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El Llano en llamas

Publicado: martes, 9 de enero de 2018

Juan Negrón Ocasio

 

“-No se vayan a asustar por tener tanto terreno…

-Es que el Llano, señor delegado…

-Son miles y miles de yuntas.

-Pero no hay agua…siquiera para hacer buche...”

(Nos han dado la tierra)

 

La literatura debiera interpretarse dentro de un contexto histórico. La universal podría asimilarse mejor que la regionalista porque puede encontrarse significatividad fácil de identificar. Es por eso que para comprender la literatura puertorriqueña debe conocerse algo de su historia. El que intente escribir literatura puertorriqueña no puede carecer de conocimientos históricos, circunstanciales o culturales. Excelentes escritores latinoamericanos han podido entrelazar las necesidades y las injusticias en nuestra América hispana por medio de la universal. El escritor Juan Rulfo lo logró. Y es que los problemas humanos son iguales dondequiera y en todos los tiempos. 

La Revolución de Méjico (1910-1920) impactó enormemente a la población como hubiera pasado con cualquier levantamiento en otro país. Es de esperar que las insurrecciones son para adquirir cambios sociales que funcionen para toda la población. Un levantamiento es una acción rebelde debido al descontento mayoritario en un país. Pero no existe nación que con una revolución haya mejorado el modus vivendi de toda su gente. Hay personas que abandonan su patria inconformes con los cambios. Los más se quedan. Los avances o atrasos de revoluciones son opiniones intrínsecas, porque la realidad depende de “quien” la trasmite o la vulgariza.

Volviendo a Méjico, en noviembre de 1910 Francisco I. Madero comenzó una sublevación para derrocar al dictador Porfirio Díaz. No fue un golpe de estado, sino lo contrario. Porque el presidente Díaz representaba 30 años de desigualdad de distribución de riquezas, explotación del obrero, corrupción política y administrativa, privación de derechos democráticos y estancamiento cultural y político. (Semejanza con algún país actual, después de 107 años de aquella hazaña, pudiera considerarse coincidencia.) A Madero se unieron otros, que formaron grupos guerrilleros por la significancia de la insurrección, entre ellos Emiliano Zapata Salazar, Venustiano Carranza y José Doroteo Arango Arámbula, conocido por el hipocorístico Pancho Villa. Los guerreros vencieron. Se dieron cambios políticos mejorando algunas justicias sociales. 

En Puerto Rico ha habido levantamientos necesarios dentro del entorno fundamental histórico. 

Pese a mejorías, el gobierno presidencialista se convirtió en caudillista. En 1929 la revolución se transformó en un autoritarismo institucionalizado por medio del Partido Revolucionario Institucional. Se mantuvo hegemónico de 1929-1989. En el sector agrícola los terratenientes y el gobierno se repartían las tierras a conveniencia dejando a los agricultores a la deriva sin poder político. Los obreros reclamaban los derechos adjudicados a la revolución en vano.

Juan Rulfo perdió familiares durante la revolución mejicana y vivió en una zona de catástrofe. Nunca acusó a la revolución, pero su literatura reprocha el estancamiento de los derechos del campesinado, avances y justicias sociales en México que debieron conquistarse con la heroica proeza. Su obra literaria es breve, pero impactante. Manifiesta residuos negativos del primer movimiento libertador amplio en América Latina. Para él la revolución no fracasó. Los objetivos sí. Incluso, a Rulfo se le adjudica la implantación de la técnica literaria del realismo-mágico en la novela. Gabriel García Márquez confesaría años después el valor literario de Juan Rulfo. Publicó solamente tres obras y es el escritor mejicano más leído. 

Su libro El Llano en llamas contiene un cuento titulado “Nos han dado la tierra”. Los campesinos contentos, terminada la revolución, van con el delegado del gobierno a ver las hectáreas de tierras regaladas. Allí le señalan la desilusión del pasto concedido donde no crece ni el ocotillo: 

“–…Nadie les dijo que se iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantara el maíz como si lo estiraran.

–Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura…Habría que hacer agujeros…para sembrar semillas…ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.”

–Eso manifiéstenlo por escrito…Es al latifundio al que tienen que atacar…no al Gobierno que les da la tierra…”

Un extraordinario relato vigente. Nos han dado la tierra es la ignominia de promesas de gobiernos. Si pudiéramos aplicar las contradicciones sociales, quizás, no es coincidencia las semejanzas universales que vivimos hoy en Puerto Rico comparadas con las de 1910 en Méjico.

 

 

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