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De victorias y fracasos

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Por Carlos Gallisá

Publicado: martes, 5 de diciembre de 2017

Mi amiga Wilda Rodríguez ha publicado una columna en El Nuevo Día titulada El fracaso del independentismo. Comento el escrito.

Decir que el independentismo, esto es, la lucha de independencia, ha fracasado es un grave error. No distinguir entre la lucha independentista que libramos como pueblo por más de cien años contra el imperialismo yanqui, y la lucha electoral, que es la que ha fracasado, obedece a una visión electoralista de la lucha, visión que tanto daño nos ha hecho al tratar de ver y medir toda la lucha de independencia dentro del marco electoral.

Cualquier análisis de nuestra lucha de independencia tiene que partir de quién es la potencia colonial que enfrentamos. Ningún pueblo colonial ha tenido que enfrentar un enemigo tan poderoso como el imperialismo yanqui. 

Basta pensar que ese imperio ha matado mas gente que nadie en la historia de la humanidad. Además, de su arsenal militar y su disposición a usarlo, tiene la tecnología más avanzada y los métodos más sofisticados de inteligencia, propaganda, vigilancia y persecución para destruir a los que se le enfrentan. A lo anterior hay que añadir los enormes recursos económicos con que cuenta para crear dependencia económica que mine la voluntad de lucha de los que somete a sus designios. En esa desigualdad de fuerzas en que hemos tenido que combatir, el independentismo se ha visto obligado a librar mayormente una lucha defensiva.

Ese imperio, desde que nos invadió, se propuso destruirnos como nación, arrancarnos nuestras raíces culturales, en lo que ellos llamaron una política de “americanización” con el fin de facilitar su dominio sobre nosotros. Comenzaron con imponernos una educación pública en inglés para minarnos en el plano cultural, luego devaluaron nuestra moneda para postrarnos económicamente. 

A pesar del bestial ataque cultural a que nos han sometido el imperio ha fracasado en americanizarnos, en destruir nuestras raíces como nación caribeña y latinoamericana. Nuestra identidad como pueblo y nuestro sentido nacional está más fuerte que nunca. Basta mirar a la diáspora para entender que somos una sola nación, los de allá y los de acá, no importa la distancia que nos separa.

Afirmar la nación y mantener un sentimiento nacional sólido y fuerte ha sido la gran victoria nuestra como pueblo frente al imperio y su política de asimilación. En más de cien años no han podido cuajar una mayoría anexionista y ni tan siquiera un país bilingüe.

Esa batalla victoriosa por nuestra sobrevivencia como nación ha sido liderada por el independentismo. Desde de Diego en la defensa del español, Albizu y los nacionalistas en el enfrentamiento abierto y heroico hasta Mari Brás y Filiberto en la nueva lucha de independencia. 

En la defensa del español nos tomó cincuenta años alcanzar la victoria. El militarismo lo vencimos finalmente expulsando la Marina de Vieques. Nuestro caso colonial lo hemos insertado en la agenda internacional derrotando la política norteamericana de presentarnos como un asunto doméstico y por encima de sus amenazas y presiones a la comunidad internacional. La liberación de nuestros presos políticos la terminamos victoriosos con la salida de Oscar López. En la defensa ambiental fuimos pioneros y victoriosos en el rechazo a la explotación de las minas de cobre.

Hemos estado siempre al frente en las luchas sindicales, obreras, comunitarias y las estudiantiles, en particular contra el servicio militar obligatorio y el ROTC. Haber organizado los boricuas en Estados Unidos nos ha dado una fuerza tremenda en las mismas entrañas del monstruo. Y no podemos olvidar el triunfo de haber mantenido al periódico CLARIDAD en circulación por 58 años, convertido hoy en el periódico más antiguo de la izquierda latinoamericana. 

Cuando se hable de fracasos políticos no es al independentismo que hay que mirar a pesar de su pobre demostración electoral. En este mismo año colapsó el proyecto político del Partido Popular cuando el propio imperio le arrancó el disfraz del ELA que utilizaba para esconder su colonialismo. A la misma vez le dijeron que no se escudaran en la libre asociación, que eso no existía para Washington, dejando al PPD con tres opciones: independencia, estadidad y colonia. Hoy es un partido al garete.

El anexionismo, por otro lado, muere víctima de la deuda allá en Washington y acá en la Isla comienza su descenso ante el creciente convencimiento de su imposibilidad. El 23% de participación en el plebiscito reciente es muestra de la poca credibilidad de que la estadidad es alcanzable. Para muchos ha dejado de ser una propuesta seria.

En el independentismo, y a pesar de la dispersión, fragmentación e inmovilismo y otros males, el ideal de independencia ha crecido, mayormente porque los hechos han sido tan apabullantes en romper con la mentira y el engaño en que se ha sostenido la política colonial. El desenmascaramiento de la realidad colonial ha llevado a un entendimiento mayor de nuestro presente y nuestras opciones de futuro. Ello a su vez ha elevado el nivel de la conciencia nacional y a ver la independencia con menos temores unos y otros como la única salida.

El fracaso de rojos y azules deja para muchos dos opciones: colonia o independencia. No olvidemos el plebiscito del 2012 con 80 mil votos para la independencia y 455 mil para el ELA SOBERANO, ni las pasadas elecciones con un 15% para una candidata independiente e independentista.

Medir la lucha independentista únicamente por los resultados electorales lleva a grandes equivocaciones sobre dónde estamos. No hay duda que el reconocimiento de que somos una colonia ha crecido enormemente y el rechazo a la colonia también ha crecido. ¿No es ese crecimiento un acercamiento a la independencia? ¿Y qué de los que se declaran soberanistas?

Nada de lo anterior niega la crisis organizativa del independentismo ni el fracaso del proyecto independentista en su participación electoral. Definitivamente hay que conversar, debatir y buscar consensos que nos permitan aglutinar una fuerza victoriosa.

El independentismo no ha vencido pero si hemos probado que somos invencibles. ¡Y esa es una enorme victoria!

 

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