno. Especialmente en la Semana Mayor, por la relación entre esta y el estigma del niño quien desde su nacimiento precidió la procesión, flor por delante. 

El primero en notar los bendiciones recibidas a través de Hernán fue el padre Darío quien pudo recolectar para la parroquia el doble de ingresos durante la semana mayor, de lo que había hecho en los siete años que llevaba en este pueblo olvidado. Asunción, tía del niño, se dedicó a preparar comida que vendía a los curiosos en una carpa instalada a la entrada del pueblo. Modesta, la costurera no daba a vasto preparando modificando los pañales y mas tarde los pantalones. Clemencia, la comadrona, convenció a su marido de arreglar su casa para recibir huéspedes de los que vnían a ver a Hernán y su flor corretear por la calle, jugar con los otros niños. Incluso la madre cobraba una humilde suma por entrar a la casa y responder a las preguntas de los curiosos. Los fondos por supuesto iban para la crianza de Hernán. 

Cuando el chico y su extención se presentaron a la escuela, la maestra solicitó al ministerio de Educacion los fondos asignados a escuelas que sirven a niños exepcionales. Con esos findos adquirió sillas nuevas. Cambió las ventanas y campró libros y pizarras verdisismas. Con los ahorros producto de las aportaciones, Domitila abrió una pequeña pero acogedora taberna a la que llamó La Puerta de la Suerte y se llevó a trabajar a la sordomuda con ella. 

En días de brisa, las risas de Hernán eran un brote de contagio. El pueblo entero con sus locales y sus forasteros compartían en La Puerta de la Suerte en el mesón de Asunción que ya servía mesas adentro y afuera de una casa que adquirió a buen precio en el centro del pueblo. 

Como el pueblo quedaba bastante retirado, los productos necesarios para mantener las exigencias de los clientes tardaban en llegar, por lo que el alcalde del pueblo cabildio ante el ministerio de Agricultura para que otorgaran fondos que subsidiaran las faenas de los campesinos. Pronto una pequeña pero muy lucrativa empresa agropecuaria se levantó en el pueblo. El exedente del producto que no se consumía localmente era llevado a otros pueblos. Generando empleos y contribuciones. Incluso el alcphol no daba a vasto. Entonces a Domitila se le ocurrió destilar licor de parcha que resultó ser una delicia. Los turistas venían no solo a ver al niño que ya era un adolescente, sino también por la vida del pueblito que se había convertido en una pintoresca y pequeña ciudad en medio del calor del trópico. Todos cargaban a sus casas con los estomagos satisfechos, tres o cuatro botellas del famoso ron de parcha y el espíritu contagiado de alegría. Y así se regó la voz. Incluso los niños del pueblo arrojaron los mejores promedios en las pruebas anuales de aprovechamiento académico a nivel nacional 

El destilado de Domitila pronto adquirió etiqueta, permisos de exportación y hasta su propio camión de transporte. Dicen que el Papa recibió una botella y se la consumio en dos días. En su delirio, pensó declarar la flor de Hernán un estigma de Cristo. 

Cuando Hernán cumplió 15 años, desapareció misteriosamente del pueblo. De nada sirvieron las búsquedas exaustivas y las fotos que, de todas formas, eran de su espalda. Los negocios lucrativos calleron de súbito. La bolsa del país se desplomó ese día por el inevitable golpe del retiro de los inversionistas en el ron de parcha. Nadie podía decir con exactitud cómo era Hernán. El color de sus ojos, la espesusra de sus pestañas o sus cejas. Si su rostro era ovalado o ya comenzaba a cortar angulos mandibulares. 

En el pueblo comenzaron los reclamos contra Domitila por no cuidar bien del niño. Los fondos escolares fueron eliminados en su totalidad. Se descompuso el producto agrícola esperando los clientes. Se detuvo de subito la producción de alcohol de pasionaria y un inversionista se quitó la vida, tirándose de su recién adquirida oficina en Nueva York. 

No se supo nada del muchacho durante 5 años. La taberna y demás negocios se habían vuelto ventorrillos. Mosqueros malolientes que todavía mostraban fotos de la flor de Hernán. Pero una tarde un muchacho bien formado y de hermoso aspecto apareció en La Puerta de La Suerte. Nadie lo reconoció. Ni siquiera su madre. Fue Amparito la única en darse cuenta, porque estaba obligada a mirarle a la cara para entenderlo. Entonces con un par de señas que más parecían reclamos levantó a los otros del marasmo. Domitila fue hasta donde el muchacho y le dio la vuelta para reconocerlo. Pero allí donde estaba la flor no había nada. 

No es él, dijo entonces y todos iban a regresar a su letargo cuando el joven se bajo los pantalones hasta la cadera y mostró una cicatriz en el lugar donde estaba la flor.

–Hernán donde has estado

–Mira lo que nos hizo tu partida

–Porque nos diste la espalda, Hernán?

–Ingrato muchacho, Engendro del fornicio.

–Soberano Cabrón.

Los reclamos llovían como los abrazos y las preguntas en una profusa confusión de afectos. Fue una vez más, La muda, quien se dio cuenta que Hernán no había dirigido la palabra en horas. Entonces comenzó el interrogatorio que cambiaría la historia de este pueblo. Todos querían saber dónde había estado, que había sido de él y de su flor. Sobre todo de su lucrativa protuberancia que ya no estaba. Alguno que otro preguntó porque se había marchado. A ninguna respondió y solo se limitó a decir que estaba cansado del viaje. Se levantó y se fue dejando a todos a la expectativa.

De inmediato se animó la charla. En las mesas hombres y mujeres postulaban sus teorías sobre la desaparición de la Pasionaria. Sobre los motivos de la partida y lo que estuvo haciendo durante cinco años. Como pólvora, la voz arropó a los pueblos vecinos quienes llegaron hasta el La Puerta de La Suerte a discutir el acontecimiento. Pronto el pueblo estaba lleno de vida otra vez. Una mesa de apuestas se estableció en la taberna. Administrada por Amparito que animaba con gesticulaciones a que pusieran dinero en las posibles respuestas al enigma. 

Pasaron las semanas y la algarabía en el pueblo reinició la producción agrícola y la fábrica de licor, aunque no en la misma proporción. 

Una nueva campaña publicitaria invitaba: ENCUENTRA LA PASIONARIA al presentar dos tapas de licor y una posible explicación del suceso. Con esta iniciativa promocional, sin duda la empresa volvería a ser lo que en sus mejores años. A todo esto, Hernán, ya estaba cansado de tanto dar cara, de tanto enseñar el trasero vacío, de tanto alboroto por el mismo que se había marchado hacía cinco años. Entonces una noche en que estaba genuinamente harto, salió de su cuarto y baló a la taberna. Subió a la tarima en la que unas horas antes se había presentado 4:40 y tomando el micrófono gritó para se escuchado por primera vez:

Me cansé de enseñar tanto el culo. Me fui a la ciudad con la flor escondida. Aposté la flor pero no tuve suerte.

 
 

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