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Barrio Mariana: ejemplo de fuerza comunitaria

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Por Gabriela Ortiz Díaz

Publicado: martes, 9 de enero de 2018

Más de cien días han pasado y los estragos del huracán María todavía se sienten en Puerto Rico. En el kilómetro cinco del barrio Mariana de Humacao, por ejemplo, aún no se registra el servicio de energía eléctrica. Sin embargo, en las facilidades de la Asociación Recreativa y Educativa Comunal (ARECMA), ubicadas en la Loma de la Niña Marina de ese barrio humacaeño, existe un oasis, un centro de apoyo mutuo para la comunidad. 

“No hay luz eléctrica, pero tú ves la energía de la gente. No es que nos hemos acostumbrado a estar sin luz, es que hemos tenido que aceptarlo. Nos ha servido para compartir, para llegar hasta aquí y socializar, inventarnos actividades… No existe la queja de que están mal las cosas. No estamos tristes”, le expresó a CLARIDAD una de las integrantes del Proyecto de Apoyo Mutuo que se gestó en los terrenos de ARECMA tras el azote de María. 

El barrio Mariana tiene experiencia en el servicio comunitario, pues hace 35 años que esta asociación recreativa y educativa está establecida entre este sector del este de la isla. Según Rosalina Abreu, una de las líderes comunitarias del proyecto, en 1995 se compraron las 16 cuerdas de terreno que hoy utiliza ARECMA. Esas tierras se han habilitado para ir trabajando con los diferentes proyectos que tiene la organización para la comunidad. El famoso Festival de la Pana se celebra en esas instalaciones, así como campamentos de verano y otras actividades. 

Inmediatamente luego del paso del huracán, emergió el centro de apoyo mutuo con la intención de ser un espacio de solidaridad para la comunidad. Varios residentes del barrio Mariana, que previo al fenómeno natural ya servían de voluntarios, unieron fuerza para proveer comida y demás necesidades a los más afectados. El Proyecto de Apoyo Mutuo es uno macro, subdividido en por lo menos diez municipios a través de toda la isla: Arecibo, Las Marías, Loíza, Caguas, San Juan (Río Piedras), Humacao, Utuado, Vieques, Mayagüez, Yabucoa. 

Los y las líderes comunitarias entrevistadas coincidieron en que el proceso de gestación del proyecto en Mariana se facilitó porque el voluntariado y la sede ya existían. En ese sentido, ese proyecto comunitario fue uno de los primeros que surtió efecto en Puerto Rico en términos de la repartición de suministros y de lograr contacto con otras organizaciones dentro de Puerto Rico y en la diáspora. 

Más allá de un comedor social, este centro ubicado en la Loma de la Niña Marina sirvió –todavía lo es– para que la gente se reuniera a socializar. Por espacio de dos meses y medios, se hizo de todo en ese lugar en la montaña; por ejemplo, hubo grupos médicos para el servicio de la comunidad y estudiantes de psicología que ofrecieron ayuda a personas de todas las edades. También, se sembró, se instalaron placas solares y un filtro de agua. Según los líderes, en el centro se llegaron a atender sobre 350 a 400 personas en algunos momentos. 

Les benefició que gestionaron conexión inalámbrica de Internet desde bien temprano luego del huracán. “Cuando no había internet en ningún lugar en Humacao, teníamos ese servicio en la montaña. Ese hecho fue bien importante para compartir anuncios en las redes sociales y solicitar donativos para continuar con la gesta de comprar comida”, reconocieron. 

Durante los primeros meses luego del ciclón, la ayuda social era completa, por lo que la comida que servían era gratuita. Sin embargo, a medida que las personas se iban estabilizando, cambió la logística de la iniciativa. Ahora, se vende comida a bajo costo ($3) o por intercambio de trabajo voluntario. 

“Todo el que venga aquí tiene la satisfacción de que puede poner las manos y nosotros le damos la libertad de hacer. No hay restricciones”, expresó Rosalina. 

“Desde el gobierno se habla de que lo más básico es la electricidad y el tendido eléctrico, pero lo más básico es tender un tendido social, unas redes sociales. Eso no se cayó con el huracán. Y como aquí, por ejemplo, había 35 años de trabajo hecho, se pudo dar lo que ha ocurrido”, opinó por su parte Christín Nieves, otra de las portavoces del proyecto. 

“Yo conozco gente que no conocía y la gente te saluda de manera distinta. Parte de este proyecto era eso, la construcción de un tejido social… Ahora, yo me siento más parte de la comunidad”, comentó Luis Rodríguez Sánchez, joven músico que tras María decidió mudarse nuevamente a la casa de su niñez en Mariana. Acto seguido, el joven solidario manifestó: “Tenía que venir María para que pasaran muchas cosas. María fue lo mejor que nos pasó. El país quería un cambio; no se daba en la política, pues ocurrió con este huracán”. 

Pasada la temporada navideña, los portavoces concordaron en que tienen que sacar tiempo para decidir a largo plazo sobre las iniciativas que han ido desarrollando, incluso, antes del desastre natural. “Ahora hay que salir del estado de emergencia para desarrollar otro estilo de vida o definir cómo vamos a vivir ante estas nuevas circunstancias”, continuó hablando Rodríguez Sánchez. 

Entre las proyecciones que se han planteado como organización figuran trabajar fuertemente para encontrar la manera de hacer auto sustentable el proyecto comunitario. Asimismo, luego de María necesitan hallar respuestas a varias interrogantes: qué se hace con las casas destruidas, cómo se desarrolla un proyecto energético, cómo manejan los voluntarios que se han acercado para ofrecer ayuda. 

Ante un proyecto que ha rendido frutos, pero que continúa desarrollándose en el proceso, cabe enumerar algunas satisfacciones de los y las líderes, que son las mismas del resto de la comunidad. Para Rosalina Abreu, resulta satisfactorio “Ver a una comunidad que no se sentó a esperar que le dieran nada, al contrario, que se solidarizó de inmediato”. A Christín Nieves, la mayor satisfacción que le ha provocado todo este proceso pos María es que ha quedado demostrado “que hay otras formas de vivir bien en el mundo; que de la emergencia se emerge”. 

Para Mildred Laboy, por su parte, solidarizarse la ha hecho feliz. “Lo que se hizo aquí es parte de lo que a mí me hace feliz. Servir y compartir, escuchar a las otras personas, ofrecer palabras de apoyo me han llevado casi a la plenitud de la felicidad”. Y es que las iniciativas comunitarias tienen que partir de la felicidad que provoca colaborar con el prójimo, coincidió el grupo de voluntarios.

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