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En Puerto Rico los reactores nucleares tienen historia

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Por Cándida Cotto

Publicado: martes, 13 de noviembre de 2018

Todo indica que los intereses de la industria de energía nuclear han puesto sus ojos en Puerto Rico. La reunión del alcalde de San Sebastián, Javier Jiménez, este 30 de octubre con representantes de empresas de Estados Unidos (EEUU), no fue la única actividad en la cual éstos participaron. Ese mismo día en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (RUM) se presentó el panel; Small Modular Reactor: A Feasible Option for Puerto Rico, auspiciado por un grupo identificado como The Nuclear Alternative Proyect # Nuclear 4 Puerto Rico”.

En el foro –según se reseñó en la página Abayarde Rojo.org participaron las empresas con las cuales se reunió el alcalde de San Sebastián, a excepción de la Westinghouse. La propaganda del foro (traducción nuestra) invitaba a conectarse directamente con expertos acerca de la opción de un pequeño reactor nuclear para cambiar la infraestructura eléctrica en Puerto Rico.

Es obvio que ante la ya aprobada legislación para la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), además de los intereses de las industrias de combustibles fósiles, la industria de la energía nuclear parece que también cabildea para tener su parte. Este señalamiento, o mejor dicho, interés, no viene por los pelos, una búsqueda en la Internet sobre la situación de la industria de la energía nuclear en Estados Unidos revela que esta industria en ese país está a punto del colapso. Según una investigación del Departamento de Ingeniería y Políticas Públicas de las universidades Carnegie Mellon, Harvard y California en San Diego, publicado el 2 de julio por la Academia Nacional de Ciencia EEUU, la industria se encuentra al borde del colapso debido a que la mayoría de los reactores están al final de su vida útil. 

Las conclusiones del estudio (reseñado a su vez por varios medios internacionales como Hispan TV y Sputnik Mundo) estuvieron basadas en el análisis de 99 reactores nucleares controlados por 30 empresas de 30 estados de EE UU. En el 2017 –dice el estudio– se cerraron 34 reactores tras terminar su vida útil, y solo se estaban construyendo dos nuevos.

Las dos reseñas citan que durante las últimas tres décadas, el 20 % de la energía que genera Estados Unidos ha venido de grandes reactores nucleares. Sin embargo, el estudio advierte el que estos reactores tienen dificultades para ser competitivos por los bajos precios del gas natural, y algunos ya han cerrado. Además, debido a su gran costo y complejidad, parece poco probable que se construyan plantas grandes en las próximas décadas. 

“Estamos dormidos al volante en una autopista muy, muy peligrosa (…) De verdad, necesitamos abrir los ojos y estudiar la situación”, alerta Ahmad Abdulá, uno de los autores del informe.

Los otros investigadores advierten además de que el auge de la industria de esquisto estadounidense —muy contaminante— podría llevar a que un número nada desdeñable de centrales nucleares eche el cierre en los próximos años. Explican que el País está en una encrucijada: o abandona por completo la energía nuclear o adopta la próxima generación de reactores modulares pequeños, más eficientes y de coste notablemente inferior. 

Un ejemplo del colapso que adelanta el citado estudio lo es el hecho de que en marzo del 2017, una de las empresas que estuvo presente en la isla, la Westinghouse Electric (filial de la japonesa Toshiba), se declaró en quiebra debido a la devaluación del negocio nuclear por el incremento en los costos de construcción de las centrales atómicas. La quiebra dejó en el aire la construcción de nueve centrales en EEUU y cuatro en el Reino Unido. 

Mientras aquí en Puerto Rico basta recordar la experiencia del experimento de la planta de reactor nuclear conocido como BONUS (siglas en inglés de Boiling Nuclear Superheater), en Rincón. El reactor nuclear fue un experimento impuesto por el Departamento de Energía Atómica (hoy solo el Departamento de Energía) en coordinación en aquel entonces con la Autoridad de Acueductos y Alcantarillado (AAA) y la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) quien es la dueña de los terrenos. La construcción de la planta inició en el 1960, se completó y comenzó a funcionar en abril de 1964, según información publicada por el DE de EEUU. 

El fallido experimento representó desde sus inicios problemas en la construcción, con la instrumentación y el sistema de control, por lo que debido a los problemas mecánicos con el reactor y el costo de implementación permanente de arreglos, se tomó la decisión de terminar el proyecto en 1968. La planta de Rincón es una de dos plantas nucleares del mismo experimento cerrada en EEUU. Aunque se eliminó el combustible, el reactor se encuentra todavía enterrado en una caja de hormigón en la planta. Al presente esta instalación es un museo y figura en el listado de lugares de monumentos históricos de EEUU. 

No obstante una vez cerrada la planta, la AEE comenzó a considerar una planta nuclear más convencional y en mayo de 1970 ordenó a la empresa Westinghouse, la construcción de un reactor de agua presurizada de dos ciclos de 583 MW para instalarla en el islote de Arecibo, pero debido a su elevado costo de funcionamiento y aspectos de seguridad el reactor nunca se pudo instalar y en el 1978 la AEE abandonó el proyecto. Se estima que se gastaron entre $17 a $ 25 millones a precio de la década de los ‘60 del siglo pasado, parte del dinero lo puso la AE de EEUU. 

Sobre el museo de la planta nuclear en Rincón, según la Ley de Energía Atómica de 1954, al presente el DE de EEUU es quien posee el título y es responsable de la radioactividad y materiales que permanecen en la planta, mientras mediante un acuerdo la AEE como propietaria de los terrenos y el edificio se ocupa de las mejoras y mantenimiento. 

A la luz de las recientes visitas de representantes de la industria nuclear un conocedor de la AEE comentó a CLARIDAD que la idea de la producción de energía nuclear todavía aletea por algunas mentes de la corporación.

 

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