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Sumergidos en el desperdicio

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Por Gabriela Ortiz Díaz

Publicado: martes, 5 de diciembre de 2017

Años antes de la grave situación de manejo de desperdicios sólidos en la que se encuentra Puerto Rico tras el paso del huracán María, ya estaba en la palestra la discusión sobre este tema, que bien han relacionado con la conservación ambiental o con la salud pública.

Una simple búsqueda en Internet dará cuenta de que en 2008, por ejemplo, un estudio que se realizó sobre la generación de desperdicios sólidos arrojó que los puertorriqueños generaban 10 mil toneladas diarias de basura o lo que era igual a 3.91 libras diarias por persona. El mayor problema, sin embargo, no era –es– la cantidad de desperdicios sólidos, sino la enajenación que existe en la población sobre el proceso de disposición de éstos, que comienza con la merma del consumo desmedido. 

Para marzo 2016, la Agencia federal de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) emitió una orden para cerrar tres vertederos ubicados en Isabela, Vega Baja y Juncos, los que se sumaban a la clausura el año anterior de otros tres en Lajas, Moca y Toa Baja. Hace un año, 22 de los 27 vertederos en uso incumplían con leyes ambientales, según declaraba la misma agencia federal. 

El panorama en 2016 no era alentador: alta generación de basura en un país pequeño, disposición deficiente de estos desperdicios, expiración de la vida útil de vertederos, raquítica práctica del reciclaje, municipios sin fondos para implementar medidas de emergencia en el recogido y la disposición de la basura, fiscalización deficiente por parte de las agencias públicas implicadas, poca conciencia ciudadana sobre estos temas. 

Ahora, luego de la devastación que dejó el huracán, ese panorama ha surtido su efecto multiplicador. Solamente en San Juan, a un mes y medio de María, se habían recogido 75.3 millones de libras (más de 34 millones de toneladas) de escombros, material vegetal, basura doméstica y reciclaje. 

Según la organización sin fines de lucro Basura Cero, capítulo de Puerto Rico, es preocupante lo que padecemos porque si teníamos vertederos a los que se les pronosticaban diez años de vida– diez años para aguantar la basura que les tiramos– ahora les estamos cortando la duración a cinco años de utilidad. 

A este problema se le añade la denuncia de los portavoces de este colectivo, cuya meta principal es tratar de mermar lo más posible la producción de basura: los programas de reciclaje municipales han colapsado porque han tenido que suspender el servicio para apoyar el recogido de escombros y ramas caídas. El servicio también se ha limitado porque las plantas están llenas de material reciclable o están utilizando un generador de electricidad para procesarlo. 

Entre la producción de desperdicios sólidos y la disposición de ellos está quizás el eslabón más importante: la conciencia ciudadana. Por eso, ahora más –que se ha vuelto casi necesaria la sobre generación de botellas y cubiertos plásticos, baterías y tanques de gas, por ejemplo– son indispensables las voces de iniciativas como Basura Cero, que educan sobre las acciones que agravan el problema y propician que la gente se reconozca capaz de revertirlo.

Por otro lado, la reutilización y reciclaje de materiales son opciones al alcance de hogares, comunidades y empresas. Bien articuladas, son alternativas con viabilidad económica. Al respecto, la organización Basura Cero ha propuesto ver el reciclaje como una industria. A diferencia de la incineración – que se ha planteado como solución al problema de basura en Puerto Rico, aunque genere otros – la industria del reciclaje generaría muchos empleos y convertiría al país en un gran productor de materia prima. 

 

Desecho de baterías y materiales electrónicos 

Tras el paso de María, se ha disparado el consumo de baterías, por ende es mayor la cantidad de este tipo de basura doméstica que llega a los zafacones de los hogares. Al igual que se ha ausentado el reciclaje de cristal en Puerto Rico, no se ha sabido manejar adecuadamente en la Isla los desechos de baterías y materiales electrónicos.

La semana pasada, la directora de la EPA en Puerto Rico y el Caribe, Carmen Guerrero, advirtió que “si esa cantidad de baterías llega a los vertederos, vamos a tener un gran impacto” en la salud pública y el medio ambiente. 

Para evitar daños, esta agencia federal, en colaboración con la Junta de Calidad Ambiental (JCA), la Autoridad de Desperdicios Sólidos (ADS), y entidades como Basura Cero Puerto Rico, ha comenzado un proyecto para asegurar que las baterías y los artefactos electrónicos son descartados y reciben el tratamiento adecuado una vez pierden su vida útil. 

Juntos han creado estaciones en lugares céntricos para que las personas puedan acudir con las baterías alcalinas que han perdido su utilidad y las depositen en recipientes de plástico o en bolsas plásticas con sellador en unos contenedores provistos. Las entidades se encargarán de colectarlas y disponer de éstas correctamente. Más de 56 municipios ya cuentan con estaciones para depositar este tipo de material, mientras que hay otros pueblos que están recogiéndolas casa por casa con apoyo de la EPA. 

Asimismo, la agencia federal está coordinando el recogido de artículos electrónicos como televisores, computadoras, radios, equipos estéreo, reproductores de DVD y teléfonos. La disposición final de todo este material en desuso no puede realizarse en Puerto Rico porque la Ley para el reciclaje de electrónicos y promoción para su disposición, del 17 de enero de 2012, prohíbe estos residuos en los vertederos del país, según dijo Guerrero. 

Algunos de los centros de acopio están ubicados en las oficinas de la EPA, en City View Plaza II, en Guaynabo; las oficinas de ADS, en el Edificio de Agencias Ambientales, en Río Piedras; la sede de Basura Cero Puerto Rico, en la Fundación Banco Popular, en Hato Rey; y las instalaciones de Tanagua, en la carretera PR-167, en Bayamón. La lista completa está disponible en la página de Basura Cero Puerto Rico en Facebook. Esta iniciativa se extenderá hasta marzo 2018.

 

Madera después del huracán 

El paso de María sumió a Puerto Rico en un caos de troncos y ramas caídas que llegan al vertedero en vez de reciclarse, compostarse o convertirse en una salida económica. La situación de árboles derrumbados provocó, incluso, que las personas se apoderaron del concepto “material vegetativo”, antes limitado para el argot de ciertas agencias gubernamentales o municipales. 

Sin embargo, debido principalmente a malas decisiones de planificación urbana como sembrar especies de árboles muy grandes en las ciudades, es común en la isla la tala de árboles que han roto aceras y carreteras. 

El año pasado, el material vegetativo representó el 22 por ciento de todos los desperdicios sólidos que se generaron a diario en el país, del cual al menos la mitad era de árboles maderables aprovechables. No obstante, la ausencia de una política pública que claramente garantice que el material vegetativo descartado recibirá un aprovechamiento justo, redunda en que también terminen en la basura potenciales industrias de reciclaje, composta y madereras.

La compañía Puerto Rico Hardwoods, que desde años antes del paso del huracán se dedica a la venta de madera local, producto de árboles caídos o que inevitablemente hay que cortar por representar una amenaza a la vida y propiedad, ha hecho un llamado públicamente para sacarle provecho a la gran cantidad de troncos derribados por María. Para más información de costos y servicios, se puede llamar al (787) 308-4588.

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