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Soñando con la Patria

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Por Alana Alvarez Valle

Publicado: martes, 18 de diciembre de 2018

 

Especial para CLARIDAD

 

Si por casualidad 

duermes y sueñas 

que te acaricia la brisa 

y sientes que el rocío 

mañanero besa tiernamente 

tu mejilla 

y el aroma del café 

te hace cosquillas 

seguro sueñas 

que estás en Puerto Rico.

Soñando con Puerto Rico, Bobby Capó

 

 

Vivir en el exilio siempre es duro… pero en Navidad es casi intolerable. 

Desde que me mudé con mi familia de Puerto Rico a los Estados Unidos, de inmediato nos dimos cuenta que las navidades fuera del terruño son bien difíciles. 

Confieso que jamás pensé que me convertiría en el clisé, en el estereotipo, en la boricua melancólica que se bebe las lágrimas mientras canta esgalillá “Soñando con Puerto Rico” y toma un ‘sipi’ de coquito (o un shot de chichaíto, dependiendo del día) mirando por la ventana la nieve caer.

Pero sí, cuando se vive fuera una hace todas esas ridiculeces y mucho, mucho más. Soy la boricua del sketch de Teatro Breve que se pasa buscando pasajes con destino SJU, para soñar que hago las maletas. Soy la boricua que declama casi a diario, “Nostalgia” el poema de Virgilio Dávila ¡”Mamá! ¡Borinquen me llama! ¡Este país no es el mío! Borinquen es pura flama, ¡y aquí me muero de frío!” cada vez que veo que la temperatura baja de 40ºF. 

No obstante, siguiendo del ejemplo de muchos y muchas que emigraron antes que nosotros, cada vez que llega la época festiva me armo con las estrategias que la familia escogida nos enseñó, cual “kit de herramientas de un boricua bestial, Parranda Edition”. Y así resistimos… no nos queda de otra, más que resistir, más que aguantar. 

Decoración: Lo primero que hay que hacer es decorar al estilo boricua. Decoramos desde Sanguivin y se deja todo hasta las octavitas. Mientras decoraba a mediados de noviembre una amiga me preguntó qué hacía. Se sorprendió porque estaba disque muy temprano. “Nena, soy boricua, estoy justo a tiempo”. Hay que poner el arbolito mientras se canta “Me gustan las Navidades que sepan a Puerto Rico”, “El Cardenalito” o el “Bombazo Navideño Mix Volumen 1”. 

Conexión de pasteles: Lo segundo que hay que hacer es la conexión de los pasteles. Hay que preguntar entre los boricuas que llevan más tiempo exilados o ya los de segunda o tercera generación quién hace los mejores pasteles. Porque la realidad es que la cena de Nochebuena o la Despedida de Año sin pasteles de masa con cerdo, o de yuca con pollo como que no se pasa tan bien. Si en donde se vive hay alguna fonda boricua, ¡te pegaste en la loto! Esas fonditas criollas valen millones de pesos cuando se extraña el hogar. El primer año de exilio, me llevaron al sabroso restaurante Criollísimo. Recuerdo como ahora estar en el frío helado y pasar el umbral y ya sentirme en casa. El delicioso aroma a pernil, arroz con gandules, ¡morcillas! y ¡fritanga! me llegaron al alma. Después fuimos a la panadería Borinquen para comprar pan sobao, tres leches y tembleque. Tremenda hartera. Repito este tour cada cierto tiempo, cuando me pica la vena de llegar a un lugar, ordenar en español boricua, bien explayá, comprarme mis caprichos gastronómicos y tomarme una Kola Champán o una malta. 

Los Tres Reyes Magos como protagonistas: Una de las cosas más complicadas de vivir fuera de Puerto Rico es transmitir a las nuevas generaciones nuestra cultura y costumbres. Por eso hacemos hincapié en la tradición de los Magos de Oriente. Mi crío de 5 años se sabe que si no se porta bien Melchor, Gaspar y Baltazar no le traerán regalos. Tenemos la talla de los Reyes en un lugar especial y le cantamos “los tres Santos Reyes los tres y los tres”. El único problema es que conseguir gramita para poner en la caja de zapatos para los caballos es senda misión. El año pasado luego de una despiadada tormenta de nieve opté por hacerles unas ensaladas de lechuga, zanahorias y rábanos a los corceles porque no había muchas opciones. Este año, cuando la maestra dijo que había que explicar alguna tradición navideña el chiquito pintó unos Reyes hermosos y les explicó lleno de orgullo a sus compañeros y compañeras quiénes son los Magos. En algunas ciudades hacen paradas el día de Reyes, pero confieso que nunca he tenido la valentía de enfrentarme al frío ártico de enero para ver a los Reyes con abrigos. Ni siquiera para honrar a aquellos bravos del Ejército Popular Boricua que un 6 de enero del 1985 llevaron regalos a niños pobres de Hartford. 

Emperifollarse: Como buena boricua me empaqueto y me pongo regia, con la bemba colorá aunque nadie me vaya a ver o aunque me tenga que poner botas hasta la rodilla y abrigo hasta la pantorrilla para combatir el frío. Porque eso de recibir la Navidad o el Año Nuevo en leggins, ‘ugly sweaters’, pantuflas y con la cara lavada, me parece de lo más cafre, como diría mi abuelita QEPD.

Es necesario el junte, jangueo o parrandón: Sin duda lo más importante es reunirse, arrejuntarse con la familia, amistades, y la familia escogida. Porque si bien hace falta la brisa tropical, el cantar del coquí, el lechón a la vara y el pitorro bien ‘curao’, lo más duro es pasar las navidades lejos de la familia… sin ese abrazo caluroso y apretado de tu abuelita, el beso sudao del tío, el alboroto de la prima o la bailadita con el primo. Por eso hay que juntarse, y llevarle el parrandón a quien esté dispuesto a recibir un corillo de boricuas bestiales. Alguien pone la casa y los demás llevamos el pernil, el arroz con gandules, los pasteles, el ron y los instrumentos para acompañar los dos playlists indispensables; el primero de Navidad Boricua, que incluye entre muchas canciones los dos LP’s de Asalto Navideño de Willie Colón, El Gran Combo de Navidad, Vicente Carattini y los cantores y tal vez ‘colao’ alguna del Hígado de Ganso, el gran Tavín Pumarejo. La otra lista de canciones se pone más tarde en la noche, ya descansando del baile y la bebelata. Este incluye canciones de Puerto Rico para esmelenarse, como “Lamento Borincano”, “Boricua en la Luna”, “En mi Viejo San Juan”, “Preciosa”, “Verde Luz”, “Soy boricua” y “Quien no se siente patriota”, para mencionar algunas. 

Y por último, hay que llorar y brindar y volver a llorar: Pues sí, hay que llorar y desahogarse y soñar con la patria (liberada). Porque ¿quién puede cantar “Oubao Moin” y no llorar? Porque cómo no llorar cuando escuchas a Bobby Capó y entiendes a la perfección lo que quería decir cuando escribió “Si por casualidad duermes y notas que una lagrima te brota seguramente es que yo sueño que camino por las calles de mi pueblo y en el ventorillo aquel de mil recuerdos revivió el ayer quizá llorando llorando”… 

Pero hay que resistir, aguantar y siempre y cuando que se pueda, viajar a la Isla a visitar a los nuestros, a los tuyos y gozar. Porque como ya hasta los compañeritos de Kindergarden de mi chiquito saben que las Navidades en Puerto Rico son las mejores y las más largas del mundo. ¡Asalto!

 

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