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El sexo, el Papa y el capitalismo

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Por Samuel Silva Gotay

Publicado: martes, 13 de noviembre de 2018

El 14 de agosto de este año El Pittsburgh Post-Gazette y la prensa internacional publicaron el escandaloso informe del Gran Jurado de estado de Philadelphia, acusando 54 sacerdots de haber abusado sexualmente de más de 1,000 niños en los 67 condados del estado. El trabajo de los 23 jurados realizado bajo la dirección del Fiscal General Joseph Shapiro durante dos años, en los cuales escucharon cientos de testigos y pedófilos, especifica los casos de violaciones e inimaginables actos de toda clase. El estruendo del informe ante los ojos y oídos de la población debe haber sido enorme. 

El estudio resalta dos problemas relativos a estas violaciones: En primer lugar, el esfuerzo ejercido por los oficiales de la Iglesia durante todos esos años para trasladar los sacerdotes de una diócesis a la otra, tranzar económicamente con algunos casos y proteger al clero. En segundo lugar, la fecha de caducidad de los casos por el límite de los 30 años, determinado por ley, para que un niño o una niña abusados puedan radicar cargos en corte contra los sacerdotes. Este último asunto ha desatado una estampida en la Legislatura del estado, unos para modificar la ley y otros para impedirlo. El impacto sobre las instituciones de seguro, los bufetes de abogados y el presupuesto de la Iglesia ha sido descomunal. Es exactamente como lo documentamos en casos iguales en el libro, EL SEXO EN LA IGLESIA, (San Juan: Publicaciones Gaviota, 2015), donde analizamos las tres grandes olas de casos igual que este y en especial, el Informe de John Jay College of Criminal Justice encomendado por la Conferencia de Obispos de USA, de cuyo informe, la Iglesia identificó 6,700 abusos cometidos por 4,392 sacerdotes en un período de 50 años, además de examinarel estremecedor Informe de la Comisión del Gobierno de Irlanda del 2009 sobre el abuso de los niños en las instituciones de la Iglesia. En el libro estudiamos las consecuencias sobre la Iglesia, incluyendo los casos de las nueve diócesis que se acogieron a quiebra en Estados Unidos arruinadas luego de pagar indemnizaciones a los niños/as abusados, documentamos el surgimiento de bufetes especializados para la defensa de las víctimas y los movimientos católicos que surgieron en ese país para proteger a las víctimas, establecer sistemas de comunicación para facilitar la acusación de sacerdotes pedófilos y proteger archivos como el de la diócesis de Boston. El libro incluye una lista de los estudios de psicólogos, trabajadores sociales teólogos y periodistas sobre el desarrollo del problema según fue emergiendo en Estados Unidos.

Frente a ese descomunal problema, ha sido el papa Francisco, el único papa que ha enfrentado el problema con fuerza y honestidad. Ejemplo de esto fue el establecimiento de la Comisión Pontificia Contra la Pedofilia. El papa Francisco incluyó en la Comisión a la combativa sobreviviente norteamericana de 66 años, Marie Collins, a la brillante psiquiatra británica, Sheila Hollins, a la ministra embajadora de Polonia ante la santa Sede, Hanna Suchika, especialista en derechos humanos y al exigente teólogo alemán Hans Hollner, entre otros para dar el tono de la Comisión. Contrario a Benedicto VI, quien no estuvo de acuerdo con el principio de “cero tolerancia” de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, Francisco encomendó que los sacerdotes pedófilos debían ser enviados a la justicia antes de ser juzgados por los cánones de la Iglesia.

 Pero sorpresivamente, a raíz del escándalo de Philadelphia, el arzobispo Carlos María Lugasno, anterior nuncio enviado a Estos Unidos, hizo pública el domingo 26 de agosto de este año, una carta de 11 páginas, en la que pide la renuncia del papa en base a su conocimiento de esta situación y de los pecados del Cardenal Theodore McCarrick, Cardenal de Washington, quien había renunciado hacía dos meses por antiguos abusos a menores. Curiosamente la derecha norteamericana se ha volcado en pocos días a la defensa del controversial arzobispo y en contra del papa Francisco. “Se ha declarado una guerra civil en la Iglesia Católica”, publicó el New York Times. Se generalizó la interrogante respecto a esta avalancha contra el papa Francisco, siendo que el problema venía de dos papas anteriores que no solo no habían hecho nada por resolverlo, sino que lo escondieron y amenazaron a quien lo revelara. Benedicto VI se declaró la única autoridad para enjuiciar los sacerdotes. ¿Por qué el Arzobispo Carlos María Lugazno se alza contra el papa y un sector de católicos prominentes y medios de comunicación relacionados con ese sector se alían formando esa “guerra civil”?

La contestación está en quiénes son. Todos son nombres prominentes relacionados a empresas del gran capital responsables de la destrucción del ambiente y del capitalismo neoliberal que condenaba la tierra a la creciente desigualdad por vías de políticas neoliberales que están hundiendo gran parte de la humanidad en la pobreza y marginación, apoyados por los medios de la Iglesia el clero conservador. Son las víctimas de los discursos del papa Francisco. 

Antes de dar a la luz la encíclica, LAUDATO SI, (2015), ya el Papa había dicho que el problema socioeconómico, cultural y espiritual de la sociedad contemporánea era uno de carácter “estructural”. En ese discurso, describiendo la etapa neoliberal del capitalismo, afirmó que “los pueblos, la tierra, y las personas están siendo castigados de un modo salvaje” y que “detrás de tanto de tanto dolor, muerte y destrucción” está”la ambición desenfrenada de dinero que gobierna.” Llamó al dinero, “el estiércol del diablo”. Directamente y sin adornos, lo explicó así: 

 “Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socio económico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y como veremos,incluso pone en riesgo esta nuestra casa común” (https://aciprensa.com/noricias/texto-discurso- de-papa-el-encuentro- con- los -movimientos-populares en Bolivia).

En ese discurso, convoca a tres tareas, primero: “Poner la economía al servicio de los pueblos. Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero…esa economía mata… destruye la Madre Tierra.” La segunda tarea convoca los creyentes militantes de los movimientos es la de “caminar hacia la paz y la justicia, porque “los pueblos quieren ser artífices de su propio destino…no quieren tutelajes ni inferencias donde el más fuerte subordina al más débil. …quieren su cultura, su idioma.” Cuando esto no se hace, añade el papa Francisco, “vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia, los derechos de los pueblos, particularmente el derecho a la independencia”. La tercera tarea,“tal vez la más importante”, dice, “es defender La Madre Tierra”. 

 En su discurso en las Naciones Unidas integró la problemática del ambiente, el poder y los derechos humanos en uno solo asunto, de tal manera que un señalamiento lleva inevitablemente al otro. Todos los sectores involucrados están bajo juicio.

“El abuso y destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados de un imparable proceso de exclusión. En efecto, el afán egoísta e ilimitado de poder y material, lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes, discapacidades o porque están privados de los conocimientos e instrumentos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política…La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los más que sufren…” (“Discurso del Papa Francisco a la 70 Asamblea General de las Naciones Unidas”, http://arciprensa.com/noticias-vista-y-discurso-delpapa-francisco-a-la-asamblea-general-de.)

La cuestión del ambiente tiene una dimensión de clase y todo mundo de la ilegalidad, dice, es resultado de la insensibilidad de poder económico como sistema. Según el papa Francisco, los poderes económicos, son los responsables en última instancia del descalabro de las prácticas sociales destructivas en el mundo. Dice en su primera Encíclica:

“…los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde prima una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tiende a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana el medio ambiente Así se manifiesta que la degradación ambiental Y la degradación humana y ética están íntimamente unidas.” (Encíclica, Laudato Si, p. 45) 

De aquí que los grandes desajustes sociales en el mundo sean consecuencia de la dominación económica y de la desigualdad resultante. Lo expresa cuando dice que el mundo reclama, pasos concretos y medidas inmediatas “para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado”.

La respuesta a la cuestión sobre la súbita avalancha contra el papa Francisco por motivo del reclamo de la carta de 11 páginas del conservador Arzobispo Carlos María Lugasno, radica en el discurso del papa, en su concepción sobre la economía, el poder y la desigualdad social, esto es, reside en su concepción sobre el capitalismo. 

 

*Profesor Distinguido de la Universidad de Puerto Rico en la Facultad de Ciencias Sociales

 

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