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País en tinieblas

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Por María de Lourdes Guzmán

Publicado: miércoles, 20 de diciembre de 2017

Tres largos meses han transcurrido desde el azote del poderoso huracán María. Su secuela inmediata, que para muchos fue de una dimensión inesperada, dejó una enorme devastación en el país, que se ha prolongado y ha repercutido en muchos órdenes de nuestra vida. Hoy, más de la mitad de la Isla, incluyendo municipios enteros, continúan a oscuras, por lo cual la actividad económica ha decaído a niveles catastróficos. El número de fallecidos sigue siendo incierto, habiéndose desacreditado las cifras oficiales. El exilio ha tomado proporciones insospechadas. El desempleo, la pobreza, la criminalidad y los suicidios, han aumentado dramáticamente. El manejo de la crisis, de parte del gobierno federal y local ha sido, cuando menos, ineficiente e irresponsable. Ha dejado muchos que desear la movilización de brigadas del ejército de Estados Unidos, FEMA y el Cuerpo de Ingenieros, puesto que enormes sectores de nuestra población siguen padeciendo la crisis, privados de servicios esenciales, en abierto menosprecio del derecho de todos y todas a una vida digna. Ha sido la sociedad civil en Puerto Rico y en la diáspora, la que ha mostrado la mayor solidaridad con nuestra gente desposeída. Sufrimos como pueblo, la visita insultante del presidente de E.U., Donald Trump, así como la farsa montada por el Vicepresidente Pence y varios congresistas, a quienes, con lastimoso orgullo, acompañó la Comisionada Residente, Jennifer González. El dócil reclamo de ayuda federal del gobierno de Rosselló, fue atendido con legislación que impone a Puerto Rico, entre otras medidas, un impuesto de 20% a los productos manufacturados en la Isla y que entren a los EU, a sabiendas de los efectos devastadores que ello podría tener en nuestra economía. Los anexionistas más serviles, abogan por la imposición de contribuciones federales a Puerto Rico, en un acto de alta traición al país. Poco después de descubierto el chanchullo de Whitefish, Rosselló prometió al país, que el 95% de los abonados tendría energía eléctrica para el 15 de diciembre. Ésta, como tantas otras proyecciones y gestiones del ejecutivo, ha resultado en un soberano fiasco. Aun ante la magnitud de la crisis, en su gobierno no faltó la repartición de contratos a los amigos de la casa ni la legislación retrógrada que pisotea derechos fundamentales obtenidos con lucha y sacrificio.

La crisis por la falta del servicio de energía eléctrica, que se hace aun más profunda dado el abandono y saqueo, hasta hoy impune, de que fue objeto AEE, ha ocasionado enormes daños a nuestro país. A 90 días del paso del huracán, la ausencia de este servicio esencial, ha alterado significativamente la rutina de vida de quienes siguen a oscuras, causando una gran inestabilidad emocional en muchos sectores de nuestra población, particularmente, en nuestros viejos. Continúa amenazada la sobrevivencia de miles de pequeños y medianos comerciantes y decenas de miles de empleos directos e indirectos. La dejadez e ineptitud del gobierno de Rosselló se hace cada vez más evidente. En el pueblo cunde el desaliento y la angustia, ante lo que parece ser un callejón sin salida, por la indolencia de un gobierno federal y local que nos ha abandonado a nuestra suerte. Ante el caos desatado, el país continúa experimentando un éxodo masivo, sin precedentes, que incluye jóvenes profesionales de distintas ramas que resultan indispensables para la reconstrucción del país. Muchos experimentan el doloroso desmembramiento de sus familias. La desesperanza y la frustración son la orden del día, ante la angustia de vivir en un país en tinieblas, no sólo por la carencia de energía eléctrica, sino por la falta de información veraz y confiable y lo incierto de nuestro futuro. 

Ante esta coyuntura, somos muchos los que consideramos que es momento para que las fuerzas patrióticas y progresistas del país, tomen la batuta y nos convirtamos en opción viable para la reconstrucción del país, encaminándolo a su soberanía. El proyecto de país existe, pero es fundamental buscar los medios para difundirlo con efectividad. Para ello es necesario, retomar los esfuerzos para crear un movimiento amplio que deje atrás la pugna pequeña, innecesaria y divisiva entre organizaciones independentistas y soberanistas, que canalice un proceso legitimo de crítica y autocrítica, que nos permita revisar el discurso y las estrategias que hemos utilizado y que nos mantienen en un estancamiento insostenible, ante esta coyuntura histórica. Nuestra soberanía es hoy más urgente que nunca. Debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para lograrla. Ése y no otro, debe ser nuestro objetivo. 

 

La autora es la Presidenta Movimiento Unión Soberanista

 

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