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Ciales sin luz, pero trabajando

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Por Cándida Cotto

Publicado: martes, 9 de enero de 2018

"Yo trabajé mucho pero esta tormenta me dejó trabajando mucho más”. Su voz no tiene un tono agrio, sino mas bien jocoso, pero la admisión de Margarita Cruz Alvelo, pasado más de cien días del azote del huracán María, es evidencia de que todavía hay familias y pueblos que están muy lejos de la “normalidad”, que otros reclaman ya hay en el país. 

Hasta hace unos días Ciales era el único pueblo que continuaba totalmente a oscuras. El servicio de energía eléctrica fue restablecido sólo en unas cuantas calles del casco del pueblo. Comunidades en el mismo casco urbano y el resto de todo el municipio cialeño, continúan a oscuras. 

Para la líder comunitaria Brenda Miranda, del barrio Pozas, más allá de la falta de luz y de los 100 días que han pasado del huracán, la realidad que dejó al descubierto es la verdadera emergencia. “En los campos ves las casas de cemento... que aparenta no les pasó nada cuando se entra al hogar la realidad es una diferente”. Lo que se encuentra dentro de las viviendas describió, son ancianos solos cuyos hijos se han ido a la ciudad, ancianos cuidando ancianos, ancianos cuidando a hijos incapacitados y mucha depresión en personas de todas las edades. 

“En medio de esta emergencia la gente se olvidó que había ancianos y ha sido la comunidad y las iglesias las que han hecho lo que las agencias no han hecho”, denunció.

Miranda quien es voluntaria de la parroquia de Ciales Nuestra Señora del Rosario, y que junto a voluntarios de otras denominaciones trabajó en tareas de distribución de ayuda –tarea que todavía continúa– en casi todos los barrios de Ciales, tiene muy presente las vicisitudes provocadas por el huracán, como el de una persona que murió por problemas estomacales luego de estar sin agua potable durante ocho semanas. Natural de Orocovis también recordó que en su barrio al otro día del huracán murieron dos personas y los tuvieron que poner en una “neverita” a presión para conservarlos hasta que pasados unos días pudieron llevarlos a la funeraria del pueblo. 

Pedro Maldonado, el gestor del famoso Museo del Café en Ciales –describió– “para un municipio quebrado como Ciales, hicieron de tripas corazones”. Vivas las emociones y todavía enfrentando las dificultades dejadas por el huracán ambos entrevistados reconocieron que a la luz de esta experiencia es necesario que las comunidades se organicen para poder enfrentar futuros eventos. 

La joven añadió sobre la situación de cómo se encuentra el pueblo que por ejemplo todas las escuelas tienen horario de 7:30 a 12:30 debido a la falta de luz y problemas con el servicio de agua y que el Departamento de Educación (DE) identificó 172 estudiantes como “homeless” debido a que sus familias perdieron sus casas. De hecho Ciales desde antes del huracán ya tenía una tasa de pobreza infantil de 72% (según estudio El Impacto del huracán María en la Niñez de Puerto Rico, de Amanda Rivera Flores y Caridad Arroyo Quijano, IDJ). 

 

María me dejó trabajando

La expresión de Margarita Cruz Alvelo de que ‘María la dejó trabajando’ responde al lamentable hecho de que el huracán se llevó todo el techo y parte de la casita de madera en la cual vive con sus hermanas Sonia y Carmen Cruz Alvelo, en el sector Jaguas del barrio Pozas. Margarita y Sonia, contaron que pasaron el huracán en una casa vecina de un familiar desde donde vieron como poco a poco se iba la casita. Sonia de 71 años contó que viven en el mismo lugar, desde Santa Clara, y aunque la casa ha sido renovada esta vez fue pérdida total. Pese a las pérdidas sufridas Margarita y Sonia contaron a CLARIDAD que Fema les dijo que no podían hacer ninguna reclamación porque la casa no estaba a nombre de ellas. Junto a la ayuda de otros familiares-ellas son tres de 15 hermanos- y vecinos las veteranas cultivadoras de café se han dado a la tarea de levantar en lo que pueden la vivienda. Margarita contó que el día antes del huracán estaba recogiendo café y su hermano le dijo que lo recogiera todo, “yo pensé lo hago después pero ni eso me dejó María”. 

 

¡Su casa tiene seguro!

Otra experiencia con FEMA es la de María Santos Ríos, quien vive con su hija Yaritza de 30 años, quien padece de esclerosis y Carlos Rivera Santos, de 26 años. A la casa con paredes de cemento, se le fue todo el techo de zinc por lo que perdió prácticamente todas sus pertenencias. Santos Ríos contó que FEMA le negó ayuda para la reparación de su hogar porque ella y que tiene un seguro, “Hace 35 años que yo tengo mi casita y no tiene ningún seguro”, expresó. Según pudo decir a CLARIDAD María Santos, en Fema no le supieron dar una explicación de qué evidencia presentar para poder aclarar el error. La familia es recipiente del Programa de Alimentos (PAN). 

 

Como estar en Vietnam

La familia de Miranda no estuvo exenta. Sentir como el piso de la cocina temblaba, ver desde su ventana como el huracán se llevaba las casitas de sus vecinos y la pérdida de tres de sus ovejas fue una experiencia terrible. Frente a la casa de Miranda flota una bandera de Puerto Rico, “fue él quien puso la bandera”, acota Miranda. Su esposo militar retirado estadounidense Jhon Pecinkas, comparó la experiencia del paso del huracán como estar en Vietnam, ante los fuertes vientos, la deforestación y el bosque quemado que dejo María, eso fue lo que vino a su memoria. Por su parte la hija de ambos Karla, enfermera graduada, narró sobre su experiencia como voluntaria con la Cruz Roja desde el huracán Irma que más que servicios de salud, en muchos de los hogares que ha visitado junto a otros voluntarios ha tenido que servir de apoyo emocional. Debido a los estragos que dejó María, no fue hasta dos semanas después en que Karla pudo incorporarse a su trabajo voluntario, “ha sido difícil cómo encontramos a la gente pero lo seguimos haciendo”, afirmó decidida. 

 

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