Opinión / Editorial

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El Imperio realinea sus fuerzas

Publicado: martes, 13 de noviembre de 2018

El principal resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos es el realineamiento de fuerzas entre los partidos Republicano y Demócrata, que históricamente se han turnado para compartir el poder. Fue un resultado dividido. Los Republicanos mantuvieron y ampliaron su mayoría en el Senado mientras los Demócratas recuperaron la mayoría en la Cámara de Representantes. Si bien dicha ventaja en la Cámara no fue la “gran ola azul” que los más optimistas, así como las principales firmas encuestadoras y medios de prensa pronosticaron, sí les asegura a los Demócratas una cómoda mayoría para impulsar legislación y un renovado poder para investigar las interioridades de la administración Trump. 

Estas elecciones, que se les llama de medio término porque ocurren al culminar el segundo año de mandato de los presidentes, y donde se eligen miembros del Senado, de la Cámara y gobernadores, han traído elementos nuevos que deberán considerarse de ahora en adelante en los análisis y proyecciones que se hagan sobre el rumbo- tanto en política interna, como en asuntos de seguridad nacional, o de política exterior- que habrá de tomar Estados Unidos en el presente y de cara al futuro. Sí se puede afirmar que el ambiente político actual en dicho país no es ajeno a los cambios y realineamientos políticos y económicos que están ocurriendo en otras partes del mundo. Estos cambios han resultado en el combate frontal entre el llamado “globalismo neo liberal”, que ha sostenido una hegemonía prolongada por varias décadas sobre gran parte del mundo- sobre todo en Occidente- y las nuevas fuerzas del llamado “nacionalismo populista”, que conforman lo que podría llamarse una retranca de la extrema derecha que está desafiando y haciendo tambalear las bases del acostumbrado poder tradicional en las llamadas democracias liberales. Hay un realineamiento de fuerzas en el mundo, y Estados Unidos lo atraviesa también. Respaldado por el peso del garrote de Estados Unidos en el mundo, Donald Trump –el presidente de la retórica incendiaria, del cierre hermético de las fronteras, del arrinconamiento de las minorías, del desprecio a la disidencia, del fortalecimiento de la milicia y de las fuerzas represivas del Estado, del mollero y la amenaza contra los gobiernos de otros países, se ha convertido, hoy por hoy, en el baluarte indiscutible y el ejemplo a seguir para las fuerzas de derecha que, en Europa, Asia y América Latina, están abriéndose un paso arrollador con sus políticas de aislamiento y exclusión, y el énfasis en la “mano dura” contra sus opositores. 

Las elecciones de medio término en Estados Unidos han dejado en evidencia la penetración masiva que ha tenido el ideario que Trump representa, y cuán profunda es la división política y cuán hostiles las relaciones entre los diversos sectores y grupos en Estados Unidos, incluyendo los medios de prensa, desde la elección de Trump en 2016. 

Para obtener sus resultados, los Demócratas lograron incursionar con éxito en los sectores de las grandes ciudades y sus suburbios, particularmente entre las mujeres con mayor educación, y los estudiantes y graduados de universidad. Fue en esos sectores donde obtuvieron las principales victorias que le permitieron alcanzar la mayoría en la Cámara de Representantes. 

El voto rural le pertenece abrumadoramente a Trump y, bajo su mandato, se han ido recrudeciendo las diferencias demográficas y geográficas, y los resentimientos entre clases, que el mandatario ha sabido explotar a su favor. Los votantes de Trump del 2016 no están arrepentidos. Por el contrario, se sienten apoderados, y en una tasa impresionante de 91% aprueban su persona, sus políticas y sus acciones. 

Es alentador el gran número de mujeres que fueron electas a la Cámara de Representantes, muchas con ideas muy progresistas. Por primera vez se eligieron una mujer indígena de Estados Unidos y una de fe musulmana para integrar la nueva mayoría Demócrata. También levantan esperanzas varias campañas de alto perfil, en las cuales candidatos abiertamente progresistas impactaron de forma masiva a sus constituyentes. Entre otras, dos mujeres muy progresistas, Alexandra Ocasio Cortez y Ayanna Presley, resultaron electas. Además, tras cerradísimas victorias Republicanas, la candidata Demócrata a gobernadora de Georgia y el candidato a gobernador de Florida por dicho partido- ambos afroamericanos y progresistas- se encuentran enfrascados en recuentos de votos que podrían alterar el resultado de ambas contiendas. Todos estos son elementos esperanzadores dentro de la batalla sin cuartel en que se ha convertido la política estadounidense tras la irrupción de Donald Trump. 

Sobre los llamados votantes hispanos hay resultados mixtos. No participaron en números suficientes como para hacer una diferencia importante en las carreras congresionales. La política anti inmigrantes de Trump no fue suficiente para alentar una participación verdaderamente contundente de electores hispanos. 

En Florida, sin embargo, los candidatos Republicanos y derechistas de ascendencia cubana Carlos Curbelo y María Elvira Salazar, no lograron la victoria en sus distritos, lo que podría interpretarse como un repudio de los electores de dicho estado a la política de línea dura y a favor de la reanudación del bloqueo contra Cuba que impulsa el presidente Trump. 

Por su parte, la diáspora boricua no demostró un gran empuje, aunque los Republicanos aparentan están logrando avances entre dicha población, principalmente en el estado de Florida, donde ahora se asienta un importante número de los puertorriqueños que se han mudado en décadas recientes a Estados Unidos. 

Del muy cerrado recuento de votos en los estados de Florida y Arizona depende si se fortalece aún más la mayoría Republicana en el Senado de Estados Unidos, y el respaldo a Trump se recrudece en dichos estados. La mayoría senatorial Republicana tendrá también una implicación importante en los nombramientos judiciales y el control de las cortes, una Rama de importancia neurálgica que ahora los Republicanos tienen a su alcance controlar por varias generaciones. 

Por su parte, en la Cámara de Representantes, la nueva mayoría Demócrata tiene que hilar fino. Tiene ante sí el gran desafío de cumplirle las promesas a los electores que quieren un cambio de paradigma en el Gobierno que verdaderamente responda a los intereses amplios de la población. 

En las elecciones de medio término, las fuerzas del Imperio volvieron a realinearse. Pero sus divisiones profundas continúan. Falta por ver cuál será el impacto que esas divisiones, y la manifiesta hostilidad que existe entre uno y otro bando, tengan sobre las decisiones que se tomen en las distintas esferas de dicho gobierno. Son decisiones vitales que impactarán no solo dentro de Estados Unidos sino en el mundo entero.

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