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Los signos de los tiempos

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Por Marcelo Barros

Publicado: miércoles, 19 de julio de 2017

“Bajo el cielo, hay momento para todo y tiempo adecuado para cada cosa. Hay tiempo propio para nacer, tiempo para morir. Hay tiempo para plantar, tiempo para cosechar, tiempo para construir y tiempo para destruir ... ¿Qué provecho saca el trabajador de tanta fatiga? “ 

(Ecle 3, 1- 9).

 

 

En la Biblia, el Eclesiastés, uno de los libros sapienciales, relativiza cada tiempo. En los evangelios, Jesús propone que busquemos siempre discernir lo que él llama “signos del tiempo presente” y actuar de acuerdo con los desafíos del momento. En nuestros días, la América Latina y el Caribe vive un tiempo fuerte de resistencia de nuestros pueblos para salvaguardar las conquistas hechas en las décadas más recientes, actualizar el proyecto de integración continental y de independencia del colonialismo. Ese camino propuesto por Simón Bolívar y retomado por el presidente Hugo Chávez, actualmente es atacado por los intentos del Imperio que desea reasumir la hegemonía perdida. 

En este momento, es importante que todas las personas de buena voluntad, religiosas o no, asuman la responsabilidad de defender los procesos sociales y políticos que vienen de las comunidades indígenas y grupos sociales que proponen la transformación de ese mundo. Para las personas que tiene fe, el día consagrado y los cultos religiosos deben tener como fundamento el cuidado con la justicia y la preocupación por los derechos de los pobres. En la Biblia, Dios afirma: “El país de ustedes está devastado, las tierras son devoradas por los extranjeros. ¿A quién interesan los cultos religiosos? ... Cuando ustedes vienen a mi presencia y pisan el santuario, ¿quién les exige eso? Dejen de hacer cultos inútiles. (...) No soporto injusticia junto con fiesta religiosa ... Cuando ustedes levantan las manos para mí, yo desvío la mirada y aunque multipliquen sus oraciones, yo no los escucharé “(Isaías 1, 7 y 12-15).

En diversos países, las dificultades de los nuevos procesos sociales piden que no dejemos caer las conquistas de los trabajadores y las mejoras de la vida del pueblo más pobre. Lo mismo si reconocemos que algunos errores fueron cometidos, tenemos que cuidar de no volver atrás en el camino de la Historia. Es importante mostrar que la preocupación por el bien común, el ejercicio de la ciudadanía y la fraternidad humana continúan vivas. El Espíritu de Dios que condujo al pueblo bíblico de la esclavitud a una tierra libre, ahora impulsa a los grupos sociales y a las personas que tienen hambre y sed de justicia para la felicidad de realizar el proyecto divino en ese mundo.

 

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

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