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Te extrañare, abuelo

Nietos y nietas de Gallisá
Foto por: Alina Luciano Reyes/CLARIDAD
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Publicado: martes, 18 de diciembre de 2018

 

Todos deberian tener una bronco

 

 

Por Milena Spencer Gallisá

Especial para CLARIDAD

 

Al llegar a Vieques, mi familia estaba cargando tubos inflables, haciendo malabares con colchones de aire y neveritas, y arrastrando extensiones eléctricas y equipaje a lo largo del crujido muelle. Un poco desorientada por la hora de viaje en ferry, seguimos a Abuelo: exrepresentante puertorriqueño, capitán del Ejército de los Estados Unidos que se convirtió en manifestante por la salida de la Marina de Vieques, y ahora líder de nuestra expedición familiar. A través del ruidoso y abarrotado puerto, una pareja mayor ofreció sus servicios de taxi en una vieja camioneta pick-up, y Abuelo saludó al hombre como a un viejo amigo. Siempre me encantaba como le saludaban en público—“¡Gallisá!”

Colocamos nuestras pertenencias en la parte de atrás del camión y nos montamos. Mi animada familia llenó el corto trayecto con emoción y risas mientras pasamos las banderas puertorriqueñas colgadas en los balcones y los caballos salvajes galopaban por las cercanías. Después de que nuestros nuevos amigos se marcharon, exploramos el lugar que sería nuestro hogar por la próxima semana: una casa de playa rústica de madera que se adapta a las necesidades básicas para dormir y ducharse. No teníamos televisión, radio, recepción de teléfono o aire acondicionado central, solo unos a otros. Cuando mis primos y yo sumergimos nuestros pies en el océano, y los adultos llenaron la nevera de la cocina con picadera y vino, mi abuelo dijo: “Regreso enseguida.” ¿Dónde podría ir un hombre en sus ochenta años en esta isla remota?

Una hora después de su desaparición, una Bronco de los años ’70, de color azul claro, se derrumbó por el camino de grava. Mi abuelo se sentó en el asiento del conductor con expresión satisfecha mientras tocaba la bocina. “Necesitábamos un auto, así que fui a un alquiler de autos, pero todos estaban alquilados. Uno de mis amigos me contó de este tipo llamado Willie que alquila automóviles. ¡Este fue el último que queda en toda la isla! “ exclamó. El interior de la Bronco contenía una fila de asientos y un amplio espacio teñido de óxido y edad. Nuestra risa rugió cuando todos subimos y montamos neveritas y sillas de playa para los asientos. Nuestro ‘clunker’ sin ventanas nos transportó alrededor de la isla en un estilo vintage.

Al reflexionar, me doy cuenta de que la Bronco es un símbolo de mi educación puertorriqueña. Un simple espacio sin adornos, animado con risas, compartido con mi familia cariñosa de varias generaciones y, más importante, liderada por mi Abuelo. Aquí es donde me siento conectada, aceptada y descubro quién soy, donde aprendo sobre optimismo, ecologismo, amor, compasión, activismo y liderazgo. Agradezco estos valores y todas las otras aventuras a las que nos llevó Abuelo—desde la casa de Roberto Clemente, a La Parguera a Magno’s Pizza. Es por mi Abuelo que tengo antojos de bacalaíto y agua de coco desde mi residencia universitaria, sé que las positas en Piñones son las gemas de la isla, y que el respeto se gana a través de la bondad, luchando por lo que quieres, y un amor infinito por su familia y su país. 

Por eso, todos deberían tener una Bronco.

 

La autora es nieta de Carlos Gallisá.

 

 

Mi abuelo Carlos Gallisá

 

Por Marco Spencer Gallisá

 

“Que les acompañe siempre el amor a esta tierra y a este pueblo… No olviden su sangre boricua.” Esas fueron las palabras que Abuelo nos escribió a mi hermana y a mí en el 2010 cuando nos envió una copia de su nuevo libro Desde Lares. Yo he vivido casi toda mi vida en los Estados Unidos. Geográficamente, Puerto Rico me quedaba muy lejos, pero mi Abuelo me enseño como tener a Puerto Rico siempre cerca de mi alma. 

Los mejores recuerdos de mi infancia son de mis visitas a Puerto Rico. Abuelo y yo explorando todas las maravillas de esta isla como monumentos históricos y playas exóticas. Él compartía anécdotas personales para iluminar las historias de cada pueblo que visitábamos. Pero mis recuerdos favoritos con Abuelo son cuando hacíamos las cosas cotidianas como comprar agua de coco en La Placita (Santurce), asistir una actividad política, o acompañarlo cuando iba al programa Fuego Cruzado

Esos eran los momentos profundos cuando yo comprendía el gran hombre que era mi Abuelo. Él me enseñó a cómo ser un líder humilde y a cómo luchar con dignidad y respeto. Voy a extrañar las conversaciones que teníamos donde yo le preguntaba lo que tenía que haber sido miles de preguntas sobre la historia y política de Puerto Rico. Siempre me quedé impresionado con su sabiduría y narración de historias. 

Como narrador uno podía ver la pasión en sus ojos y sentirla en su voz. Su habilidad de cautivar una audiencia era única. No importa si la audiencia era familia en la marquesina de Abu, o el pueblo de Puerto Rico sintonizando a Fuego Cruzado. También, él era un humorista. En sus narraciones, el usaba pausas dramáticas antes de contar el “punchline” con efecto espectacular. 

Me siento muy orgulloso de ser el nieto de Carlos Gallisá. Para mí, él no solamente era un modelo a seguir, él me ayudó a crear mi identidad como puertorriqueño. En el 2015, cuando él me envió su segundo libro, La deuda: Una crisis política, él me escribió “Nieto querido y buen puertorriqueño. ¡Venceremos!” 

Gracias a mi Abuelo, jamás olvidaré mi sangre boricua. 

 

Palabras de su nieto en la despedida de Carlos.

 

 

 

Te extrañaré, abuelo

Por George Neste Gallisá

 

Hay personas que sin importar las consecuencias luchan y se mantienen firme en sus ideales. Esas personas son dignas de admiración y respeto. Tu sin duda, diste cátedra de eso. 

Aunque no siempre compartíamos el mismo pensamiento hacia algunas cosas, siempre respetabas la opinión de uno y me explicabas con mucha transparencia la firmeza del tuyo, sin tratar de imponerlo. Extrañaré sentarme en el sofá a hablar de pelota y escuchar tu pompieara porque los puertorros están matando.

Vuela alto QEPD.

 

Palabras pronunciadas por su nieto en la despedida de Carlos.

 

 

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