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Mi evaluación de una visita

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Por Noel Colón Martínez

Publicado: martes, 14 de octubre de 2014

Puerto Rico ya conoce de la visita que el gobernador Alejandro García Padilla, junto al congresista Luis Gutiérrez, hicieran en la prisión de Terre Haute en Indiana al puertorriqueño injustamente encarcelado Oscar López Rivera. Tengo la fuerte impresión de que la inmensa mayoría de nuestro pueblo apoyó la decisión valiente del Gobernador. En el caso de Gutiérrez, éste ha sido, junto a José, hermano de Oscar, y junto a tantas personas de Puerto Rico y de Chicago que no debo mencionar nombres para evitar omitir algunos, quienes se han echado sobre sus hombros la responsabilidad de fortalecer una opinión pública que obligue al Presidente de Estados Unidos a rectificar la mayúscula injusticia que se comete en el caso de Oscar.

Luego del fin de semana, y en la primera ocasión en que tuve la oportunidad de expresarme, comuniqué mi agradable sorpresa, mi aplauso, ante lo que consideraba un acto valiente del Gobernador y mi sorpresa ante las manifestaciones de éste una vez culminado el intercambio entre ambos, que duró varias horas. Para la prensa, el Gobernador expresó con meridiana claridad: “En más de una ocasión, y por medio de diferentes actividades multitudinarias y gestiones en las más altas esferas del gobierno estadounidense, los puertorriqueños hemos solicitado al presidente Barack Obama la excarcelación de López Rivera; hoy reiteramos ese llamado. Es tiempo que Oscar regrese a casa”.

No eran momentos de regateo con el Gobernador pues su actuación establecía un precedente histórico y, sin querer o queriéndolo, un reconocimiento a la vigencia y legitimidad de la lucha por nuestra independencia. Oscar es una figura histórica que reproduce la continuidad de esa lucha que se remonta a los inicios del siglo 19. Además, el relato del diálogo sostenido logró acercamientos y reconocimientos mutuos sobre los valores de nuestra identidad nacional y la relevancia e importancia de la solidaridad. En fin, que la visita del Gobernador estuvo a la altura de las mejores defensas de derechos humanos fundamentales. Por eso creo que el pueblo aplaudió el gesto.

Cuando el Gobernador regresó ya tenía pautada una actividad en Aguada donde habría de realizar una entrega de viviendas a personas necesitadas de ese pueblo. Fue con camisa negra, mahón y en ambiente de campaña, que anunció su aspiración a otro término a la gobernación a trece meses de las próximas elecciones. Como unos días antes el Presidente del PNP había también anunciado su disponibilidad como candidato de su partido, y por ahí anda otro supuesto candidato que retará a Pierluisi, el País ha dado por sentado que la campaña electoral camino al 2016 ya comenzó.

Cuando se acercan las elecciones, los candidatos o aspirantes a candidatos del Partido Popular y los del PNP también, en menor grado, empiezan por reconocer que sus partidos solos no ganan elecciones, que el País ha cambiado, que existe mucha diversidad y que pertenecer a un partido viene teniendo cada vez menos importancia a nivel del elector. Se evidencia más desarrollo político y, sobre todo, la gente parece tener mejor memoria al momento de decidir los que cumplen promesas y los que no cumplen promesas. En el 2008, Luis Fortuño, como candidato del PNP, obtuvo el 52.84% de los votos, para un total extraordinario de 1,025,965 votos, cerca de 225,000 votos más que los obtenidos por Aníbal Acevedo Vilá. Pero Fortuño no gobernó para el pueblo sino contra los mejores intereses del pueblo, y aquella increíble ventaja electoral de 2008 se vio reducida en 2012 de 1,025,965 votos a 801,071, y de un 52.84% descendió a 47.13%.

En el caso de Alejandro García Padilla, el reclamo de promesas cumplidas se torna mucho más crítico pues su victoria electoral en 2012 se obtuvo mediante una muy escasa mayoría de 11,285 votos. Fue la derrota de Santini en San Juan la que hizo posible su victoria electoral. En el área metropolitana de San Juan posiblemente se congrega el electorado más atento al cumplimiento de las promesas electorales por razones objetivas fácilmente demostrables. Ello me hace pensar que, aunque en Aguada como en cualquier otra municipalidad el apoyo tiene que ser reclamado, García Padilla debe tener presente que hay una promesa con la cual él quedó en deuda con todo el Pueblo de Puerto Rico.

Alejandro se comprometió programáticamente con la Asamblea Constitucional de Estatus. Luego empezó a suavizar su posición y su compromiso señalando que existía la posibilidad de un compromiso de Casa Blanca para adoptar un mecanismo aceptable y vinculante, pero ese mecanismo aceptable y vinculante es un mecanismo del PNP para la celebración de otro plebiscito mediante cuatro opciones donde se incluiría el ELA como existe, relación que ya fue rechazada aun por los Populares en el plebiscito de noviembre 6 de 2012. No hay nada vinculante en la propuesta de Obama.

A la altura de octubre de 2014, el único resultado tangible en materia de estatus es el anuncio de García Padilla de que él aspira a ser gobernador por otros cuatro años. Obama ya no tiene al exprocurador general Holder en su gabinete y probablemente las próxima contienda congresional produzca otra victoria Republicana en la Cámara de Representantes dentro de un mes, que será letal para cualquier iniciativa relacionada con el estatus de Puerto Rico. La Asamblea Constitucional de Estatus no necesita de ninguna autorización congresional para su convocatoria. Todos pensábamos que García Padilla entendía que el gran mérito de ese mecanismo radica precisamente en que es una iniciativa puertorriqueña que aspira a derrotar la negligencia histórica del Congreso sobre el asunto de nuestro estatus político.

Los deberes de solidaridad tenemos que elogiarlos sin inhibiciones de ninguna índole, y de ahí el reconocimiento al Gobernador por su valentía al visitar y conversar por horas con Oscar López Rivera en Terre Haute. Pero no olvidemos que Oscar es un símbolo en una lucha por la libertad. Salir de esa gran entrevista para olvidarse inmediatamente de que a esa lucha por la libertad está obligado cada puertorriqueño en la medida de sus posibilidades, y envolverse en una contienda electoral vacía de contenido y de compromiso, puede entenderse por muchos como una tomadura de pelo. Si muchos lo entienden así, muchos repensarán si vale la pena avalar esa conducta el próximo noviembre de 2016.

Todavía los que aspiran a dirigir a Puerto Rico desde el gobierno están a tiempo para corregir el rumbo. Los partidos tienen que entender que sus promesas electorales son un compromiso real, un convenio, que los obliga a un cumplimiento tan estricto como sea posible. Una visita a Oscar López Rivera no puede ser un acto vacío de todo compromiso patriótico pues Oscar ha dado su libertad como ofrenda de vida por las cosas en las que firmemente cree. Continuar con prácticas destinadas a preservar el coloniaje es antipatriótico.

Parecería increíble que el PPD, cuyo electorado votó mayoritariamente por un cambio dramático de rumbo, siga amarrado a la funesta idea de que para que salgan bien las cosas, lo que hay que hacer es continuar haciéndolas de la misma cuestionable manera de siempre.

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