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Selección de Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci 4

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Publicado: miércoles, 19 de julio de 2017

[Parte de una selección de las Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci, editadas y traducidas por Manuel S. Almeida para Claridad.]

 

 

7.

26 de febrero de 1927

 

Queridísima mamá,

Me encuentro en Milán en el penal judicial de San Vittore, desde el 7 de febrero. Partí de Ustica el 20 de enero y me remitieron aquí una carta tuya, sin fecha, pero que debe ser de los primeros días de febrero. No debes preocuparte del cambio en mis condiciones, eso sólo agrava hasta un cierto punto mi estado; hay sólo un aumento de cosas fastidiosas y aburridas, nada más. Tampoco quiero contarte detalladamente en qué consiste la acusación que se me hace, porque ni yo mismo logro comprenderlo bien hasta ahora; en cualquier caso, se trata de las cuestiones políticas usuales por las que ya me habían golpeado con los cinco años de destierro a Ustica. Hay que tener paciencia y yo de paciencia tengo toneladas, vagones, cajas (¿recuerdas cómo decía Carlo cuando era chiquito y comía algún dulce sabroso? “Quisiera cien cajas”; yo de paciencia tengo kentu domus e prus).1

Sin embargo, deberás tú tener paciencia y benevolencia. En vez, en tu carta me parece que te muestras en un estado de ánimo muy distinto. Escribes que te sientes vieja, etcétera. Bien, yo estoy seguro que tú todavía eres muy fuerte y resistente, no obstante tu edad y los grandes dolores y las grandes fatigas que has tenido que atravesar.

Corrias, corriazzu2 ¿te acuerdas? Estoy seguro que nos veremos todos juntos nuevamente, hijos, nietos y tal vez, quizás, bisnietos, y haremos una gran comida con kulurzones y pardulas y zippulas y pippias de zuccru y figu sigada3 (pero no de aquellos secos de la famosa tía María de Tadasuni). ¿Cree que a Delio le gusten los pirichittos y las pippia de zuccuru? Pienso que sí y que también él dirá de querer cien cajas; no puedes creer todo lo que se parece a Mario y a Carlo cuando niños, por lo que yo recuerdo, especialmente a Carlo, aparte de la nariz que Carlo la tenía entonces apenas rudimentaria.

A veces pienso en todas estas cosas y me gusta recordar los hechos y escenas de la infancia: encuentro en ellos muchos dolores y muchos sufrimientos, es cierto, pero también cosas alegres y bellas. Y entonces estás siempre tú, querida mamá, y tus manos siempre afanadas por nosotros, para aliviarnos las penas y para extraer alguna utilidad a cada cosa. ¿Recuerdas mis esfuerzos por tener buen café sin cebada y otras porquerías de ese tipo? Ves: cuando pienso en todas estas cosas pienso también que Edmea no tendrá estos recuerdos de grande, y que eso va a influir mucho en su carácter, determinando en ella una cierta suavidad y cierto sentimentalismo no muy recomendables en estos tiempos de hierro y fuego en los que vivimos. Pero como también Edmea tendrá que hacerse su propio camino, es necesario pensar en reforzarla moralmente, para impedir que ella crezca rodeada solamente por los elementos de la vida fosilizada del país. Pienso que ustedes deberían explicarle, con mucho tacto, naturalmente, porque Nannaro no se ocupa demasiado de ella y parece que la descuida. Deben explicarle cómo su padre no puede hoy regresar del extranjero y cómo esto se debe al hecho de que Nannaro, como yo y muchos otros, hemos pensado que las muchas Edmeas que viven en este mundo deberían tener una mejor niñez que la que nosotros tuvimos y que la que ella misma está teniendo. Y tienen que decirle, sin ningún subterfugio, que yo estoy en prisión, así como su padre está en el extranjero. Deben, ciertamente, tener en cuenta su edad y su temperamento y evitar que la pobrecita se aflija demasiado, pero deben también decirle la verdad y que así de este modo pueda acumular recuerdos de fuerza, de valentía, de resistencia a los dolores y a las peripecias de la vida.

Queridísima mamá, no debes preocuparte por mí y no debes pensar que yo estoy mal. Yo estoy bien, dentro de lo posible. Tengo una celda por la que pago, o sea una cama bastante buena, y hasta tengo un espejo para mirarme. Recibo dos comidas diarias de una fonda; en la mañana tomo medio litro de leche. Tengo a mi disposición una maquinita para calentarme la comida y para hacer café. Leo seis periódicos al día y ocho libros a la semana, además de revistas ilustradas y humorísticas. Tengo cigarrillos Macedonia. En fin, desde el punto de vista material, no sufro de ninguna privación importante. Eso sí, no puedo escribir todo lo que quiera y recibo la correspondencia muy irregularmente. Desde hace como mes y medio no tengo noticias de Giulia y de los dos niños; por eso no te puedo escribir nada sobre ellos. Sin embargo, sé que desde el punto de vista material están seguros, y que a Delio y a Giuliano no les falta nada.

Por cierto, ¿has recibido una fotografía bellísima de Delio que se te debió haber enviado? Si la recibiste escríbeme tus impresiones.

Queridísima mamá, prometo escribirte al menos cada tres semanas y mantenerte alegre; también escríbeme tú y haz que me escriban Carlo, Grazietta, Teresina, papá, Paolo y hasta Edmea, quien pienso debe estar adelante y saber copiar algunas letras; cada carta que recibo es un gran consuelo y una bella diversión para mí.

Abrazo tiernamente a todos; a ti queridísima mamá el más tierno abrazo

Nino

 

Ahora mi dirección es: Cárcel judicial3

 

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