Opinión / Editorial

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CLARIDAD para Puerto Rico

Publicado: miércoles, 20 de diciembre de 2017

Con esta edición, la última impresa del año 2017, se cierra otro ciclo en la vida de nuestro semanario y del País. Recesaremos por la Navidad y el Año Nuevo, y regresaremos con renovado brío la semana del 8 de enero de 2018.

 Lo que CLARIDAD aspira a iluminar está difuminado por la incierta realidad de nuestro presente. Una densa oscuridad arropa a Puerto Rico, con ocho de nuestros pueblos –Adjuntas, Jayuya, Ciales, Morovis, Naguabo, Yabucoa, Maunabo y Patillas– sin asomo de luz eléctrica, y más de dos terceras partes de los hogares puertorriqueños aún apagados, a tres meses del paso del huracán María. Esta oscuridad literal y dramática refleja otra aún más pavorosa: aquella creada por la niebla que oscurece el horizonte de nuestro pueblo ante el terrible descubrimiento del empobrecimiento, en todos los órdenes, en que se encuentra nuestro país, y la indiferencia y desprecio del imperio que nos domina ante la situación.

El año 2017 será señalado para siempre como uno de los peores en nuestra historia. El virulento azote de María, uno de los peores huracanes jamás registrados, sacó a la palestra el peor entre todos nuestros males: la relación colonial moribunda que subordina a Puerto Rico, la más pequeña de las Antillas Mayores, a los Estados Unidos de América, el coloso del Norte y la mayor potencia de todo el planeta. 

Desde mucho antes del huracán, ya el gobierno de Estados Unidos había enviado señales que forzaban la mirada del País sobre esta relación disfuncional e inoperante, y el estado de situación política, fiscal, económica y social en Puerto Rico. Ya el Tribunal Supremo de Estados Unidos había afirmado la subordinación de Puerto Rico a la Cláusula Territorial del Congreso de Estados Unidos en un pleito no político traído ante su consideración. Ya el Congreso de Estados Unidos, junto a la administración de Barack Obama, había conceptualizado y aprobado una llamada ley de rehabilitación fiscal para Puerto Rico, PROMESA, y habían nombrado una Junta de Control Fiscal con poderes superiores al gobierno de Puerto Rico. Ya la Junta había tomado el control mandatado por el Congreso y aprobado un Plan Fiscal con medidas extremas de austeridad fiscal y económica. 

En otras palabras, ya la platea para nuestro ahorcamiento estaba preparada y al verdugo sólo le faltaba halar la soga. En eso llegaron la presidencia de Donald Trump y dos poderosos huracanes. El resto es historia. La magnitud de la emergencia y su costo al bolsillo del imperio han desatado la furia contenida de los dioses del Norte, una Presidencia y un Congreso dominados por elementos prejuiciados y racistas que han convertido al pueblo de Puerto Rico en su víctima más propicia. En su delirio arrogante, se sienten magnánimos, a pesar de su desprecio e indiferencia hacia nosotros. Convenientemente olvidan que ha sido bajo su tutela que Puerto Rico se ha venido abajo.

El gobierno de Estados Unidos está plantado y sus líderes políticos han hablado fuerte, muchos de ellos desde el silencio. La suerte del pueblo puertorriqueño no les importa y su paciencia se ha vuelto finita ante la actitud mendicante y servil de los líderes de los partidos coloniales- Popular y Nuevo Progresista- y de los representantes de los sectores empresariales de Puerto Rico. Por eso, al senador Orrin Hatch, presidente del Comité de Finanzas del Senado de Estados Unidos y arquitecto de la nueva ley de Reforma Contributiva Federal, no le importó mentirle cínicamente al senador Popular, Eduardo Bhatia, sobre un supuesto remedio para Puerto Rico incluido en dicha ley, porque sabe que su gesto vil no tendrá consecuencias. Que Bhatia, ni el Senado y la Cámara de Representantes de Puerto Rico, ni la comisionada residente Jennifer González, ni el gobernador Ricardo Rosselló harán nada al respecto. Ninguno demuestra la voluntad de forzar el enfrentamiento necesario para que empiece a moverse la nueva rueda de la historia para Puerto Rico.

Ésa es la situación de nuestro país al cierre del año 2017. Un liderato pusilánime y servil en los partidos Nuevo Progresista y Popular, y un Imperio prepotente que abusa de Puerto Rico porque puede y piensa que siempre se lo vamos a permitir. Ante este escenario, cobra mayor urgencia el resurgir vigoroso del Movimiento Patriótico y la lucha en la calle.

El corazón de nuestro pueblo lucha contra viento y marea para superar la catástrofe provocada por el huracán. En ellos y ellas reside nuestra esperanza. En la voluntad de recuperación y en la solidaridad desplegada por familias, comunidades y pueblos. En los esfuerzos de cientos de individuos y organizaciones, aquí y en la diáspora, por contribuir a dicho esfuerzo. En la creación artística que sigue floreciendo. En los deportistas que siguen demostrando su cría y amor por el País. En el vecino que ayuda al vecino. En el familiar que protege a su familia. En los niños que van a la escuela con alegría. Y en los trabajadores que laboran sin descanso, a pesar de las dificultades personales que aún confrontan. Ésa es la base sólida sobre la cual se puede comenzar a edificar un nuevo país y un mejor futuro.

El brillo de la luz puede más que toda la oscuridad. Por eso, claridad y más claridad es lo que pedimos para Puerto Rico durante el 2018. ¡Felicidades y mucho ánimo para continuar luchando le deseamos a nuestro pueblo querido en Navidad, Año Nuevo y Reyes! 

 

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