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Las canto como las veo: La final de la NBA y la sociedad del espectáculo

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Publicado: miércoles, 14 de junio de 2017

Rafah Acevedo/ Bateador designado

 
Estoy seguro de que en estos días han visto a esos millonarios correr de lado a lado de la cancha. Me refiero a los Warriors de Golden State y a los Cavaliers de Cleveland. Ah, como corre ese Lebron James a pesar de sus 6’8’’ y sus 250 libras de peso. Y literalmente corre. Cada vez que lo veo dar tres pasos antes de elevarse y atacar el aro recuerdo lo flexibles que son las reglas entre ricos. 

Lo cierto es que se trata de un buen espectáculo. El manejo de balón y la precisión de Curry, la defensa de Iguodala, el atletismo y el juego ofensivo de Irving, la fina defensa de Pachulia. Montan un show. Y por supuesto lo de la defensa de Pachulia es un comentario sarcástico pero en este periódico no vamos a poner una carita para anunciar que lo que escribimos es de esa guisa.

Sin embargo, ¿no les pasa que a veces extrañan o imaginan que el deporte fuera otra cosa? Quiero decir, ¿qué aporta al deporte o a su ejecución en la cancha saber que Lebron devengó este año un salario de 30.96 millones de dólares? ¿Qué añade a su juego el contrato vitalicio con Nike que asciende a una cifra superior al presupuesto, digamos, de la UPR?

La atención desmedida a cifras personales siempre me ha parecido parte de la ideología dominante. Este año Russell Westbrook anotó 31.6 puntos por juego. Capturó 10.7 rebotes por cotejo y repartió 10.4 asistencias. Es apenas la segunda vez que alguien tiene números de dos cifras en esas tres categorías en la historia de la NBA. Sin embargo, Russell no juega solo. No es uno contra uno. En el otro lado de la cancha había siempre cinco jugadores contrarios. Oklahoma City Thunder no llegó a la semifinal. Y, me perdonan, pero decir que el pistolero de Oklahoma es mejor que Oscar Robertson es un insulto a los nostálgicos deportivos.

Lo que quiero decir que esto dejó de ser una competencia para convertirse en un escaparate de estrellas haciendo proezas individuales. Lo mismo pasa en todos los deportes en equipo. Los juegos de béisbol a veces se mercadean como el enfrentamiento entre dos lanzadores. Digamos El Cy Young de la americana se enfrenta al de la nacional en un juego de la Serie Mundial. Nada más lejos de la realidad. Sobre todo en el béisbol. Usted puede ser muy buen lanzador, pero si el segunda base tira mal a primera el corredor llegará a segunda aunque usted haya dominado al bateador. Por dar un ejemplo de juego en equipo. Si el apátrida Stanton (estoy bromeando) batea un jonrón de 460 pies (lo ha hecho) y lo repiten 100 veces en la cadena especializada en deportes ¿qué importa que los Marlins sean un equipo mediocre? 

Entonces, ¿por qué hemos llegado a esta degradación? Para mí que se trata del desarrollo y posterior decadencia del capitalismo. Si les parece que estoy estirando demasiado el chicle déjenme explicarles. Los aristócratas, reyes y esa ralea salían a cazar en bellos corceles mejor alimentados que los vasallos. De ese divertimento de la nobleza se pasó a la equitación con el triunfo de la burguesía. No me vengan a decir que la equitación es un deporte popular porque entonces nos ponemos a discutir y no puedo continuar. Gracias. De la equitación, demasiado restringida pasamos a una cosa más eficiente en términos de negocio: las carreras de caballo. Ah, eso si es un entretenimiento popular, un deporte más democrático que permite que personas bajitas y delgadas se conviertan en héroes deportivos…aunque sigue siendo muy difícil que cualquiera sea dueño de un purasangre.

El pelearse a los puños pasó de la defensa del honor (pongan otra carita sarcástica) a un deporte popular. Es, con la lucha, una de las disciplinas deportivas más antiguas. También fue reglamentada por la nobleza. Las reglas modernas se establecen en 1865, redactadas por el marqués de Queensberry. Sí, un marqués. De ahí se convierte poco a poco en un lucrativo negocio para promotores y apoderados dando como resultado glorias como Muhammad Alí o Wilfredo Gómez o payasos del capital como “Money” Mayweather. Y ese entramado en el que los apoderados, promotores, asesores financieros y abogados se entrometen como parte del capitalismo salvaje en el deporte lleva a muchos a la ruina. Pregúntenle a Tito.

¿Dónde quedaron los valores que propugnó el pedagogo e historiador francés, el barón de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos? Eh, bueno, qué diablos, las olimpiadas eran el medio para que las clases privilegiadas desarrollaran el patriotismo burgués, el nacionalismo chauvinista y la disciplina. Perfecto para la guerra. Aunque de nuevo, el capital se mueve como una serpiente y ahora es otro negociazo con millones de espectadores y unos pocos que se enriquecen ante el espectáculo de héroes individuales.

Solo quería señalar que estoy seguro de que en estos días han visto a esos millonarios correr de lado a lado de la cancha. Es un espectáculo divertido a pesar de que los Spurs de San Antonio no llegaron a la serie final. Si es cuestión de individualismo puedo exponer mis gustos personales. Eso sí, quería repetir eso de que cada vez que vean uno de esos juegos y uno de esos millonarios se lleve por el medio a otro menos millonario que no tiene contratos vitalicios con unas zapatillas deportivas piense lo flexibles que son las reglas para los ricos y lo duras que son para los pobres. ¡Qué gane el mejor!

 

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claritienda Lidio Cruz